El proyecto biológico es un planteamiento ecológico del desarrollo

Selvi Alagappan todos los días se levanta por la mañana para atender su pequeña parcela de crosandras y jazmines, en la aldea india de Mangalam, en la Unión de Pondicherry. Estas flores y los hongos que cultiva en una choza cercana le proporcionan los ingresos que evitan que su familia padezca hambre, aunque sigan siendo pobres.

Sin embargo, hace dos años la inanición era una pesada realidad para Selvi y su familia. Pero como muchos otros participantes del proyecto de aldeas biológicas, un programa de cooperación y desarrollo descrito por sus autores como "en pro de la naturaleza, de las mujeres y de los pobres", Selvi recibió las herramientas y el apoyo técnico para incrementar los ingresos de su familia y ponerse de nuevo de pie.

El proyecto está a cargo de la Fundación de Investigación M. S. Swaminathan, organización no gubernamental local de Chennai, que cuenta con financiamiento y asistencia técnica del gobierno de la India y de organizaciones internacionales, comprendida la FAO, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA). Este proyecto se puso en marcha en 1992, con 42 participantes de tres aldeas. Actualmente está activo en 19 aldeas, con un grupo de 24 especialistas del proyecto.

La aldeana del proyecto Rani Nagappa alimenta sus gallinas: más del 80 por ciento de los participantes son mujeres

En un nuevo vídeo del periodista de la India Vaiju Naravane, financiado por la FAO, Selvi explica cómo, aunque sigue siendo pobre, su vida y la de su familia ha mejorado. "No pueden imaginar el estado en que nos encontrábamos hace dos años --explica Selvi--. Se trataba de participar en el proyecto o morir. Ahora confiamos en que nuestros hijos tengan un futuro mejor".

La diferencia del proyecto de aldeas biológicas respecto a las tendencias contemporáneas del desarrollo --explica el Dr. M. S. Swaminathan, presidente de la fundación-- es que plantea un crecimiento económico a partir de la creación de empleos, fundado en los principios de la conservación del medio ambiente, la equidad, la eficiencia en la utilización de la energía y la creación de puestos de trabajo. "Las tendencias contemporáneas del desarrollo presentan cuatro rasgos perturbadores: la brecha del ingreso per cápita entre los ricos y los pobres es cada vez más grande; es nocivo para los recursos naturales básicos, es decir, las tierras, el agua, la atmósfera, los bosques y la biodiversidad; el crecimiento económico se da sin empleos, y la pobreza cada vez afecta más a las mujeres", afirmó.

"El modelo de fomento rural de la aldea biológica ofrece una opción distinta que a la vez se ocupa de conservar los recursos naturales y pretende mejorar la productividad y erradicar la pobreza".

La costumbre de Selvi de utilizar la paja que le ha servido para cultivar hongos, como fertilizante natural para su parcela de jazmines es un ejemplo de las técnicas ecológicas que se están impartiendo en el proyecto.

Debido a la larga tradición de trabajo con pequeñas empresas y a su experiencia en el ámbito de la elaboración y comercialización de alimentos, la Fundación pidió a la FAO que participara en el proyecto. Según el representante de la Organización para la India y el Bhután, Peter Rosenegger, el proyecto ha tenido éxito en la transferencia de tecnología y en la reducción de la pobreza, y sigue las directrices del Programa Especial de Seguridad Alimentaria (PESA). "El proyecto acata la estrategia de la FAO de promover un desarrollo agrícola sostenible, mejorar la nutrición y propiciar la seguridad alimentaria, a la vez que asegura la participación de las mujeres", explicó Roseneggar.

Entre las numerosas formas de asistencia técnica que la FAO proporciona para el Proyecto de Aldeas Rurales, están:

  • introducción de tecnologías simples para preparar las tierras, cuidado de los cultivos, cosecha, almacenamiento y manipulación del producto;
  • demostración de prácticas hortícolas mejoradas, que comprenden irrigación por goteo y cultivo en bancales altos, así como tecnologías de producción de energía de bajo costo y en pequeña escala, como equipo eólico y solar;
  • fomento de artesanías con posibilidades comerciales en el sector turístico;
  • suministro de manuales técnicos formados sobre todo por ilustraciones, con texto en lenguas locales e inglés.

Si bien las personas como Selvi Alagappan han logrado mejorar su estilo de vida considerablemente, queda mucho por hacer para asegurar que sigan mejorando, afirmó Swaminathan. "La historia del desarrollo está invadida de las ruinas de proyectos con buenas intenciones que no han resultado sostenibles cuando se ha terminado el financiamiento. En último caso, el mercado tiene que convertirse en motor del desarrollo al presentar una demanda constante del producto", aseguró.

La ayuda técnica de organizaciones como la FAO contribuirá a convertir la producción agrícola de las aldeas del proyecto en una empresa lucrativa cuando empieza a ampliarse. "Queremos que la FAO siga participando, para asegurar que la producción de hongos sea sostenible desde el punto de vista económico cuando empiece a crecer, por ejemplo --afirma Swaminathan--. Una cosa es comercializar 10 kilos de hongos y otra muy distinta es comercializar una tonelada de un producto perecedero como ese". Está programada la visita al proyecto de un técnico de la FAO para proporcionar nuevas ideas en materia de comercialización.

Swaminathan prosigue: "Estamos pensando en exportar a Malasia, ya que ellos producen básicamente cultivos de plantación, y a Singapur. La FAO, y en especial su Dirección de Productos Básicos y Comercio, cuenta con la experiencia necesaria para ayudarnos".

 

Relatos de los aldeanos del proyecto

18 de septiembre de 1998

Más información:

 


FAO Home page

  Búsquedas

¿Sugerencias?: Webmaster@fao.org

©FAO, 1998