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La presencia del hombre
Después de miles de años, la presencia a menudo abrumadora del hombre en el Mediterráneo ha comenzado a cobrar su cuota.

El exceso de pesca no es el único problema, sino uno de tantos. En efecto, a pesar de que en los últimos años se han hecho algunos progresos, la contaminación −con los vertidos urbanos y las aguas residuales de la agricultura y la industria− sigue representando un importante problema en el Mediterráneo.

Se estima que la población costera de la región asciende a 150 millones de personas, y casi la mitad (el 48 por ciento) de los centros urbanos carecen de servicios de tratamiento de las aguas residuales, según datos del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA). La cifra es asombrosa: el 80 por ciento de las aguas residuales del Mediterráneo, o 3 000 millones de metros cúbicos, llega al mar todos los años sin recibir tratamiento.

También la industria se cobra su cuota. El PNUMA calcula que 66 millones de metros cúbicos de aguas sin tratar, que contienen fenoles, mercurio, plomo, cromo, zinc y aceites minerales, llegan directamente al mar todos los años. Los vertidos de sustancias químicas utilizadas en la agricultura también son motivo de considerable preocupación.

La situación es especialmente inquietante si se tiene en consideración que el Mediterráneo es casi una mar cerrado, cuya única salida natural, a través del Estrecho de Gibraltar, es tan estrecha que se requieren de 80 a 100 años para que sus aguas se renueven.

Invasores de fuera

El Mediterráneo está sometido también a presión debido a la intensa navegación. Según el PNUMA el 30 por ciento del volumen del comercio marítimo internacional se origina en el Mediterráneo o lo atraviesa, al igual que el 28 por ciento del tráfico marítimo de petróleo.

Además de la contaminación, otro impacto causado por el tráfico marítimo es la introducción de especies foráneas de plantas y animales acuáticos, que se origina cuando las naves descargan el agua de lastre recogida en otras regiones.

Algunos observadores advierten además que las nuevas práctica de acuicultura como los criaderos para el engorde del atún, podrían introducir enfermedades acuáticas exóticas, ya que se importan grandes cantidades de pescado de otras aguas para alimentar a los atunes.
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