Los “jardines de limones” en la costa meridional italiana (Amalfi/península sorrentina) son un ejemplo extraordinario de cómo las prácticas agrícolas pueden modelar una entera zona geográfica.
Durante siglos, las costas escarpadas de la península sorrentina han sido modeladas en forma de terrazas descendentes hacia el mar, con el fin de aprovechar un terreno escaso y abrupto para el cultivo de uno de los frutos más codiciados en el Mediterraneo: el limón (Citrus ssp).
En sus numerosas variedades, el limón es rico en vitamina C, esencial para combatir el escorbuto, una enfermedad que minaba la vida de los marineros en la época de los primeros viajes trasatlánticos. Al descubrirse sus propiedades curativas, el limón llegó a cambiarse por oro en los puertos mediterráneos, lo que estimuló, sin duda, el cultivo en las poblaciones costeras como las de la península sorrentina.
Hoy día, el cultivo ecológico de numerosas variedades locales de limones es la base de una floreciente economía local; es fuente de conocimiento tradicional acumulado durante generaciones y de una amplia variedad de subespecies, y proporciona, además, un bello espectáculo visual: el de las terrazas de limones en flor y sus características techumbres de paja, conocidas como “pagliarelle”.