Un rallador sencillo proporciona yuca más segura y rápida en Uganda


En una serie de artículos sobre los proyectos de la FAO en Africa, Leyla Alyanak informa de cómo un primer paso para promover la seguridad alimentaria en Uganda está en proceso

Un rallador sencillo proporciona yuca más segura y rápida en Uganda



Mujeres reunidas para pelar yucas, el cultivo más importante para la seguridad alimentaria de Uganda

A veces son las cosas sencillas las que pueden salvar vidas. Como el rallador manual de aluminio que la campesina de Bweyale, Hawa Olar, utiliza para rallar su raíz de yuca.

A veces son las cosas sencillas las que pueden salvar vidas. Como el rallador manual de aluminio que la campesina de Bweyale, Hawa Olar, utiliza para rallar su raíz de yuca.

"Antes cortábamos en pedazos la yuca, la pelábamos, la lavábamos y la dejábamos secar al sol durante un día", explica la campesina. "Luego la cubríamos por cuatro días con hojas de plátano o con una esterilla. Luego raspábamos el moho, golpeábamos los trozos de yuca y los volvíamos a secar. Esto requería una semana". Con su nueva tecnología de rallado, las mujeres de esta aldea septentrional de Uganda ahora pueden disponer de la yuca en un sólo día.

"Es muy sencillo", afirma Ellen Psomgen, directora de la Asociación de Mujeres Unidas de Bweyale. "La raíz de la yuca se pela, se lava y se ralla. Luego se coloca en un recipiente y se tapa durante tres o cuatro horas. Se elabora un embudo de papiro y se empuja por ahí la pulpa con un palo, exprimiendo el agua con las toxinas hasta que lo que queda esté seco. Esto se coloca en una lámina de hierro al sol. Este proceso toma un día y no una semana como antes".

Todo depende del rallado. "Aquí hay dos tipos de yucas. El tipo dulce puede comerse de inmediato", explica Sicco Koligjn, ingeniero agrícola que colabora con la FAO. "La variedad amarga es peligrosa. Contiene cianuro que ha de eliminarse antes de que se consuma la yuca". Al rallar la yuca se puede eliminar con facilidad el cianuro.

Este proceso no sólo ahorra tiempo, sino que puede salvar vidas. La yuca es el cultivo más importante para la seguridad alimentaria de una región que con frecuencia está combatiendo contra la sequía y la hambruna, de modo que no siempre es posible esperar una semana para comer. Cuando ataca el hambre, los alimentos se requieren de inmediato, y las personas a menudo se saltan parte del proceso de elaboración de la yuca, con posibles consecuencias mortales. La yuca amarga, si se come sin elaborar, puede producir problemas estomacales, un tipo de parálisis denominado konzo y en ciertos casos aun la muerte.

Pero los campesinos locales no pueden depender sólo de la yuca dulce. En primer lugar, emigrantes de otras partes del país también consumen esta planta y no siempre saben distinguir entre las variedades dulce y amarga. En segundo, la supervivencia de la yuca dulce está en peligro por un virus que arrasa la región.

Según los expertos, la enfermedad de mosaico de la yuca africana, producida por un virus -el mosaico, en pocas palabras-, está avanzando con velocidad a través del oriente y el centro de Africa y podría llegar pronto al norte de Uganda. "Todavía no llega hasta aquí, pero se nos informa de que está extendiéndose a gran velocidad", asegura Ellen Psomgen, de la asociación de mujeres.

Conforme avanza ese virus, es necesario encontrar enseguida formas de aprovechar la yuca amarga. Al introducir la tecnología de rallado de la yuca, la FAO espera acelerar el proceso de eliminación de las toxinas a fin de mejorar la seguridad alimentaria de la región.

La técnica de rallado aquí utilizada no es revolucionaria. Se ha aplicado con éxito en el occidente de Africa y en Brasil. Lo que consigue es ayudar a los campesinos a alimentarse sin riesgos cuando hay pocas opciones a un alimento posiblemente mortal.

Hay ralladores de distintos tamaños. El más pequeño es manual, para uso familiar, y el más grande es una versión con motor que puede alimentar a toda la aldea. Pero este método, no obstante su beneficio, no carece de problemas. Todavía está en proceso de afinación y adaptación a las condiciones locales. "Todavía no tenemos mucha confianza -explica Psomgen-. Tiene que ser un poco más seguro este método porque podemos lastimarnos los dedos si no tenemos cuidado".

"Y para uso comercial no resulta muy bueno, porque no se puede elaborar una gran cantidad de yuca al mismo tiempo. Aunque fuera posible, no tendríamos cómo comercializarla. Pero nosotras mismas, las mujeres, estamos ocupadas en mejorar el sistema y lo importante es que ha gustado el rallador. Ahora es más rápido el proceso de elaboración, lo que supone que podemos comer cuando tenemos hambre".

Resolver el problema de producir yuca en cantidades comerciales se considera prioritario. "La harina de yuca preparada a partir de la yuca rallada es muy limpia y produce más ingresos", informa Gabriel Nkuzaalwe, extensionista agrícola local y coordinador del distrito en lo que concierne a la yuca. "Pero toma tiempo prepararla y no se puede producir más de la necesaria para el día".

También se están realizando actividades para producir nuevas variedades más resistentes al virus, pero hasta ahora no han tenido éxito por su sabor. Nkuzaalwe afirma que al rechazar las nuevas variedades, los campesinos se están exponiendo. "Siguen cultivando la antigua yuca que podría sucumbir al virus. Si es arrasada la cosecha, no hay yuca y no hay comida", asegura.

Dos de las principales actividades del proyecto de la FAO de mejora de los cultivos alimentarios después de la cosecha, llamado Post-Harvest Systems at Famer's Level, que trata de impedir que se pierdan alimentos entre la cosecha y su consumo, son encontrar formas de producir comercialmente la yuca y evitar la propagación del mosaico. Entre las actividades de este proyecto en otras partes del país están impartir capacitación a los campesinos para construir graneros y almacenes para guardar las cosechas, secadores solares para las verduras y las especias, a fin de producir ingresos, y la cooperación con entomólogos para obtener plaguicidas naturales.

Uganda, uno de los países más pobres de Africa, con un PIB per capita equivalente a 182 dólares EE.UU., tiene una economía agrícola en la que el 90 por ciento de la población depende para sobrevivir de algún tipo de actividad agrícola. Sin embargo, con el peso aplastante de la deuda, el gobierno gasta menos de una décima de su presupuesto en agricultura. Está claro que dar seguridad alimentaria a la mayoría de los ugandeses sigue siendo un reto, sobre todo en las regiones más secas del norte y el oriente.

En un país empobrecido como Uganda, un sencillo rallador manual podría ser la clave de la seguridad alimentaria de un individuo o de una familia completa. Nada mal, tratándose de un marquito rectangular cubierto por una lámina de aluminio llena de perforaciones.

22 de mayo de 1997

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