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El sector privado
satisface la demanda de bombas de
pedales
Ouagadougou, Burkina Faso -- Cuando llegan las lluvias al Sahel -esa franja seca del territorio que recorre África de oriente a poniente, por debajo del Sahara- se llenan los depósitos de agua y los pozos que proporcionan el riego necesario para que los campesinos se ganen modestamente la vida trabajando los arenosos suelos locales. La costumbre ha sido que los agricultores transporten a cuestas el agua, en botes para regar. Es una tarea tediosa que se realiza bajo el sol abrasador, y los campesinos sólo pueden cultivar las tierras que puedan regar, con ayuda de su familia y de jornaleros contratados. Ahora se han popularizado entre los campesinos unas económicas bombas de pedales llevadas por el Programa Especial para la Seguridad Alimentaria (PESA), de la FAO. El PESA proporcionó las primeras bombas de muestra, pero también capacitó a cinco talleres de metalistería de distintas partes del país, para fabricarlas y comercializarlas.
Ganancias de la inversión"Las bombas de motor son mejores, si hay recursos para comprarlas -afirma Sawadogo-. Pueden regar de cuatro a seis hectáreas. Yo tuve una bomba de motor pero se descompuso y, por diversas razones, nunca la mandé reparar". Este campesino utiliza la bomba de pedales para regar parcelas de hasta dos hectáreas de extensión. Las bombas de motor cuestan más de 300 dólares EE UU, mientras que el señor Sawadogo pagó sólo 45 000 francos CFA (65 dólares EE UU) por la de pedales. "Pero recuperé la inversión en la primera temporada agrícola, y gané más todavía para comprar los insumos para la siguiente temporada", señala.
"Estuve haciendo trabajo de campo durante cuatro años en Burkina Faso, hicimos algunos proyectos interesantes, pero no duraron -explica Tapsoba, que trabajó sobre el terreno cuando era un joven economista agrícola-. El Programa Especial consiste en dar a los pobres algo que esté a su alcance para que puedan mantenerlo en marcha". En Burkina Faso hoy producen y venden las bombas de pedales los talleres locales de metalistería, sin subsidios. Uno de esos talleres, situado en Ouagadougou, capital del país, vendió más de 200 bombas en un año. El Atelier de menuiserie métallique Ouedraogo Seraphin bulle de actividad en un día ardiente de octubre, mientras los soldadores y los pintores hacen de todo, desde carretas hasta persianas metálicas. En la calle tienen una bomba de pedales de muestra, frente al taller, y un vendedor enseña con mucho gusto a los clientes cómo funciona, mandando chorros de agua por los tubos de plástico. "Hemos contratado a otros dos trabajadores de tiempo completo -dice Souleyman Tapsoba, capataz del taller, mientras muestra a un visitante el registro de los compradores de bombas, procedentes de comunidades de hasta 600 kilómetros de distancia-. Creo que todavía vamos a vender muchas más". 25 de octubre de 2001
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