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Ayuda a los "afortunados" de Aceh para construir su futuro
Devolver la esperanza en el epicentro del desastre
Malahayati, Indonesia – Tahrudin, constructor de barcos, es uno de los más afortunados pobladores de esta tranquila aldea situada a 30 kilómetros al norte de Banda Aceh, capital de la provincia devastada por el tsunami.

Unas 2 500 personas, más de la mitad de la población de Malahayati, murió durante el desastre. Tahrudin, de 27 años de edad, y su esposa Nur Hamifah, "sólo" perdieron su casa.

Cuando llegó el maremoto, lo primero que pensó Tahrudin fue en su esposa, entonces embarazada de cinco meses y que esperaba a su futura hija, Julianti.

"Estaba muy preocupado −recuerda−. Me encontraba cerca de la playa y mi esposa estaba en casa. Al principio, el agua me cubrió los pies. La segunda ola fue de dos metros de altura y me subí al techo de una casa."

Mientras tanto, Nur Hamifah huyó de la casa al ver estrellarse el tsunami y se refugió en lo alto de una colina. Minutos después comenzó a retroceder el agua alrededor del techo donde se había resguardado su esposo. "Corrí hacía la colina y ahí encontré a mi esposa", relata.

Seis meses después de haberse salvado por poco, Tahrudin tuvo otro golpe de suerte. Conoció a Eric Lyman, un empresario de los Estados Unidos que estaba entre los millones de personas de todo el mundo que vieron por televisión el sufrimiento de las víctimas del tsunami.

Eric, de Boise, Idaho, y su hermano Aaron, un empresario de Austin, Texas, que había trabajado en Indonesia durante 19 años, tomaron un avión hacia Yakarta y donaron sus ahorros a Austin International Relief Operations (AIRO), una organización de beneficencia para los sobrevivientes del tsunami. "Fue una decisión improvisada, llegamos sin saber cuánto nos quedaríamos", explica Eric Lyman.

Los hermanos decidieron rápidamente abrir un astillero para construir barcos para los pescadores que habían perdido las naves que les permitían subsistir. Eric Lyman contrató a Tahrudin para construirlos.

Más adelante los Lyman acudieron a las oficinas de la FAO en Banda Aceh para informarse sobre la posibilidad de obtener financiación para continuar su labor. AIRO pronto comenzó a recibir fondos, así como asesoramiento experto de Robert Lee, un pescador de Trinidad lleno de recursos y con un gran sentido del humor, enviado por la FAO a Banda Aceh para dar apoyo al equipo de emergencia. Lee está desde entonces en primera línea en la reconstrucción de Indonesia, encargado en especial de desalentar una producción excesiva de barcos que podría favorecer el exceso de pesca.

"La FAO nos ayudó porque dudábamos en iniciar un proyecto sin tener la seguridad de que respete el medio ambiente", explica Lyman.

El astillero tiene ahora 11 trabajadores a tiempo completo. Lee supervisa al personal que construye los barcos y les enseña algunos secretos para construir barcos duraderos.

"Hemos mejorado sus técnicas de construcción al enseñarles, por ejemplo, otra forma de meter los clavos en la madera, en diagonal, para unir las piezas −explica Lee−. También los aliento a escalonar las uniones y a pedir más madera de la necesaria para poder desechar la que llega defectuosa."

La FAO ha proporcionado fondos para construir un cobertizo para los barcos, otro para las herramientas y un bastidor para secar la madera, así como la madera para un nuevo grupo de barcos de cinco metros de eslora.

Además de los materiales, la FAO también ha proporcionado a los trabajadores herramientas de reemplazo. El carpintero Ramli Hachim, de 25 años de edad, vio con alegría la llegada de nuevas herramientas: 40 o 50 artículos en total, que comprenden una motosierra, seis taladros eléctricos y manuales, cintas métricas, niveles de burbuja, piedras de afilar, una sierra circular y una trituradora, todo ello comprado localmente, en la ciudad de Medan.

"Con este proyecto de la FAO el trabajo será mejor que antes −explica Hachim−. Tenemos equipo nuevo y herramientas nuevas. Estamos capacitados para utilizar nuevas técnicas. No hubiera podido permitirme llegar a construir nuevos barcos yo sólo."

Nur Hamifah, Taharudin y Julianti tienen una casa nueva en un terreno alto que mira al astillero.

"Estoy contenta de que mi esposo tenga un nuevo empleo −refiere Nur Hamifah−. Cuando no está construyendo barcos se va a pescar. Antes del tsunami no tenía un barco. Ahora tiene uno de su propiedad que él mismo ayudó a construir."

Banda Aceh avanza

Mientras tanto, en Banda Aceh, la FAO ha construido un nuevo mercado de pescado, donde los pescadores de comunidades como Malahayati pueden llevar sus capturas de atún y de mero.

Rizkian Syah, de 24 años, es uno de los vendedores que trocea un atún para un grupo de amas de casa. Él perdió a todos los miembros de su familia, 40 personas, en el tsunami, incluyendo a su madre, su padre y seis hermanos.

Hasta hace un mes vivía en una tienda de campaña. Se ganaba la vida recogiendo y vendiendo pedazos de hierro que recogía de los edificios destruidos. Su nuevo empleo en el mercado le deja unos 60 dólares EE.UU. mensuales. "En la venta de chatarra ganaba solamente un poco menos, pero era un trabajo mucho más pesado".

Ahora que tiene más tiempo libre, Rizkian se dedica a la triste búsqueda que ocupa a tantos de los sobrevivientes: tratar de localizar los restos de sus parientes.
FAO

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Construcción de barcos en Aceh

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Rizkian Syah perdió a 40 miembros de su familia por el tsunami. Ahora trabaja en un nuevo mercado de pescado construido por la FAO en Banda Aceh.

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