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Ex combatientes y refugiados comienzan de nuevo con la pesca y la cría de ganado
Kalemie, Katanga – A mitad del lago Tanganica, el séptimo más grande del mundo, en una canoa en la oscuridad de la noche, la esposa y los niños de Adelard Mambo comienzan a llorar de miedo.

"Llevaba en la canoa a mi esposa, mis cuatro hijos y a otros seis miembros de mi familia, incluidas mis hermanas pequeñas", explica Mambo recordando la huida de la guerra que sacudía el oriente del país. "Nos tomó 18 horas llegar a Tanzanía."

"No tuvimos opción. Después de que los militares se robaron todo, mi equipo de pesca y todo lo que había en mi casa, no teníamos medios para vivir."

"Su familia pasó tres años en un campamento para refugiados y regresó a la República Democrática del Congo en 2003. La FAO le entregó materiales para pesca, así como a otros 88 000 pescadores de los lagos y ríos del país. "Al principio hubiera sido muy difícil sin la ayuda de la FAO."

En las zonas de Katanga donde no hay lagos o ríos, la FAO está llevando la acuicultura como medio para que la población se gane modestamente la vida. En el pueblo de Kipushi un grupo de mujeres, formado por viudas y miembros desmovilizados de las milicias, perdió 500 cerdos por la peste porcina africana. Pidieron ayuda a la FAO, que recomendó que en el futuro repartieran los riesgos entre la cría de cerdos, la pesca y la producción de hortalizas. La Organización los ayudó en los tres aspectos.

Se cavaron estanques y se distribuyeron tilapias y bagres para cría. Los peces prosperan y se venden a 5 dólares EE.UU./kilogramo. "Es muy rentable porque por aquí no hay muchos ríos ni lagos", explica el presidente del grupo, Nene Ngama. "Y como se acabaron los cerdos de la zona, todos consumen proteínas de pescado."

Para que prospere la acuicultura una vez que termine la intervención de emergencia, la oficina local de la FAO colabora con la Universidad de Lubumbashi, que tiene cuatro centros de investigación en la provincia. "La acuicultura tiene un enorme potencial –explica Jules Lwamba, director de uno de los centros–. La demanda de hoy se satisface con la importación de pescado. Es evidente que sería mejor producir lo que consumimos."

Cerca de Kalemie hay una propiedad cercada donde está un rebaño de cabras pequeño pero en buen estado, que forman parte de los 2 300 animales que hay en el distrito. Para asegurar que los beneficiarios, casi todos ex combatientes y viudas que reciben cuatro cabras cada uno, no pierdan sus animales por enfermedades, el proyecto financia una visita veterinaria dos veces al mes.

Una de las propietarias del nuevo rebaño es Georgette Mwajuma, ex combatiente, viuda y madre de cinco hijos.

"Los milicianos mataron a mi esposo y después me incorporé en un grupo opositor –relata en voz baja–. Estuve con ellos siete años en el bosque, participaba en las batallas y preparaba los amuletos para proteger a los hombres de las balas. Sólo las mujeres podemos hacerlo."

Por fin se acogió a una amnistía y recogió a sus hijos, que estaban con una hermana mayor. "No soy feliz –explica–. Mis hijos no están bien. Si Dios quiere, la situación mejorará, pero no sé si Él querrá bendecirme."

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©FAO/G. Napolitano

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