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Vulnerables pero cada día más fuertes
Lubumbashi, Katanga – Si se trazara un círculo de 100 kilómetros de diámetro alrededor de esta bulliciosa ciudad minera, se abarcaría un prospero sector hortícola que no sólo alimenta la ciudad sino que ha dado a miles de congoleses desfavorecidos la oportunidad de ganarse la vida.

La paz regresó al sur de Katanga hace unos tres años, precisamente cuando se dispararon los precios del cobre, el cobalto y otros minerales de las numerosas minas de esta provincia. Con una economía en auge y la llegada de muchas personas, aumentó la demanda de hortalizas frescas.

Marie Kalunga, una viuda de 52 años con cuatro hijos, huyó del conflicto en el norte de Katanga hace dos años. Su esposo, que ya estaba enfermo, murió durante la huida.

"Cuando llegamos encontramos esta comunidad que nos acogió. El jefe me dio una pequeña parcela de tierra para comenzar. Ya sabía cultivar la tierra. Es mi vida", relata.

"Antes no tenía nada. Ahora gano 300 dólares EE.UU. al año", explica. Es ambiciosa y ahorra todo lo que puede para comprar por lo menos un poco de fertilizante para su cultivo de maíz.

Marie conversa con los visitantes en medio de 40 hectáreas bien irrigadas de huertos en Kamilombe, a 15 kilómetros hacia el occidente de Lubumbashi. Hay tanta demanda de hortalizas que los compradores llegan desde la aldea para comprar directamente en el campo. Por ejemplo, la comunidad china que trabaja en el sector minero compra grandes cantidades de hortalizas de hoja, como la col, para sus platillos, y mandan una camioneta tres veces a la semana a Kamilombe.

La camioneta pasa con dificultad por un puente inestable del período colonial que protege el ingreso a la aldea. Desafortunadamente, los camiones pesados que podrían transportar grandes volúmenes de productos no pueden pasar por el puente. Pero el proyecto de emergencia de la FAO tiene fondos para reforzar los cimientos del puente y mejorar el camino que llega desde la carretera principal. Esto beneficiará mucho la actividad comercial.

La FAO distribuye sus recursos limitados entre el mayor número posible de personas vulnerables. En otro proyecto hortícola en Katuba, un barrio pobre de Lubumbashi, la Organización ayuda a 500 miembros de la Asociación de Mujeres para el Desarrollo Integrado, mediante la distribución de semillas, herramientas e impartiendo capacitación.

La presidenta de la Asociación, Rebecca Tsibidi, una elocuente trabajadora social de 24 años, explica cómo fundó este grupo para motivar a las mujeres del barrio que tienen el virus del SIDA. "No tenían razón de vivir", explica, y la horticultura se convirtió en un objetivo y un medio de subsistencia para ellas. Ahora, 160 de las mujeres, que reciben tratamiento retroviral, pueden sentirse parte de la comunidad. Y las 40 hectáreas de espléndido huerto enriquecen el barrio.

"Gano 800 dólares EE.UU. al año cultivando hortalizas –explica Françoise Kubiangana, miembro de la asociación, de pie al lado de su huerto doméstico–. Con lo que gano construimos otra habitación en la casa y tuvimos dinero para las colegiaturas y para comprar alimentos."

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