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Refugiados rwandeses, de vuelta a la esperanza

Munyakazi, un sobreviviente, está listo para trabajar de nuevo

Con apenas 62 años de edad, aunque luce casi de 80, Michel Munyakazi finalmente llegó a su aldea natal de Rutongo, cerca de la capital rwandesa de Kigali, tras una caminata de 28 días bajo el sol ardiente y las tormentas tropicales. Munyakasi languideció en un campamento de refugiados al este de Zaire durante 30 meses, antes de emprender la agotadora jornada. Su esposa y sus dos hijos nunca nunca volvieron a su exuberante comunidad agrícola, situada en una de las pasmosas Mil Colinas de Rwanda. Murieron en el atestado campo de refugiados de Kahindu.

Munyakazi explica que considera “un regalo de Dios” haber sobrevivido al campamento y a la penosísima marcha. Es uno de los 600 mil refugiados rwandeses que se calcula que han vuelto tambaleantes a casa, en una corriente súbita y masiva. Una cifra igualmente numerosa de rwandeses sigue refugiada en los países vecinos.

Pese a sus dedos de los pies deformes y a su cojera, Munyakasi se proclamó dispuesto a trabajar de nuevo. “Puedo trabajar el campo”, afirmó. Munyakasi es campesino, igual que el 90% de los casi 6 millones de habitantes de Rwanda.

A una semana de haber vuelto, Munyakasi ya tenía oportunidad de cultivar, puesto que miles de familias repatriadas recibieron un simple azadón y semillas de hortalizas a través de una acción dirigida por la FAO.


Rwanda, la Tierra de las Mil Colinas

Convertir a los repatriados en agricultores -se está aumentando el suministro de azadones y semillas- es un paso crítico en la senda de la recuperación de la producción de alimentos. También se están proporcionando insumos y semillas de manera regular a los campesinos pobres que no son refugiados.

Por crítico que pueda ser, ofrecer azadones simples y semillas de hortalizas es apenas el primer paso de una acción encaminada a la recuperación, que requiere operar al mismo tiempo que las actividades de ayuda de urgencia que están en marcha.

Rwanda, pequeño enclave de 26 338 km.2, tiene tierras fértiles, lluvias constantes y un potencial de crecimiento mucho más alto que el de la mayor parte de los países de la región. Ostenta hasta tres ciclos agrícolas al año en algunas partes, agudo contraste con los países que con dificultad logran apenas uno.

Pero atrás de las Mil Colinas existen, como dicen los rwandeses, mil problemas que exigen mil soluciones. Sin embargo, no todos están fuera del alcance y muchos, sobre todo los que tienen que ver con incrementar la producción de alimentos, pueden no ser tan complicados como se teme.

La autosuficiencia alimentaria, que era de 95% en 1985, cayó hasta el 49% en 1994, aunque la información más reciente la sitúa al 62%. Alrededor del 34% de las familias rurales tienen menos de 0.7 ha. de tierra, el mínimo que deja poco margen para comercializar y obtener ganancias. La falta de combustibles está agravando la deforestación, está robando protección a tierras fértiles y abriendo paso a la erosión. Si no se tiene cuidado, el daño ambiental puede volverse irreversible.

“La necesidad más inmediata consiste en aumentar la capacidad para producir más alimentos”, explica Jean Francois Gascon, agrónomo francés que participa desde hace 20 años en el fomento agrícola de Africa. “Hay potencial, Rwanda es excepcional porque más del 50% de sus tierras son cultivables”.

Gabriel Kouthon, de Benin, veterano con 30 años de experiencia en asuntos de alimentos y nutrición en Africa, añade: “Es esencial que se haga un uso mayor y mejor de insumos, tales como semillas, fertilizantes y plaguicidas. Se trata de capacitar a los campesinos para que aumenten su producción desde el nivel de subsistencia y comiencen a comercializar”.

Mientras se está llevando a cabo este proceso de intensificación en ese país densamente poblado (algunas zonas tienen hasta 900 personas por km.2), también se tienen muchas esperanzas de las posibilidades de mejorar y extender el cultivo a los pantanos. “De unas 165 mil ha. de ciénagas, 94 mil ha. están en cultivo”, señala Moise Sonou, experto en riego y, como Kouthon, personal de la FAO. A fines de noviembre ellos dos fueron de prisa a Rwanda, como parte de un grupo especial que iba encabezado por el Director General de la FAO, Jacques Diouf.

Sonou y otros expertos en Africa de la FAO se reúnen a diario con funcionarios públicos y representantes de otras organizaciones internacionales y de la ONU, de los principales países donadores y de las ONG, para formular planes y programas encaminados a incrementar la productividad de los pantanos, a fin de mitigar la presión sobre el resto de las tierras, comprendida la cima de las colinas y hasta los elevados volcanes.

Si la agricultura es parte de los mil problemas, también es parte de su solución: la agricultura representa el 40% del PIB y el 80% de las ganancias por concepto de exportaciones (el café es uno de los principales productos de exportación).

“Lo importante -señala Peter Vandor, representante de la FAO- es formular planes y programas, y poner en marcha ahora lo que va a necesitarse en el futuro, aunque siga vigente la situación de urgencia. El propósito consiste en iniciar la acción inmediata para ayudar a asegurar una producción estable de alimentos, de modo de evitar crisis futuras.”

La comunidad internacional se está movilizando para ayudar a Rwanda a salir de su aguda crisis y hacer real su considerable potencial, de modo que de nuevo se pueda conocer como la Tierra de las Mil Colinas, una joya en el centro de Africa.

Por Hilmi Toros

20 Diciembre 1996


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