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Contabilidad del costo humano
Los daños causados por las langostas incrementan la pobreza y el hambre
Ain Beni Mathar, Marruecos - A pesar de una enorme operación de lucha contra la langosta a través de la cual se fumigaron 2,7 millones de hectáreas infestadas, el insecto invadió esta comunidad agrícola. Si las nubes de langostas hubieran llegado a la próspera zona agrícola del norte, que está apenas a 100 kilómetros de aquí, habrían sido miles los casos como éste.

"Nubes muy grandes de langostas llegaron alrededor de las 2, al ver la vegetación se detuvieron", relata Lahbib Bouhabs, agricultor con su esposa y ocho hijos. "Si hubieran llegado un mes antes habría sido una catástrofe, ya que tengo cinco hectáreas de trigo. En cambio, destruyeron 104 almendros y 70 olivos, causando daños que rondan los 2 000 dirhams (200 dólares)."

"Para mí es una gran pérdida, porque en vez de gastar ese dinero en mi familia, lo he perdido."

Otros agricultores explican que las pérdidas económicas causadas por las langostas están obligando a sus familias a dejar de consumir carne o a endeudarse para mandar a los niños a clases. Un par de agricultores afirma que ni siquiera vale la pena sembrar.

"Si hay peligro para la próxima temporada, no voy a sembrar nada", asegura el agricultor Miloud Berhil. "Perdí mis ciruelos, dos hectáreas de melones y mis hortalizas."

Los pastores ante la miseria

Los numerosos pastores de la región tienen todavía más problemas, porque no tienen tierras ni ganado sino que se ganan la vida pastoreando las cabras y las ovejas de otras personas.

Abderrahman Chergui vive en una tienda tradicional con su esposa, Naima y sus tres hijos, en la llanura azotada por el viento. Cuando las langostas devoraron la vegetación de las praderas, el dueño del rebaño arbitrariamente le redujo el salario a Chergui para destinar el ahorro a la compra de piensos para los animales.

"El dueño del rebaño redujo mi paga de 1 800 dirhams (180 dólares) mensuales a 1 000 dirhams (100 dólares), así que sobrevivimos a pan y té, como dice el dicho, y tal vez un poco de carne una vez al mes. Carne de pollo, no de cordero. Los niños no están yendo a clases", relata Chergui.

La mujer del pastor está nerviosa. "Me preocupa la nutrición de mis hijos, no tolero verlos sufrir", explica.

Los agricultores que tienen hijos que trabajan por lo menos pueden contar con el apoyo económico de éstos si prosigue el problema de las langostas durante varios años.

"Conozco a muchos jóvenes que están yéndose de la comunidad debido a que hay una invasión de langostas tras otra", explica Achour Bouhafs, pequeño campesino que perdió la totalidad de sus cultivos de manzanos y ciruelos, con un valor de 10 000 dirhams (1 000 dólares) durante tres invasiones de langostas. "Por el momento, tengo cinco hijos que trabajan aquí -dejaron de ir a la escuela para trabajar-, pero les gustaría irse a España. Mi esposa y yo ahora vivimos de lo que ellos nos dan."

Funcionarios y personas de la localidad refieren que la invasión de langostas ya está exacerbando el éxodo rural, con consecuencias para España, país cercano y destinación favorita.

Los apicultores de la comunidad también están sufriendo, porque las fumigaciones envenenan a sus abejas. Abdellah Chanigui, presidente de una cooperativa de apicultores, informa que 14 de sus miembros, que viven por completo de la apicultura, han perdido el 95 por ciento de sus abejas.

Es una ironía que en las praderas de la provincia de Bouarfa, a 200 kilómetros al sur, los dueños de rebaños invoquen el proverbio árabe según el cual la aparición de la langosta es indicio de un año excepcional, ya que las lluvias que hacen surgir la langosta también reverdecen las praderas. Esto significa que, por el momento, hay suficiente vegetación para las langostas y para el ganado. Pero cuando regresen del Sahel las nubes de langostas todavía más compactas a fines del año ¿habrá suficientes alimentos para todos en las praderas? Todos se hacen esta pregunta.

Miedo en el Sahel

A 2 000 kilómetros al sur, atravesando el Sahara, en Mauritania, los agricultores, más pobres que los de Marruecos, labran sus tierras a pesar de la llegada de nubes de langostas de 40 kilómetros de longitud, procedentes del norte.

"No puedo quedarme aquí con los brazos cruzados, tengo que sembrar aunque sepa que van a llegar las langostas y a devorar mis cultivos", dice Jidhoum M'Bareck, agricultor de una zona próxima al pueblo de Kaedi, mientras labra una pequeña parcela con un caballo y un arado. "Esta parcela alimenta de 6 a 10 personas."

Otro agricultor, Amadou Binta Thiam, de 82 años, todavía labra a mano su parcela. "Tengo una gran familia, mantengo a 20 personas. No tengo hijos que trabajen fuera del país y me puedan mandar dinero. Si las langostas llegan a mi parcela, sería una catástrofe."

"En los oasis la langosta ha causado muchos daños, en especial en los huertos comerciales", informa Mohamed el Hacen Ould Jaavar, Jefe de Intervención del Centro Nacional de Lucha contra la Langosta de Mauritania. "Habrá una hambruna si las langostas arrasan con los cultivos. De eso vive la gente."
FAO/G. Diana

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Contacto:

Peter Lowrey
Oficial de información, FAO
peter.lowrey@fao.org
(+39) 06 570 52762

FAO/G. Diana

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