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Lucha biológica contra las langostas
Nuevas armas en una guerra milenaria
Durante la plaga de langosta del desierto de 1988, nubes de insectos cruzaron el Atlántico desde Mauritania hasta el Caribe, volando 5 000 kilómetros en diez días.

Los científicos estaban sorprendidos, ya que los enjambres de langostas normalmente se detienen a descansar por la noche, pero si no saben nadar ¿cómo lograron cruzar el océano?.

Fue entonces cuando descubrieron que sí se detenían a descansar cada noche. Sobre cualquier nave que lograran encontrar, pero también directamente sobre la superficie del mar. Las primeras langostas en posarse en el agua se ahogaban, y así sus cadáveres flotantes formaban una especie de balsa sobre la que descansaba el resto de los insectos.

Desde los albores de la agricultura, hace más de 10 000 años, la humanidad ha tenido que enfrentarse con un enemigo formidable y osado: la Schistocerca gregaria, la langosta del desierto. Aunque normalmente viven en solitario en las zonas desiertas que se extienden desde África occidental a la India, cada cierto tiempo estos insectos se reúnen en nubes gigantescas y voraces que siembran el hambre y la pobreza por donde pasan.

A través de la Historia, los campesinos y los gobiernos han hecho repetidos intentos de eliminar estas bandadas capturando los insectos, mediante el ruido, el humo, o enterrando y quemando los enjambres. Pero estas medidas no han tenido mucho éxito. Con nubes que se extendían a veces por cientos de kilómetros, compuestas por miles de millones de individuos, arrasaban todo a su paso por la pura supremacía numérica.

Riesgo para la salud

El ser humano se ha preguntado desde tiempo inmemorial sobre el origen de estos insectos y la forma en que se las arreglan para sobrevivir. Tan solo a mediados del Siglo XX se comprendió que el mismo insecto solitario de color marrón claro que vive en el desierto es de la misma especie que las langostas rojas y amarillas de las plagas.

Una vez que se estudiaron sus características biológicas y comenzó a difundirse la fumigación aérea hace unas décadas, se comenzaron a realizar esfuerzos para luchar contra la langosta. Pero el uso de pesticidas a gran escala también suponía un riesgo para la salud humana y el medio ambiente.

Desde el Centro de Emergencia para las Operaciones contra la Langosta (ECLO, por sus siglas en inglés), en el séptimo piso de la sede central de la FAO en Roma, Keith Cressman, experto en langostas, vigila los datos sobre las poblaciones de insectos que aparecen en las tres pantallas de ordenador sobre su mesa de trabajo. La última gran ofensiva de la langosta del desierto finalizó a comienzos de 2005, y desde entonces el nivel de alerta es verde, lo que significa que la situación es tranquila.

Sin embargo los expertos del ECLO están preparados para el próximo combate en una larga batalla contra las langostas, cuándo y dónde quiera que suceda.

“La próxima vez –asegura Cressman- contaremos con nuevas armas”.

Nuevas armas biológicas

Los recientes adelantos en la investigación con pesticidas biológicos, junto una mejor vigilancia e información, podrían hacer que la guerra tome un giro muy diferente. Estos productos pueden lograr reducir en gran medida el uso de pesticidas químicos.

Un factor prometedor es la investigación que lleva a cabo actualmente el Centro Internacional de Fisiología y Ecología de los Insectos (ICIPE), en Nairobi. Un equipo de esta institución, liderado por un experto de Tanzania, Ahmed Hassanali, ha identificado y sintetizado una feromona –una señal química de atracción sexual- específica de la langosta que puede ser usada contra los insectos jóvenes con un efecto devastador.

Phenylacetonitrile -o PAN para abreviar- es una feromona que normalmente controla el comportamiento de los machos adultos, que también la usan para alertar a otros machos para que les dejen en paz durante el apareamiento. Pero como Hassanali descubrió, posee efectos muy diferentes entre los ejemplares jóvenes de langosta, que todavía no tienen alas.

Mientras que las langostas adultas se reúnen en enjambres, los ejemplares jóvenes, si se dan las condiciones adecuadas, dejan de comportarse de forma individual y se constituyen en bandadas de unos 5 kilómetros de longitud. Son tan solo algo menos voraces que los adultos, que consumen el equivalente a su propio peso en comida cada día.

En tres campos de prueba separados – el último de ellos en Sudán el pasado año-, el equipo de Hassanali demostró que incluso dosis mínimas de PAN eran capaces de detener y hacer dispersarse las nubes de langostas jóvenes.

El PAN hace que los insectos se disgreguen y vuelvan a un comportamiento solitario. Desorientados, algunos de ellos pierden su apetito, mientras que otros se convierten en caníbales y se comen a sus compañeros. Los supervivientes son presa fácil para los predadores.

Lo que hace al PAN particularmente atractivo es que se necesita tan solo una fracción –normalmente menos de 10 milímetros por hectárea- de las cantidades habituales de pesticidas químicos o biológicos. Ello se traduce en un coste financiero mucho más contenido: 50 céntimos de dólar por hectárea, frente a los 12 dólares de los pesticidas químicos o los 15-20 dólares de los biopesticidas.

Se trata sin duda de un elemento de gran importancia para los países en primera línea en la guerra contra la langosta, mucho de los cuales figuran entre los más pobres del mundo.

Músculo Verde

Otro arma biológica diferente, pero de gran efectividad es Green Muscle ® (literalmente “Músculo verde” ndr), un biopesticida desarrollado por técnicos del Instituto Internacional de Agricultura Tropical en Cotonou, Benin, y producido en Sudáfrica.

Su principio activo son las esporas del hongo natural Metarhizium anisopliae varacridum, que germina en la piel de las langostas jóvenes y perfora su dermatoesqueleto, destruyendo sus tejidos desde dentro. Malas noticias para las langostas, y además el hongo no actúa sobre otras formas de vida.

Aunque Green Muscle ® ya se utiliza con éxito en Australia, su introducción en África y Asia se ve demorada por diversos factores. Entre ellos figura la necesidad de nuevas pruebas a gran escala, la aprobación oficial del producto en diversos países y el hecho de que tiene una vida muy corta en su forma líquida, ya preparada para ser rociada. Otra desventaja es que es tarda varios días en matar a las langostas. Además, es relativamente caro y tendría que organizarse su producción a gran escala.

Una posible solución sería la de almacenar el producto en polvo, para diluirlo justo antes del uso. Para intentar abaratar los costes, el equipo de Hassanali ha comprobado que usado en combinación con una pequeña cantidad de PAN, tan sólo se necesita una cuarta parte de la dosis normal de Green Muscle ®.

Reguladores del Crecimiento de Insectos

Dentro del moderno armamento en la lucha contra la langosta destaca igualmente una serie de productos denominados Reguladores del Crecimiento de Insectos (IGR, por sus siglas en inglés), que regulan la habilidad de los insectos jóvenes para mudar de piel y crecer. Además, carecen de efectos tóxicos sobre los vertebrados.

Los IGR son efectivos durante varias semanas después de su aplicación y se utilizan en los denominados tratamientos de “barrera”. Este método consiste en aplicar bandas estrechas de pesticida, en forma perpendicular a la dirección de marcha de los insectos. Tan solo se necesita un 10 por ciento de la cantidad utilizada en un tratamiento a manta. Tras haber traspasado una o dos de las barreras, los insectos absorben una cantidad suficiente de pesticida para provocarles la muerte mientras mudan de piel.

Al igual que sucede con el PAN y Green Muscle ®, el IGR debe utilizarse sobre las langostas en una etapa temprana de su desarrollo, antes de que comiencen a volar. Ello requiere a su vez un alto nivel de vigilancia y una información actualizada, para estar seguros de que cualquier concentración de langostas es destruida de raíz.

eLocust2

A pesar que Cressman cuenta en el ECLO con satélites, ordenadores y modelos matemáticos a su disposición, el eslabón débil de la cadena ha sido siempre el tiempo que se tarda en obtener información fiable desde el terreno.

Los equipos móviles desplazados sobre el terreno encargados de no perder de vista a la población de langostas operan en lugares entre los más remotos y en ocasiones más hostiles del mundo, teniendo en cuenta el entorno y las condiciones de seguridad. Puede pasar una semana desde que una información, pongamos, del Sahara central, llegue a la mesa de Cressman. Para ese momento, las langostas “que no necesitan visado" -subraya el experto- pueden haberse desplazado a otro país, o incluso a otro continente.

Sin embargo, esta situación cambiará pronto. Los equipos sobre el terreno están siendo dotados de unos aparatos especiales capaces de obtener datos vitales sobre la langosta y las condiciones ambientales y hacerlos llegar a sus bases centrales y a Roma en tiempo real.

Desarrollado por la Agencia Espacial Francesa (CNES), el eLocust2 es un dispositivo capaz de enviar la información a los satélites de comunicación y hacerla llegar a los centros nacionales de lucha contra la langosta en los países afectados unos minutos después. Y de ahí al despacho de Cressman para ser analizada. En caso de concentraciones extraordinarias de insectos, se pueden tomar iniciativas urgentes, asegurándose que las langostas nunca se desarrollen lo suficiente como para llegar a formar enjambres.

Escenas de pesadilla

En un artículo publicado en la revista Science, el experto en langostas Martin Enserink ofrecía una gráfica descripción de la devastación provocada por la plaga en Marruecos:

“En una hermosa mañana de noviembre resulta evidente, incluso desde la distancia, que algo extraño sucede en los árboles alrededor de la pequeña aldea. Se encuentran cubiertos de un brillo rosado, como si sus hojas estuvieran cambiando de color….Cuando uno se acerca, el matiz se convierte en una masa serpenteante, una nube de insectos en cada árbol, devorando las hojas. Aproximándose aún más, se escucha como una suave llovizna: es el flujo incesante de los excrementos de langosta al caer sobre el suelo".

Estas escenas de pesadilla, junto a las plagas de langosta, podrían convertirse un día en algo del pasado.

31 de julio de 2006
FAO

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Contacto:

Christopher Matthews
Oficial de información, FAO
christopher.matthews@fao.org
(+39) 06 570 53762

Junio de 2004, FAO

Una nube de langostas durante la época de la siembra en el sur de Mauritania

Atrapados en una nube de langostas

“Era como un gran paraguas negro que se nos echaba encima”, recuerda Majid Chaar, entonces productor de televisión y hoy Jefe del Servicio de Relaciones con los Medios de la FAO.

Sobrevolando en helicóptero el sur de Túnez en 1988 para filmar las langostas, Chaar y su equipo se encontraron con bastante más de lo que habrían deseado.

“De repente se hizo oscuro, y los motores del aparato chirriaron cuando las tomas de aire se llenaron de insectos. Los rotores se esforzaban por mantenernos en el aire. Había millones de langostas a nuestro alrededor, como si fueran una tormenta de arena.

“El helicóptero daba bandazos sin control. No veíamos hacía donde nos dirigíamos debido a la masa pegajosa en las ventanillas. Pensé que había llegado nuestra hora final, pero finalmente logramos realizar un aterrizaje de emergencia en un huerto de olivos”.

La creencia habitual es que es difícil y muy peligroso fumigar a las bandadas de langostas desde el aire y que los insectos solamente se pueden combatir en el suelo.

Pero no es así. Con aviones equipados con tomas de aire invertidas, los pilotos australianos han logrado luchar con éxito contra las bandadas de langostas en el aire.

Para ello es necesario mantenerse por encima de los insectos, y fumigar en la dirección del viento. La ventaja es que las langostas en el aire absorben de forma rápida el pesticida necesario para matarlas, a la vez que llega al suelo una menor cantidad de productos químicos.

Vidéo

Plaga de langosta en Mauritania, 2004 (mpg)

Junio de 2004, FAO

Langostas del desierto llegadas a Mauritania desde Africa noroccidental

FAO/G.Diana

Insectos en el Centro nacional de la langosta del desierto, en Agadir (Marruecos)

FAO/G.Diana

Niño mauritano contempla una densa nube de langostas en la localidad de Aleg

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