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Cuando falla la lluvia
Huertos financiados por la FAO ayudan a las mujeres de Níger
22 de marzo de 2007, Keita, Niger – “¿El agua?. El agua es la vida”, asegura Halima Mala, una campesina de 56 años, mientras se prepara para trabajar en su huerto. “Es lo más importante en la vida, junto a la salud y a tener suficiente para comer”, añade.

Pero en Ketia, una aldea en el corazón polvoriento de Níger -uno de los países más áridos del planeta, tener agua suficiente no es fácil-. Especialmente ahora, durante la larga estación seca, que se extiende desde octubre a mayo.

Sin embargo el cubo de Halima esta lleno, al igual que los de las 75 mujeres que trabajan en este huerto. Sus tres pozos les proporcionan agua para regar sus parcelas con coles, papas, lechugas, tomates y calabazas.

Afrontar la escasez de agua

En todo el país se puede ver a las mujeres trabajando en pequeñas parcelas de tierras de regadío cultivando productos fuera de temporada. En Tahoua, la región en la que se encuentra Feita, al igual que en las de Maradi y Zinder, más de 32 000 familias se benefician de los huertos creados mediante un programa de la FAO financiado con un millón de euros de la Unión Europea (UE). El proyecto surgió en apoyo a la respuesta del gobierno de Níger a la reciente crisis alimentaria de 2005.

“Los huertos ayudan a las familias vulnerables durante la estación de escasez”, explica Mamane Tinao, Director del Departamento de Desarrollo Agrícola en Keita. “Estos cultivos les permiten alimentarse, y si tienen suficiente producción, a vender los excedentes”.

Uno de los objetivos de estos huertos es apoyar a las madres de los niños malnutridos. En Níger, en donde la escasez de agua es crónica, la malnutrición lo es también. “Cada dos o tres años tenemos serios problemas”, subraya Tinao.

En 2005, una grave sequía, agravada por una invasión de langosta del desierto, condujo a una de las peores crisis alimentarias en la historia reciente de Níger. Según los cálculos de la ONU, 3,6 millones de habitantes, de una población total de 12 millones, resultaron afectados, incluidos 800 000 niños menores de 5 años.

Aunque el caso de Níger pueda parecer extremo, no es el único. Según las Naciones Unidas más que un tercio de la población mundial vive hoy en países afectados por la escasez de agua, y se espera que este porcentaje se duplique en 2025. Al ser la agricultura el sector que más agua consume en el mundo, un desafío a nivel planetario es producir más alimentos con menos agua.

Tinao apuesta por el regadío: “si conseguimos agua suficiente de los pozos, seguro que nuestros campesinos podrán producir”.

Además de los pequeños proyectos de regadío, los huertos de Níger cuentan con otras herramientas para ser más productivos: las semillas mejoradas. “No se puede mejorar la seguridad alimentaria ni incrementar la producción agrícola si no se mejoran las semillas”, asegura Mustafá Niasse, Coordinador de Emergencias de la FAO en Níger, al destacar las ventajas de las semillas de papa que están utilizando las mujeres, con un rendimiento casi diez veces mayor que las existentes a nivel local.

Hacer el trabajo

En un huerto en Kirari, no lejos de Keita, Rabi, una joven de 28 años, tiene grandes esperanzas en su próxima cosecha de papas, al igual que en sus lechugas y calabazas. Confía en que sus tres hijos no tengan que acudir a un centro nutricional, como sucedió en 2005.

Es la primera vez que Rabi cultiva hortalizas. Cuando se le pregunta su opinión acerca de las mujeres que trabajan la tierra, se ríe. Los hombres a su alrededor, se ríen entre dientes y hacen comentarios. Rabi asegura “me parece bien, somos capaces de hacer este trabajo”.

Las lluvias abundantes del año pasado ayudaron y se consiguió una cosecha récord.

Según Olivier Lefay, responsable del programa de seguridad alimentaria y desarrollo rural en la representación de la UE en Níger, los índices de malnutrición severa han caído un tercio desde 2005.

Los huertos son un ejemplo de cómo la UE trabaja en asociación con la FAO para reforzar los medios de subsistencia de las familias vulnerables, permitiéndoles entrar en el desarrollo rural a largo plazo. “Consideramos a la FAO un buen socioo –subraya Lefay-. Su experiencia en agricultura es un bien cada vez más escaso”.

De regreso en Keita, Hamila ha finalizado su labor de la mañana. Ella confía también en que habrá una buena cosecha. Pero los tiempos han cambiado, señala al recordar los días en que “la lluvia era abundante”. Hamila no cree que esos días vuelvan. “Ahora –asegura- tenemos que trabajar duro para conservar el agua”.




Ayudar a la FAO a sostener a los grupos más vulnerables en Níger

Tras la crisis de 2005, los donantes financiaron con generosidad las operaciones de emergencia y rehabilitación de la FAO en Níger.

En 2005, Suecia donó 500 000 euros (650 000 dólares EE.UU.) para los programas de emergencia de la FAO.

En la actualidad, diversos donantes patrocinan las actividades de la FAO para mejorar la seguridad alimentaria de las familias rurales más afectadas por la crisis.

En 2006, además del millón de euros recibido de la Unión Europea, Luxemburgo y Bélgica realizaron donaciones importantes, financiando programas por valor de 2 millones y de 655 000 euros respectivamente.
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“El agua es la vida”, dice Halima Mala, una campesina de Níger.

Combatir la desertificación en Keita

Un gran proyecto en el distrito de Keita, por un valor cercano a los 65 millones de dólares EE.UU. y financiado por el gobierno de Italia, es un buen ejemplo de cómo la ayuda al desarrollo rural puede mejorar substancialmente la vida de la gente. Lanzado en 1984, cuando el Sahel figuraba en el centro de la atención internacional debido a la crisis alimentaria provocada por años de sequía, el proyecto se centró en la lucha contra la desertificación a través de la reforestación extensiva y la recuperación de tierras baldías. Más tarde incluyó la construcción de embalses, pistas y carreteras, la creación de asociaciones de campesinos y la formación de sus miembros, muchos de los cuales eran mujeres. Al finalizar el proyecto, que se desarrolló entre 1984 y 1999, cerca de 20 000 hectáreas de tierra improductiva habían sido transformadas para el uso agrícola o reforestadas.

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Los huertos ayudan a las mujeres durante la temporada de escasez.

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