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El sector privado en Afganistán: ¿motor de desarrollo?
Un proyecto FAO-UE promueve la producción local de semillas
6 de agosto de 2007, Gulbafa, Afganistán – Si existen esperanzas de mejorar la suerte de la gente en este país devastado, se encuentran en manos de personas como Abdul Qader, un campesino convertido en empresario y que dirige una pequeña empresa que intenta transformar cultivos de bajo rendimiento para obtener cosechas récord.

Qader, -que también es el arbab, o jefe de la aldea-, trabaja con otros 18 aldeanos, todos ellos accionistas y socios fundadores de una pequeña empresa denominada Sociedad privada de semillas Hambastagi. El producto que comercializan, semillas de trigo y hortalizas mejoradas, tiene gran demanda, y han obtenido beneficios en los dos años que llevan operando. Vendieron más de 500 toneladas de semillas a los agricultores locales en 2006.

Por ello no es de extrañar que Qader sonría y su teléfono móvil no deje de sonar mientras charla con sus huéspedes sobre cuestiones como la diversificación de producto, crédito y endeudamiento, márgenes comerciales y satisfacción del cliente.

“Los afganos son emprendedores, les gusta asumir riesgos”, asegura el asesor técnico de la FAO Sam Kugbei, economista y experto en semillas que ayudó a crear Hambastagi y otras siete sociedades piloto similares en seis provincias de Afganistán. Si con el tiempo la iniciativa tiene éxito, servirán como modelo a empresas de semillas en número suficiente para cubrir las necesidades de todo el país.

Años de guerra y anarquía han supuesto para la administración afgana la pérdida de su personal más cualificado. Los saqueadores han despojado a los laboratorios y las oficinas estatales de su equipamiento y archivos. El sector público dejó de cumplir con su función de introducir variedades mejoradas de cultivos, en especial de trigo, pero también de arroz, maíz y hortalizas. Por este motivo las autoridades tomaron la decisión de privatizar el sector de producción y comercialización de semillas, junto a la de establecer controles de calidad y regular la industria.

Apoyo de la Unión Europea

La Unión Europea ha financiado dos ambiciosos proyectos de la FAO para hacer posible este objetivo: una primera fase para relanzar la capacidad de producción de semillas (2003-2006) y una segunda para levantar una industria nacional con una política y legislación sobre semillas y órganos reguladores (2007-2011). En total, los contribuyentes europeos han invertido 16 millones de euros en los proyectos, que incluyen el material genético, el personal, la formación, la reconstrucción de los laboratorios para realizar pruebas con semillas, equipos y material de construcción. El gobierno afgano proporciona el personal y los locales de acuerdo a sus posibilidades, pero los fundadores de empresas locales de semillas como Qader y sus socios, invierten sus ahorros y contribuyen con su trabajo a levantar los locales necesarios para el negocio.

A mediados de 2007, un borrador de la ley de semillas está a punto de ser presentado al gobierno, se está construyendo en Kabul la sede para la Secretaría nacional de Semillas y ya están operando ocho empresas piloto de semillas. Las nuevas sociedades -que después de dos años funcionando cuentan con asesoramiento pero no reciben fondos del proyecto- produjeron 4 000 toneladas de semillas en 2006, en su mayor parte semillas de trigo de alto rendimiento y resistente a las plagas. Si consideramos que antes de 2004 el sector privado era prácticamente inexistente en Afganistán, no hay duda de que se trata de un éxito importante.

Hablemos con un cliente satisfecho para ver como lo consiguieron:

“Compré 100 kilogramos de semilla de trigo Mazar 99 a crédito en Hambastagi. El resultado fue bueno y volveré a comprarles”, asegura el campesino Ghulam Sadiq.

“Solía comprar de los servicios estatales, pero ahora vengo aquí porque están más cerca, el precio es bueno y no tengo que esperar a que los funcionarios firmen un montón de impresos para poder llevarme las semillas a casa”. Sadiq añade que está interesado en un nuevo producto que Hambastagi está a punto de introducir: semillas para la berenjena local, famosa por su delicioso perfume y cualidades culinarias.

“Hay muchas expectativas puestas en estos proyectos”, explica Matin Behzad, asesor de la Delegación de la Comisión Europea en Afganistán en la capital, Kabul. “El sector privado –dice- tiene un papel que desempeñar y por primera vez en este país los agricultores tendrán variedades de semillas desarrolladas localmente. Y los nuevos cultivos van a permitir un fuerte aumento de la producción de alimentos”.

Behzad subraya que la UE quería que la FAO ejecutase los proyectos debido a larga historia de colaboración existente entre la Organización y el sector afgano de semillas, que se remonta a 1978. “La FAO tiene el liderazgo en todo, incluyendo la aprobación de la Ley de semillas en el Parlamento”, asegura. “Estamos muy interesados y completamente comprometidos. Dentro del sector humanitario, el desarrollo rural es uno de nuestros objetivos prioritarios”.

Semillas únicas

Resulta difícil imaginar la existencia de pequeñas empresas esparcidas por todo Afganistán y suministrando las miles de toneladas de semillas de calidad que este país esencialmente agrícola necesita cada año. ¿No puede ocurrir que las grandes firmas de Irán, Pakistán, India o los países occidentales inunden el mercado afgano con semillas producidas en masa y aplasten a sus jóvenes empresas?

No. Las semillas que se dan bien en una zona agroclimática no se dan necesariamente bien en otras. Es necesario probar las semillas en el terreno, clima y condiciones de crecimiento locales para evaluar su potencial en ese lugar. Esta especificidad abre oportunidades a los productores locales de semillas, quienes son lo suficientemente despiertos y eficaces para producir y comercializar un producto de calidad adaptado a su propio terreno. Un beneficio añadido es que las compañías locales de semillas también ofrecen asesoramiento a los campesinos, ampliando o incluso sustituyendo a los servicios oficiales de extensión agraria.

Ello no significa que las compañías extranjeras no traten de promover sus productos en el mercado local, Pero los compradores deben de estar atentos. Mohamed Tahir, un campesino de la región de Kabul, nos cuenta su experiencia: “En una ocasión compré un paquete de semillas procedente de India que se suponía eran de cebolla. ¿Sabe lo que encontré en su interior? ¡Ajos!"

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©FAO/Giulio Napolitano

Limpieza de semillas de trigo en la sociedad privada Hambastagi

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Pruebas de calidad en un laboratorio de semillas gubernamental en Herat

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