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Tradiciones en peligro
Costo de los desastres para la agricultura en conocimientos y semillas
Massavasse, Mozambique -- En esta típica comunidad agrícola del sur de Mozambique, todos los campesinos hablan de sus variedades favoritas de semillas, que se han perdido a causa de las inundaciones y de la sequía, y de la devastación causada por el VIH/SIDA en las familias. Los expertos temen que la pérdida de conocimientos agrícolas y de semillas tradicionales esté poniendo en peligro el futuro mismo del único medio de subsistencia con que cuenta la mayoría de los mozambiqueños.

"Sí, es verdad, he perdido muchas semillas", dice Antonio Nhabanga señalando que durante las inundaciones de 2000 el agua llegó a la parte superior de su casa. "Se perdieron dos variedades de arroz que habíamos adaptado a esta zona y que sólo necesitaban agua para crecer bien". Su esposa, Berta, añade: "Teníamos un tipo de frijol muy productivo, y un maíz amarillo que nos gustaba mucho porque era resistente a la sequía. Todo se perdió."

Las familias afectadas por la epidemia -alrededor del 22 por ciento de la población del distrito es seropositiva- no sólo tienen dificultades para producir suficientes alimentos para sobrevivir, sino también para transmitir sus conocimientos agrícolas a sus hijos.

Un estudio del proyecto LinKS de la FAO, realizado en Massavasse y en otras dos comunidades, documenta la siguiente tendencia: casi todos los entrevistados citaron a sus padres o a otros parientes cercanos como fuente constante de aprendizaje agrícola y sobre semillas. La pérdida de conocimientos sobre las variedades locales ya era palpable, el 25 por ciento, el 27 por ciento y el 33 por ciento de los adultos más jóvenes entrevistados no conocían el nombre de las variedades locales de cacahuetes, calabaza o yuca, respectivamente, en comparación con el 12 por ciento, el 10 por ciento y el 19 por ciento de las personas mayores.

El proyecto LinKS es de alcance regional, se lleva a cabo en el Africa meridional, con la finalidad de crear conciencia sobre la utilización y la gestión de la biodiversidad por la población rural.

El proyecto se llama LinKS porque aprovecha los lazos que existen entre los sistemas locales de conocimientos, las funciones y las relaciones de género, el suministro de alimentos, y la conservación y la gestión de la agrobiodiversidad.

Espiral descendente

"Cuando los niños están aquí de vacaciones, van al campo y aprenden a trabajarlo en la práctica y no porque se les imparta capacitación", confirma Johana Alfredo Ubisse, de 43 años de edad, campesino enfermo de VIH/SIDA. "No se puede garantizar el nivel de sus conocimientos agrícolas."

"Desde que estoy enfermo no puedo ir al campo", explica. "Mi esposa hace lo que puede. La parte más difícil es preparar las tierras para la siembra. Labrar con animales es una tarea para hombres, de modo que ella prepara las tierras a mano y la producción está disminuyendo."

"Todos nuestros ingresos salen de la agricultura, por eso tenemos serios problemas para obtener suficientes alimentos", añade.

La epidemia de VIH/SIDA no da muestras de disminuir, indica Luis Maxinho Baloi, dirigente tradicional de Maxinhe, comunidad rural compuesta por unos 500 hogares, en la cual entre 2000 y 2003 se registraron 115 huérfanos en la clínica local de salud.

"Está aumentando el número de personas infectadas, incluso entre los niños", explica, enfrente de su casa en esta aldea fundada por su padre. "Aquí la actividad principal es la agricultura. Si la familia muere, también mueren las semillas."

El caso de una viuda

Rameca Mungwe, de 44 años, está sentada en una esterilla afuera de su casa, en Maxinhe, vestida de negro y con una chalina, en contraste con los vibrantes colores africanos que llevan sus vecinos. Está de luto por la muerte de su esposo a causa del SIDA, hace dos semanas.

Su caso es muy común:

"Labro la tierra en forma muy tradicional, con un azadón, y mis semillas básicas son de maíz, batata, calabaza, diversos tipos de frijol y algunas hortalizas. Sé escoger y conservar las semillas de los años anteriores. Debido a la sequía, mis hijos tenían mucha hambre y lloraban, y tuve que cocinar esas semillas para que comieran.

Mis tres hijos van conmigo al campo, necesito su ayuda y así los enseño. Aunque desde que enfermé voy poco a las tierras, pero sigo pensando que mi hija un día podrá ser una buena campesina."

23 de agosto de 2004
FAO/G. Bizzarri

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FAO/G. Bizzarri

La clínica de Massavasse, comunidad muy golpeada por el VIH/SIDA y la sequía.

FAO

Fuente: FAO

FAO/G. Bizzarri

Rameca Mungwe enseña a su hija Verónica cómo escoger las mejores semillas de maíz.

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