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Combatir el mosaico de la mandioca
Los recursos fitogenéticos y la investigación se suman a una operación de emergencia frente a una mortífera plaga
Bujumbura/Roma – En el preciso momento en que la comunidad internacional pone en marcha esta semana en Roma un sistema para el intercambio mundial de recursos fitogenéticos, los campesinos de Burundi dan comienzo a una nueva temporada agrícola, plantando mandioca libre de una mortífera plaga que ha condenado al hambre a miles de personas en la región africana de los Grandes Lagos.

Durante mucho tiempo, los campesinos africanos no se alarmaban demasiado cuando a veces las hojas de sus plantas de mandioca (yuca, ndr) aparecían con manchas y no crecían hasta su tamaño normal. Disfrutaban de su sabor dulce, más que preocuparse por el culpable: el virus del mosaico de la mandioca. El descenso del rendimiento provocado por el virus no excedía el 25 por ciento, lo que se consideraba aceptable.

Sin embargo en 1989 la situación empeoró cuando apareció en Uganda una cepa agresiva del virus, provocando una plaga que arrasó las cosechas en toda la región de los Grandes Lagos. En una zona afectada ya por la guerra civil y las adversidades climáticas, las pérdidas resultaron desastrosas, debido sobre todo a que gran parte de la población depende de la agricultura de subsistencia.

En Uganda, por ejemplo, el virus ha destruido 150 000 hectáreas de mandioca desde principios de los años 90, con daños estimados en 60 millones de dólares EE.UU cada año. La carencia de alimentos provocada por esta enfermedad condujo a hambrunas localizadas en 1993 y 1997.

Trabajo en equipo

La necesidad urgente de desarrollar una variedad de mandioca tolerante a la enfermedad y hacerla accesible a la gente más necesitada llevó a una alianza insólita pero muy fructífera: los investigadores genéticos, trabajando en sus laboratorios, y los agrónomos, más acostumbrados a la rudeza de las emergencias sobre el terreno.

“Estamos ante un magnífico ejemplo del uso sostenible de los recursos fitogenéticos”, asegura Shakeel Bhatti, Secretario del Tratado Internacional sobre Recursos Fitogenéticos para la Agricultura y la Alimentación. En una reunión de alto nivel celebrada esta semana en Roma, los delegados de los más de 110 países incluidos en el Tratado, han hecho operativo un sistema multilateral para el intercambio de recursos fitogenéticos. Se trata de una contribución importante para poder compartir los beneficios de estos recursos a nivel mundial. Y en el caso de la región de los Grandes Lagos, de combatir el virus del mosaico de la mandioca.

“Los recursos fitogenéticos son fundamentales en la lucha contra el hambre”, añade Bhatti. “En el caso de enfermedades como el virus del mosaico, o problemas como el cambio climático, la diversidad genética es clave, ya que proporciona los medios para adaptarse al cambio. Es extremadamente importante conservar la biodiversidad agrícola y trabajar juntos para conseguir que los recursos genéticos sean accesibles a campesinos e investigadores de los cinco continentes. Eso es exactamente lo que pretende el Tratado”.

El combate contra el virus del mosaico se inició en los laboratorios del Instituto Internacional de Agricultura Tropical de Ibadan, en Nigeria. A través de un proceso de selección genética que partía de 100 000 variedades procedentes de todo el mundo, los científicos desarrollaron una serie de plántulas de mandioca tolerantes a las enfermedades, que fueron distribuidos entre un amplio abanico de organizaciones dedicadas a combatir la plaga.

Una de ellas, la FAO, llevó a cabo una campaña para reforzar las iniciativas en marcha en los distintos países de la región de los Grandes Lagos. La campaña se lanzó en 2006 con el apoyo financiero del servicio de ayuda humanitaria de la Comisión Europea (ECHO).

Una nueva temporada

El objetivo era distribuir las plantas libre del virus del mosaico entre las familias vulnerables de Burundi, la República Democrática del Congo, Ruanda y Uganda. La iniciativa está dirigida a personas desplazadas por los conflictos y afectadas por la sequía y la falta de lluvias, en particular a las que, gracias a la paz relativa en la región, están volviendo a sus hogares.

“En Burundi la gente se preguntaba: ha vuelto la paz, pero ahora… ¿que comemos?”, explica Salvator Kaboneka, ingeniero agrónomo de la FAO que colabora en el proyecto.

Gracias a la rápida multiplicación y distribución de mandioca tolerante al virus que se ha logrado en los últimos años, la operación ha alcanzado su fase final: la distribución en masa a la población.

Con las 1 600 hectáreas disponibles, y con cada hectárea produciendo esquejes suficientes para cerca de 150 familias, se espera que unas 250 000 familias puedan empezar a cultivar de nuevo mandioca sana a comienzos de la temporada de siembra de este año, en octubre.

“A finales del próximo año, este país puede volver a ser autosuficiente en mandioca”, asegura Eric Pitois, de ECHO, antes de añadir: “y creo que eso puede considerarse todo un éxito”.

31 de octubre de 2007

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Contacto:

Maarten Roest
Oficial de información, FAO
maarten.roest@fao.org
(+39) 06 570 56524
(+39) 346 501 0574

FAO/G.Napolitano

Una mortífera plaga que ha condenado al hambre a miles de personas en la región africana de los Grandes Lagos.

Una producción sostenible de cereales

La campaña regional para combatir el mosaico de la mandioca se desarrolló con la ayuda técnica del Servicio de Cultivos y Pastos de la FAO. Este servicio ayuda a los países miembros a alcanzar incrementos sostenibles en la producción de cereales y pastizales a través de la mejora de las plantas, la aplicación de la biotecnología, el desarrollo de sistemas de producción integrados y la gestión racional de los pastizales.

Vidéo

En Burundi, los campesinos disponen ahora de variedades tolerantes al mosaico de la mandioca (en inglés) (unk)

FAO/G.Napolitano

Los investigadores han desarrollado variedades tolerantes a las enfermedades para la gente más necesitada.

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Los campesinos de Burundi plantan mandioca libre de una mortífera plaga que ha condenado al hambre a miles de personas, con recursos fitogenéticos, la investigación y la ayuda de la UE y la FAO.
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