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Deuda y angustia: efectos sobre la población
La incertidumbre prevalece entre productores y consumidores
An Luc Long, Viet Nam - Phan Thi Ninh y su esposo hacen todo lo que está a su alcance para mejorar su situación material y dar instrucción a sus cuatro hijos, pero la emergencia de la gripe aviar amenaza con dejarlos en la ruina.

La señora Ninh, que vive en el fértil delta del Mekong, fundó su propia empresa de pollos para asar que abastecía de carne a la cercana Ciudad Ho Chi Minh. Los ingresos que obtenía por la venta de 2 200 pollos, junto con el salario de su marido que era empleado del gobierno local, bastaban para enviar al hijo mayor a la escuela local de capacitación policíaca. La gripe aviar la obligó a sacrificar sus aves de corral.

"Debo 30 millones de dongs (1 875 dólares) al banco. Es muy difícil mantener a los niños en la escuela. Tengo que enviarle a mi hijo mayor un millón de dongs al mes (62 dólares) y no es nada fácil", explica la señora Ninh.

Aunque ha repuesto sus gallineros con 600 aves compradas con la compensación que recibió del gobierno, el problema que enfrenta ahora es el hundimiento de los precios de la carne y los huevos, a medida que los consumidores de Viet Nam, temerosos de contraer el virus, han optado por consumir otras carnes y pescado. "Sigo criando pollos, pero no estoy segura de poder venderlos," señaló.

En una provincia vecina, el criador de patos Nguyen Van Tam mantenía a su esposa y sus dos hijos con una parvada de 330 aves hasta principios de 2005, cuando sus patos comenzaron a comportarse de manera extraña.

"De pronto empezaron a poner huevos con gran anticipo y después, de la noche a la mañana, 100 de ellos murieron. Informé a las autoridades y acudieron de inmediato". Mientras empleados de sanidad animal dotados de botas de caucho, vestimenta y máscaras de protección desinfectan la granja, ella cuenta que hubo que sacrificar a todos los patos supervivientes, incinerarlos y enterrarlos en el jardín del señor Van Tam.

"Como ya no percibo dinero por los patos, voy a tener que conseguir trabajo de jornalero en el arrozal de otra persona y cultivar un poco de arroz en mi pequeña parcela. Va a ser muy difícil costear los libros de texto de mi hija mayor, que tiene 15 años de edad", explica.

Crisis de confianza

El señor Purwono, que tiene 60 años de edad, vive en un minifundio de Java Central, Indonesia. Se sostiene a sí mismo y a cinco familiares con el ingreso que le reportan unos cuantos cocoteros, un arrozal y unos pollos criados en libertad. A pesar de estar confinado a una silla de ruedas, todavía puede moverse alrededor de su gallinero. El problema estriba en que el año pasado perdió 370 de sus 400 aves a causa de la gripe aviar.

"Fue una pérdida muy grande para mi. He recibido compensación del gobierno, pero luego pedí dinero prestado a mis familiares, a los vecinos, a la cooperativa de la ciudad, incluso al veterinario, para sobrevivir y volver a echar a andar la actividad", señala.

"Sólo me quedan 30 pollos porque tengo miedo. Pienso que la vacuna apenas protege en un 50 por ciento, dado que aún hay mortandad", señala.

Los veterinarios que visitan al señor Purwono le han informado que las nuevas muertes de aves se deben a causas distintas a la gripe aviar, pero no acaban de convencerlo.

La trágica muerte de un niño

Cuando los pollos de su traspatio se negaban a comer y tenían un aspecto enfermizo, la primera reacción de Nguyen Van Tuyen fue sacrificarlos y cocinarlos.

El pequeño productor de esta ciudad, ubicada 60 kilómetros al suroeste de Hanoi, se había enterado de la gripe aviar por televisión, pero pensaba que sólo afectaba a las aves y no a los seres humanos.

Una semana después, cuando su nieto de cuatro años, Long, comió del pollo le dio fiebre. Una vez que su temperatura alcanzó la alarmante cifra de 39˚ C lo llevaron a un hospital de Hanoi, donde murió de insuficiencia respiratoria 12 días más tarde. Long es una entre decenas de víctimas de la gripe aviar en Viet Nam. Muchas de ellas son niños.

"Nunca se había enfermado. Herví el pollo como acostumbro y todos los demás se sentían bien después de la comida", relata.

Uno de los misterios de la gripe aviar es cómo se propaga (véase "Detectives de virus en Indonesia" en los enlaces que figuran a la derecha). Después de la muerte de Long, funcionarios de sanidad animal no pudieron hallar el virus en el ganado de la ciudad, por lo que debieron conjeturar que el pollo cocido había transmitido la enfermedad. En realidad, la OMS sostiene que el consumo humano de carne y huevos de aves cocidos a 70˚C es inocuo y no se ha documentado caso alguno de infección por gripe aviar con el consumo de carne o huevos cocidos adecuadamente.
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Contacto:

Peter Lowrey
Oficial de información, FAO
peter.lowrey@fao.org
(+39) 06 570 52762

FAO/H. D. Nam

Phan Thi Ninh con algunas aves de corral que compró con la compensación que le dio el gobierno por la pérdidas sufridas a causa de la gripe aviar.

FAO/H.D. Nam

Le Thi Yen con una fotografía de su hijo Long, víctima de la gripe aviar en 2004.

FAO/A. Ariadi

Vigilancia contra la gripe aviar: el señor Purwono, pequeño campesino de Indonesia, ayuda a un veterinario a tomar una muestra de sangre de uno de sus pollos.

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