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Buscando alternativas al cultivo de amapola opiácea en Afganistán
La FAO solicita 25,5 millones de dólares para financiar proyectos de desarrollo en muchas zonas de producción de amapolas
2 de febrero de 2004, Roma.- Acabar con la producción de opio en Afganistán es posible sólo si se reducen al mismo tiempo la pobreza y el desempleo, afirmó hoy la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO).

La FAO estima que son necesarios 25,5 millones de dólares para financiar proyectos de desarrollo agrario durante los próximos cinco años y cuyos destinatarios son un millón y medio de personas en las cuatro principales provincias productoras de amapolas: Badakhshan, Helmand, Kandahar y Nangarhar.

"En nuestras manos no está el "super cultivo" que convencería a los campesinos a renunciar inmediatamente a la producción de amapolas", explicó Angelika Schückler, del Servicio de Gestión, Comercialización y Finanzas Agrícolas de la FAO. "La pobreza rural y la falta de ingresos son las razones principales para que produzcan opio", subrayó.

"Hace falta un compromiso a largo plazo, y quizás más de una década de tiempo, para crear oportunidades alternativas de ingresos. El proyecto de la FAO se propone rehabilitar la infraestructura agraria en algunas de las principales zonas de producción de amapolas y potenciar la horticultura, la cría de animales y los cultivos comerciales para ofrecer medios de sustento alternativos a los pequeños agricultores, a los trabajadores sin tierra propia y a los grupos vulnerables.

La propuesta de la FAO

La FAO ha propuesto una serie de iniciativas para crear oportunidades alternativas de ingresos y reducir la dependencia de la producción de amapolas. La propuesta se basa en la Estrategia Nacional para el Control de las Drogas.

"Los agricultores necesitan insumos para los huertos, la silvicultura, el riego y la cría de animales, así como acceso al crédito y a la formación. Hay que restablecer la infraestructura, los servicios sanitarios y el sistema de educación", indicó Schückler.

Además, se deben reconstruir muchos viveros para responder a la demanda a larga escala de material de siembra. La construcción de pequeñas presas para el riego es capital en las zonas en las que los agricultores se enfrentan con restricciones del agua utilizable, por ejemplo, en Kandahar, donde la principal cisterna para el abastecimiento de agua está llena de sedimentos, tras los muchos años de sequía. Se han arruinado así huertos antaño florecientes.

Mejorando el acceso -sobre todo de las mujeres- a los servicios de sanidad animal, se incrementaría la productividad y la producción de los animales de cría y las mujeres contarían con una fuente de ingresos.

La FAO ha propuesto también la intensificación de la producción hortícola dando a los horticultores formación en tecnología postcosecha y en la gestión de los servicios de almacenado de verduras en cada provincia.

Los ganaderos y pastores deberían acceder al crédito para comprar ovejas y cada provincia tendría que contar con una fábrica de piensos. la FAO podría aplicar aquí los buenos resultados obtenidos con proyectos de generación de renta con la cría de aves de corral, especialmente dedicados a mujeres.

Los cultivos selectos, propios del extraordinario hábitat natural afgano (hierbas y especias, frutas silvestres, cría de gusanos de seda, aceites esenciales, etc.) deberían llevarse a cabo en estrecha colaboración con las comunidades agrícolas. De la serie de iniciativas públicas y privadas encaminadas a la creación de empleo tendrían que formar parte programas de repoblación forestal con remuneración en efectivo, centros de procesado de fruta y verdura, de recogida y elaboración de productos animales (leche, huevos) y de fomento de la pesca.

Sería necesario también un acceso mejor al crédito, a servicios de asesoramiento sobre administración agropecuaria y negocios, así como de investigación de mercado.

Amapola querida

Afganistán es el principal país productor de opio en el mundo, con casi las tres cuartas partes de la producción mundial. Según la Oficina de las Naciones Unidas sobre las Drogas y el Crimen (ONUCDCP), la producción de amapolas alcanzó las 3 600 toneladas en 2003. Las últimas tendencias indican que el cultivo de amapolas se expande en las zonas periféricas. Alrededor de 1,7 millones de personas, el siete por ciento de la población, están involucradas directamente en la producción de amapolas.

El cultivo de amapolas ocupa, aproximadamente, el uno por ciento del total del terreno cultivable en el país (unas 80.000 ha en 2003). El grueso de la producción se cultiva en terrenos de riego. La provincia de Nangarhar es, en la actualidad, la zona donde se cultivan más amapolas.

Mientras la mayor parte de los campesinos afganos cultivan la amapola opiácea debido a la pobreza y a la falta de alternativas viables de ingresos, el grueso de los beneficios va a parar a manos de los traficantes de droga nacionales e internacionales.

El opio es un producto muy atractivo para los campesinos debido a su resistencia, y a la facilidad con que se almacena y transporta, indicó la FAO. Los mercados de opio sirven de acicate para la apertura de otros nuevos, donde los comerciantes ofrecen crédito a los campesinos para la producción futura.

Según datos de la ONUCDCP, casi 500.000 personas están implicadas en todo el mundo en el comercio de opio afgano.

El precio medio del opio en bruto es 283 dólares al kilo y el rendimiento es superior a los 40 kg. por hectárea, de ahí que el cultivo de amapolas sea mucho más rentable para los campesinos que la producción de otros productos básicos.

En 2003, el cultivo de amapolas produjo un rédito bruto que rondó los 1 000 millones de dólares, alrededor de 3 900 dólares por familia productora de opio. El sueldo medio del país es de 2 dólares al día.

"El cultivo de amapolas asegura a los agricultores unos ingresos en efectivo relativamente seguros, al mismo tiempo que facilita el acceso a la tierra a los campesinos pobres y a los braceros. Con frecuencia representa la única fuente de crédito e insumos y de codiciadas oportunidades de trabajo", comentó Angelika Schückler.

Para las mujeres, que a menudo pueden vender los restos de opio una vez acabada la cosecha principal, las amapolas constituyen una fuente ocasional - y lucrativa- de ingresos personales.

El sector agrario es extremadamente débil

"La producción de opio asegura ingresos inmediatos y estables en un ambiente que es muy difícil la producción agrícola", añadió Angelika Schückler.

"El sector agrario es extremadamente débil, con unos servicios, sistemas comerciales, carreteras y comunicaciones en muy mal estado. Hay una carencia difusa de insumos: semillas, fertilizantes y simples aperos de labranza. Los sistemas de riego y de reserva de agua están deteriorados".

"Sólo si se elimina drásticamente la producción de amapolas con la entrada en vigor de una ley rigurosa y si se mejora de forma significativa y general el medio productivo, los agricultores podrán dar el paso a otros cultivos".

"Probablemente encontraremos resistencias, pero estoy segura de que trabajando en estrecha colaboración con los ministerios interesados, el sector privado, las organizaciones no gubernamentales y otros organismos internacionales, ganaremos la batalla contra la producción de opio en Afganistán", concluyó Angelika Schückler.



Contacto:
Erwin Northoff
Oficial de informacion de la FAO
erwin.northoff@fao.org
(+39) 06 570 53105

Oficina de prensa de la FAO
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Foto FAO/Maja Clausen

La producción afgana de amapola opiácea ascendió a 3 600 toneladas en 2003.

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