Por desarrollo sostenible se entiende “el manejo y conservación de la base de recursos naturales y la orientación del cambio tecnológico e institucional de tal manera que se asegure la continua satisfacción de las necesidades humanas para las generaciones presentes y futuras. Este desarrollo sostenible conserva la tierra, el agua y los recursos genéticos vegetales y animales, no degrada el medio ambiente y es técnicamente apropiado, económicamente viable y socialmente aceptable” (Consejo de la FAO, 1989).
El desarrollo sostenible tiene numerosas definiciones, y en la Cumbre para la Tierra de 1992 sus principios ecológicos, económicos y sociales fueron recibidos con un apoyo universal. Uno de los resultados fundamentales de dicha cumbre —el Programa 21— ha quedado consignado en un entero capítulo (el Capítulo 14) que trata de agricultura sostenible y desarrollo rural. Sin embargo, la elaboración y ejecución de un enfoque integrado con el cual analizar las tres dimensiones de la sostenibilidad, entendida como una entidad completa y coherente, y la incorporación de estas dimensiones en las actuaciones de desarrollo o en las estrategias operativas son cuestiones que aún plantean desafíos considerables.
A lo largo de la cadena de valor, en el plano internacional, nacional, regional y comunitario y a nivel de la finca o de los productos básicos, numerosas instituciones y expertos han consagrado años a la ideación de múltiples marcos de evaluación, normas y conjuntos de indicadores relacionados con la sostenibilidad. Más de un centenar de países han implantado estrategias nacionales para el desarrollo sostenible, las cuales también incluyen metas e indicadores de la sostenibilidad que les permiten medir la eficacia de sus esfuerzos en la consecución de tales estrategias. La industria alimentaria ha adoptado la política de presentar informes de responsabilidad de las empresas; se ha generalizado el uso de métodos de cuantificación de los impactos ambientales de los productos y servicios; y se dispone de normas sociales y de variados instrumentos para la medición de la sostenibilidad a nivel de la explotación agrícola.
A nivel operativo, muchos agentes se esfuerzan por generar ingresos atendiendo al mismo tiempo a la salvaguarda de los recursos naturales mediante la producción de un mayor número de productos sostenibles, éticos o «verdes». Varias empresas alimentarias han tomado disposiciones encaminadas a evaluar su propio rendimiento, pero poniendo un énfasis diferenciado en las distintas dimensiones de la sostenibilidad (ambiental, económica o social), y ciñéndose, dentro de esas dimensiones, a diversos patrones para probar su carácter de empresas sostenibles. No obstante, hasta la fecha no existe una referencia internacional que defina qué implica realmente una «producción sostenible».
La FAO se ha cimentado en las iniciativas existentes para elaborar, en condiciones de competencia equitativas, unas directrices destinadas al análisis de la cadena de valor alimentaria. Estas directrices sirven como plantilla para la evaluación de la sostenibilidad de la cadena alimentaria y constituyen un instrumento que puede ser utilizado por productores, fabricantes y minoristas de alimentos. En última instancia, el propósito de la Organización es formular un marco universal para la evaluación de la sostenibilidad para la agricultura y la alimentación (SAFA).
El concepto de SAFA ha evolucionado en los últimos cuatro años de acuerdo con un criterio participativo, y mediante la celebración de reuniones de expertos y foros electrónicos. En la historia de SAFA, se explica más detalladamente el desarrollo que el concepto de SAFA ha conocido hasta la fecha. La Versión de prueba 1.1 de las Directrices voluntarias se ha experimentado en países selectos y en cadenas de suministro agrícolas, forestales y pesqueras, incluidas las empresas pequeñas y grandes que operan en el sector de los productos básicos alimentarios y no alimentarios. Las experiencia sobre el terreno se dio a conocer y se analizó en un Taller de profesionales y asociados del SAFA, celebrado en la FAO, Roma, del 18-19 de marzo de 2013. El Informe del taller resume los cambios que se están introduciendo en las Directrices.