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Replantar las “mil colinas” de Ruanda
La recuperación de los humedales en Ruanda tiene un impacto positivo a nivel regional y mundial
27 de octubre 2008, Roma - En las tierras altas y bajas de Ruanda, la recuperación de las laderas de sus mil colinas avanza a ritmo lento pero seguro. Muchas de ellas están recuperando su verdor, pero continúan en malas condiciones debido a la degradación ambiental, causada principalmente por acción del hombre y por la guerra y genocidio que azotó al país en 1994.

Con la firme voluntad política para alcanzar un futuro prometedor, el país, ubicado en la región de los Grandes Lagos de África, ha desarrollado una estrategia integral para reducir la pobreza y proteger su patrimonio natural. Esta acción, unida a otra serie de iniciativas, espera resolver ambos problemas para el año 2020.

Entre los mayores retos que afronta Ruanda están la fragilidad e inestabilidad de sus ecosistemas, que se han visto afectados por un excepcional crecimiento demográfico. En efecto: la densidad de la población en el país tiene un promedio de 580 habitantes por kilómetro cuadrado, alto si lo comparamos con la media para toda África, que es de 33 personas por km². Ante estos retos y con la finalidad de lograr un resultado positivo a largo plazo, el Gobierno de Ruanda ha lanzado el proyecto “Manejo Integrado de los Ecosistemas Críticos”, una iniciativa de la Global Environment Facility que tiene el apoyo de numerosos socios, entre ellos el Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO).

“Uno de los objetivos primarios es reconciliar la necesidad de intensificar aún más la producción ganadera, agrícola y pesquera, con la conservación del medio ambiente y la biodiversidad de los ecosistemas y las especies”, señaló Stanislas Kamanzi, Ministro de los Recursos Naturales de Ruanda.

La FAO reconoce que la vulnerabilidad de estos ecosistemas y las técnicas inadecuadas utilizadas por los agricultores son elementos que plantean numerosas trabas para el desarrollo.

“La producción agropecuaria se basa en el medio natural, donde cuenta con los componentes necesarios que son la tierra y el agua. Por tal motivo, los gobiernos deben proponerse, como tarea crucial, la introducción de buenas prácticas agropecuarias y el uso de tecnología apropiada. Ambas son herramientas para intensificar la agricultura, respetando el medio ambiente en su total integridad” aseguró Alexander Muller, Subdirector General del Departamento de Recursos Naturales y Medio Ambiente de la FAO.

Protección de los humedales

Las áreas pantanosas, lagos, ríos y turberas son zonas húmedas que necesitan una protección extensiva. Constituyen valiosos reservorios de agua y diversidad. A su vez, son fuentes de energía. Las zonas pantanosas, en particular, constituyen el 6% del territorio nacional de Ruanda, es decir 165 000 hectáreas, de las cuales 90 000 son cultivadas con métodos tradicionales y 5 000 con prácticas de gestión del agua.

“Las actividades que afectan los ecosistemas, más allá del contexto nacional, tienen un impacto sub regional y global. En ese sentido, debemos ser solidarios y optar por un compromiso internacional para salvar el planeta” declaró la Directoa General de la Autoridad del Manejo del Medio Ambiente de Ruanda (REMA, por sus siglas en inglés), Rose Mukankomeje.

Rose – tal como la conocen en la capital de Ruanda, Kigali – destaca la importancia de establecer contactos directos con personas y entidades interesadas tanto en sectores públicos como privados. Ella considera que existe la necesidad de examinar y aprobar reportes de estudios del impacto ambiental en todos los campos de las actividades socioeconómicas. Una de sus prioridades es trabajar con la FAO para la creación de una ley marco que permita un mejor aprovechamiento de las zonas pantanosas, una categoría crucial de humedal, reconocida como tal por la Convención de Ramsar sobre los Humedales. (Ramsar, Irán, 1971).

“El cultivo en zonas pantanosas está muy desarrollado, es más, algunos de estos terrenos contienen turbas, por lo que no solo juegan un rol hidrológico importante, también conservan una significativa energía potencial” dijo Mukankomeje.

Las zonas pantanosas se utilizan para cultivos alimentarios y hortícolas (tomates, coles, etc.), destinados principalmente para el autoconsumo. Sin embargo, también se realizan cultivos industriales como té y caña de azúcar. Parte de estas cosechas sirve para el uso doméstico y el resto para el comercio.

“Es crucial la racionalización de la agricultura en las zonas pantanosas para así permitir la regeneración de los terrenos y el nivel freático. Al mismo tiempo se debe incentivar el cultivo de las terrazas en las laderas de las colinas”, explicó Elisabeth Balepa, representante de la FAO en Ruanda.

En los lugares que han sido declarados ‘áreas protegidas’, los terrenos pantanosos han sido restaurados y la producción de los cultivos en las laderas de las colinas se ha duplicado o triplicado, según los comités de gestión de estas zonas. El agua de las zonas pantanosas está resurgiendo después de una intensa sequía de más de tres años. Por citar un ejemplo, la planta del papiro ha comenzado a crecer una vez más en estos lugares, al mismo tiempo que distintas especies de aves acuáticas están reapareciendo.

“Debemos ir más allá de estos resultados e incentivar a la población para que asuma mayores responsabilidades, a través de pagos individuales o a la comunidad por servicios ambientales que ayudan a proteger el medio ambiente”, comentó John Latham, Director del Sistema Mundial de Observación Terrestre (GTOS, por sus siglas en inglés) que alberga la FAO.

Según la FAO, la demanda de servicios medioambientales que proporciona la agricultura – especialmente para mitigar el cambio climático, mejorar el manejo de las cuencas de agua y la conservación de la diversidad biológica – continuará en crecimiento. Ante esta tendencia, existe una necesidad real de introducir una mayor cantidad de incentivos apropiados para alentar a los productores a modificar sus prácticas agrícolas, de tal manera que este sector pueda satisfacer esa demanda.

Asociaciones y cooperación internacional

Las recientes actividades conjuntas realizadas por la FAO y la Convención Ramsar en Ruanda son un claro ejemplo de la coordinación y total colaboración entre dos organismos intergubernamentales. Una colaboración que tiene como objetivo asesorar a los países en la conservación y el uso sostenible de las zonas húmedas, tomando en cuenta la interdependencia existente entre las personas y el medio ambiente.

Las conversaciones entre la FAO y la Secretaría de la Convención de Ramsar se encuentran en pleno desarrollo, y tienen la finalidad de identificar otro tipo de acciones conjuntas en diversos países ubicados en el norte de África y en el África Subsahariana, como Túnez y Kenia.

“La cooperación de la FAO con la Convención de Ramsar tiene también como objetivo reforzar la comunicación y cooperación entre las convenciones sobre la biodiversidad y otros acuerdos similares, para así prevenir la duplicación de esfuerzos y desarrollar acciones coordinadas con el apoyo del Gobierno italiano”, dijo Lucilla Spini, experta de la FAO.

“Es importante que armonicemos todas nuestras actividades en todos los sectores, para poder manejar todo nuestro capital natural de forma sostenible a través de asociaciones y acciones conjuntas, como la existente entre la FAO y la Convención de Ramsar”, concluye Anada Tiéga, Secretario General de la Convención de Ramsar sobre los Humedales.


(*) La Convención sobre los Humedales fue adoptada en Ramsar, Irán, el 2 de febrero de 1971 y entró en vigor en 1975. Esta convención tiene como objetivo obligar a las partes contratantes a proteger o manejar sus zonas húmedas de tal manera que mantengan sus principales funciones ecológicas. El terreno pantanoso de Rugezi – Burera – Ruhondo ha sido designado por el Gobierno ruandés como el primer lugar de la Convención de Ramsar en Ruanda.

Contacto:
Liliane Kambirigi
Oficina de prensa, FAO
Liliane.Kambirigi@fao.org
(+39) 06 570 53223

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FAO/Giulio Napolitano

Los agricultores ruandeses han aprendido a usar la escasa agua disponible sobre las laderas de las colinas, duplicando la productividad.

Documentos

Alcances de la agricultura – Interacción en Humedales: hacia una estrategia con diversidad de respuestas sostenibles

Los ecosistemas húmedos

Los ecosistemas húmedos proveen de comida, agua potable y productos farmacéuticos, así como espacios de serenidad y recreo para todas las personas en todo el planeta. Es por esto que su conservación y uso sostenible constituyen elementos claves para garantizar la seguridad alimentaria y el suministro de agua nivel global, fines que son prioritarios en el marco de los Objetivos del Milenio.

En este contexto, el manejo de las tierras y el agua, el medio ambiente y el cambio climático, la interacción entre la agricultura y las zonas húmedas, una industria pesquera sostenible, la gripe aviar, el pago por servicios ambientales, los ecosistemas de los manglares, y la diversidad biológica del interior y de las zonas costeras, son solo algunos de los campos en los cuales la colaboración puede impulsar iniciativas conjuntas sobre gestión del conocimiento, asistencia técnica y a las políticas y la labor de concienciación.

Otros programas de colaboración entre la FAO y Ramsar

Existen otros programas de colaboración entre la FAO y Ramsar (y otras organizaciones), como lo es el plan Líneas Guía para la Agricultura – Interacción de los Humedales (GAWI por sus siglas en inglés). Un análisis preparado en este marco es el Reporte del Agua No 33, llamado “Alcances de la agricultura – Interacción en Humedales: hacia una estrategia con diversidad de respuestas sostenibles”.

FAO/Giulio Napolitano

Las labores agrícolas son autorizadas en determinados terrenos pantanosos con la condición de que la tierra no sea degradada.

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La recuperación de los humedales en Ruanda tiene un impacto positivo a nivel regional y mundial
En las tierras altas y bajas de Ruanda, la recuperación de las laderas de sus mil colinas avanza a ritmo lento pero seguro. Muchas de ellas están recuperando su verdor, pero continúan en malas condiciones debido a la degradación ambiental, causada principalmente por acción del hombre y por la guerra y genocidio que azotó al país en 1994.
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