Nueva clase de empresarios agrícolas para una nueva época

Sibeso Simasiku era maestra de primaria pero, ansiosa de una actividad más estimulante, cambió de actividad y se ha dedicado a la agricultura y convertido en una de los miles de zambianos que reciben ayuda de un proyecto de la FAO, destinado a incrementar la producción de alimentos y mejorar la administración de las explotaciones agrícolas.


La empresaria Simasiku en su próspera milpa, cerca de Kaoma, en Zambia

Sibeso Simasiku, con su voz suave y su facilidad de palabra, pertenece a la nueva clase de pequeños empresarios de Zambia, surgida al inicio de la liberalización de la economía del país, en especial al abolirse las juntas estatales de comercialización. Los agricultores estaban obligados a vender su producción a esas juntas a precios fijos y artificialmente bajos. En el caso del maíz, producto básico nacional, éste grano pasaba a elaboración para producir harina y se vendía en el mercado a precios bajos y subsidiados. Los subsidios eran tan elevados que a los agricultores les convenía más transportar costales de harina de maíz desde la ciudad para consumo familiar que cultivar y elaborar el maíz directamente. No había estímulos para que los agricultores cultivasen más tierras o se hicieran más eficientes.

Si bien el Proyecto de gestión de cultivos integrados y leguminosas sobre todo distribuye insumos y capacita a los campesinos a través de un conjunto de 40 ONG (organizaciones no gubernamentales), la FAO colabora con gusto con individuos trabajadores y con deseos de progresar como Sibeso Simasiku, que llegó sin previa cita a la sede del proyecto en la capital del país, Lusaka, para presentarse y manifestó su deseo de participar en el proyecto.

Este proyecto nacional, financiado por el gobierno de Zambia y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, fomenta el cultivo de leguminosas como cacahuete (maní), soya, caupí y guandú. Estos cultivos ricos en proteínas son muy necesarios en Zambia para combatir un grave problema de deficiencia de nutrición, sobre todo entre los niños, y apartar la actividad agrícola de la dependencia excesiva en un monocultivo: el maíz.

"Me dediqué a la agricultura cuando llegó el nuevo gobierno y fue posible vender al precio que yo quería", explica Sibeso Simasiku mientras recorre el campo de caupí situado en lo profundo del Distrito de Kaoma, zona productora de cereales de la Provincia Occidental del país.

Los pequeños empresarios como Sibeso Simasiku pueden ser un poderoso motor del crecimiento de las comunidades rurales. Casi todos ellos tienen medios suficientes para poseer un camión para transportar sus productos al mercado y buscar los insumos que les hagan falta. Pero también quieren y están dispuestos a pasar momentos difíciles en las zonas de matorrales durante una parte del año, a fin de supervisar los periodos críticos del ciclo agrícola y, como tienen instrucción, están en mejores condiciones para recurrir a los avances más recientes y, ojalá, a administrar su actividad agrícola con mayor rigor.

La FAO ha participado fomentando la producción de leguminosas desde 1988, primero a través de variedades genéticas y definiendo los sistemas agrícolas adecuados para Zambia y, posteriormente, al amparo del proyecto en curso, multiplicando y distribuyendo suficientes semillas, negociando acuerdos con las ONG y ofreciendo apoyo a las aldeas y capacitación a los campesinos.

En el caso de Sibeso Simasiku, el proyecto le vendió semillas y se le ha proporcionado asesoría agrícola. Actualmente, donde antes sólo crecían arbustos y matorrales espinosos, Sibeso Simasiku supervisa personalmente 20 hectáreas de maíz y otras dos de caupí y dos de cacahuate.

Además, ella proporcionó semillas de caupí, productos químicos y otros insumos a diez de sus vecinos, que cultivan cada uno una hectárea de esta leguminosa al amparo de un programa de pequeños campesinos satélites. Estos conservarán parte de la cosecha, le pagarán a Sibeso Simasiku en especie por los insumos que les proporcionó y le venderán el resto.

"Para mí la ventaja de este programa de pequeños productores es que los campesinos proporcionan toda la mano de obra o contratan a otras personas para que ayuden en las faenas", explica la empresaria, al lado de Patrick Mimboela, uno de sus vecinos que por primera vez se ocupa de actividades agrícolas y que se ha jubilado en fecha reciente de su empleo en el gobierno local. Mimboela cultiva una hectárea y media de caupí para Simasiku. "Me gusta este acuerdo porque supone menos gastos para mí, sobre todo en sustancias químicas. La mano de obra no me causa problemas, sólo el capital", explica Mimboela.

Zambia es un país extenso y su población está dispersa. Es dos veces y media más grande que Italia y tiene apenas 8 millones de habitantes. Tiene muchos problemas de desarrollo que han de atenderse, como la necesidad de incrementar la producción de alimentos para una población que está aumentando mucho y cómo mejorar la instrucción, la salubridad y la infraestructura, sin contar los problemas ambientales como las sequías. Pero la escasez de tierras no suele ser un problema. El jefe local las suele asignar de acuerdo a sistemas tradicionales de tenencia. Mientras un campesino o sus descendientes sigan trabajando las tierras, pueden aprovecharlas sin gravámenes.

Las tierras de Sibeso Simasiku están limitadas por una zona virgen de matorrales y mientras persista la elevada demanda de sus productos, seguirá ampliando su producción. "El límite es el cielo", explica con una sonrisa.

8 de marzo de 1997

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