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Bolivia (Plurinational State of)

Riego y drenaje

Evolución del desarrollo del riego

El uso del riego en el Estado Plurinacional de Bolivia data de los tiempos precolombinos. Los indígenas construían sistemas rudimentarios, que les permitieron experimentar con el riego y crear una cultura alrededor del uso del agua.

Con la llegada al Estado Plurinacional de Bolivia de la denominada Misión Mexicana (Comisión Nacional de Irrigación de México), a partir de 1938, de forma conjunta a la organización de una sección dependiente del Ministerio de Agricultura (Dirección General de Riegos), se comenzaron a planificar las obras más necesarias en el desarrollo del riego. Se construyeron en esta época los dos sistemas de riego públicos de La Angostura y Tacagua, finalizados en 1944 y 1961 respectivamente, de los que no se lograron concluir los sistemas complementarios de drenaje, obras singulares y caminos.

Producida la Reforma Agraria en 1953, se iniciaron algunas pequeñas obras de regadío. Posteriormente, en 1966 se creó una unidad descentralizada, el Servicio Nacional de Desarrollo de Comunidades, que se encargó de construir pequeñas obras de riego con fondos provistos por el USAID, el Gobierno y el aporte campesino con mano de obra y materiales de construcción locales. Al mismo tiempo, se creó en el Ministerio de Agricultura la División de Suelos, Riegos e Ingeniería, como entidad promotora, reguladora, coordinadora y ejecutora de la política de desarrollo rural del país. En 1975, dicha sección pasó a denominarse Dirección de Ingeniería Agrícola y en 1980 tomó la denominación de Dirección Nacional de Cuencas Hidrográficas, con departamentos técnicos de suelos, riegos e ingeniería que prestaban asistencia técnica al sector público agropecuario y a entidades privadas. Sin embargo, el desarrollo mayor del riego en el país ha tenido lugar en los proyectos de riego a pequeña escala, también denominado localmente micro riego.

La superficie potencial de riego en el Estado Plurinacional de Bolivia, teniendo en cuenta la aptitud del clima, suelos y recursos hídricos, se estima en aproximadamente 4.5 millones de ha. Las principales limitaciones al desarrollo del riego en el país son de carácter técnico (disponibilidad hídrica, fisiografía irregular y topografía accidentada, altitud y clima), social (capacitación, capacidad técnica y participación de los usuarios), institucional (ausencia de una institución central de planificación y normativa y ausencia de instituciones de formación de técnicos) y económico-financiera.

El Estado Plurinacional de Bolivia tiene aproximadamente 297 166 ha bajo riego de las cuales 12 229 ha usan los sistemas de riego durante el verano y el invierno, y el resto solamente durante el verano (Tabla 4) (INE, 2008; FAO, 2006). Se estima que la superficie equipada para el riego es igual a la superficie efectivamente regada. En el país existen más de 5 597 sistemas de riego, la mayor parte de ellos están ubicados en los Valles y el Altiplano.



En cuanto a las técnicas de riego más utilizadas, la utilización del riego por aspersión y riego localizado es incipiente y la mayor parte del área puesta en riego se realiza por superficie, principalmente por surcos e inundación. En 2011, la superficie bajo riego por superficie fue de 275 866 ha, por aspersión fue de 17 600 ha y por riego localizado fue de 3 700 ha (Figura 2).


Los sistemas de riego en su gran mayoría presentan escasez de agua porque se abastecen de fuentes intermitentes. Además, una gran parte no cuentan con obras de regulación o almacenamiento, y su infraestructura en canales y otras obras hidráulicas son generalmente muy precarias, lo que ocasiona una baja eficiencia en el almacenamiento y conducción.

Se estima que el 94 por ciento de la superficie se riega a partir de aguas superficiales (presa de derivación o toma directa), mientras que el 5 por ciento, o 14 160 ha, se riega a partir de aguas subterráneas (pozos y galerías filtrantes). Un 1 por ciento, o 1 560 ha se riega con agua residual municipal tratada (Figura 3).


La mayor superficie puesta en riego en el país corresponde al riego privado a pequeña escala, constituido generalmente por simples derivaciones de una corriente superficial con sistemas de distribución por canales y acequias en tierra. La mayor parte de estos trabajos han consistido en la rehabilitación y mejora de los sistemas tradicionales ya existentes a bajo coste (una media de 3 500 $EE.UU/ha). Estas mejoras se han llevado a cabo generalmente con una contribución aproximada del 10 por ciento de los costes de la inversión por parte de las comunidades, en trabajo y materiales locales. Los beneficiarios de estos sistemas se han unido en Comités de Usuarios y toman la responsabilidad en la gestión del sistema.

Los sistemas de riego muestran un amplio rango en su dimensión física y social y en su capacidad de gestión, lo que se explica en parte por la diversidad fisiográfica y de pisos ecológicos en los que se encuentran. La mayoría son pequeños sistemas de riego “tradicionales”, construidos rústicamente y manejados por campesinos y su desempeño está fuertemente ligado a los usos y costumbres. En 2000, los sistemas menores de 100 ha ocupan una superficie de 97 165 ha, los sistemas de entre 100 y 500 ha ocupan una superficie de 65 945 ha y los sistemas mayores de 500 ha ocupan una superficie de 63 455 ha (Figura 4). Los sistemas más típicos varían de 10 a 500 ha. La operación y mantenimiento se hace generalmente a través de la comunidad de usuarios.


A lo largo de los últimos años no se han introducido importantes cambios y mejoras significativas en los sistemas de riego que resultan muy vulnerables a la estacionalidad de las lluvias.

El papel del riego en la producción agrícola, la economía y la sociedad

La superficie total cosechada de cultivos con infraestructura para el riego asciende a 284 248 hectáreas en 2008, de las cuales los más importantes son la papa con 57 753 ha (20 por ciento del total), el maíz con 57 567 ha (20 por ciento), el arroz con 35 230 ha (12 por ciento), las legumbres con 27 791 ha (10 por ciento) y las hortalizas con 22 825 ha (8 por ciento) (Tabla 4 y Figura 5).


Los principales cultivos en riego del Altiplano son papas, cebada y otros cereales; en los Valles se cultivan el maíz, frutales, hortalizas, cereales, legumbres y papas, mientras que en Los Llanos se está desarrollando una agricultura comercial con buenas perspectivas futuras (caña de azúcar, algodón, soja, café, etc,), especialmente para cultivos destinados a la exportación. Dada la dominancia de los cultivos dedicados al autoabastecimiento, la producción para la comercialización es muy baja obligando a la importación de numerosos productos, especialmente de cereales.

En el Altiplano, sin tener en cuenta la disponibilidad de agua, debido a las bajas temperaturas del resto del año, el cultivo sólo puede tener lugar durante el verano. Por tanto, aunque el riego no puede incrementar la intensificación de los cultivos, su papel más importante es asegurar el crecimiento del cultivo en años o períodos de sequía, además de dar la posibilidad de regar pastos artificiales (fundamentalmente alfalfa), reduciendo de esta forma los problemas derivados del sobrepastoreo de los pastos tradicionales, y en ciertas áreas permite el cultivo de productos con un mayor valor añadido, como es el caso de la hortalizas. El riego en los Valles y Oriente, sin embargo, tiene un potencial productivo mucho mayor ya que el riego permanente permite una mayor intensificación de los cultivos (dos y hasta tres cultivos por año), así como una mayor flexibilidad para adaptar las épocas de cosecha.

La mujer y el riego

Como consecuencia de la capacitación de mujeres, el 20 por ciento de los comités de administración, operación y mantenimiento de los sistemas de agua instalados en zonas rurales están a cargo de mujeres. Dichos sistemas han mostrado mayor eficiencia que los administrados por varones, ya que cuando se produce algún desperfecto en las bombas éstos no tienen la misma urgencia en repararlo. También se ha contado con las mujeres de sectores populares para promover una cultura de uso ambientalmente adecuado del agua, y se han llevado a cabo proyectos comunicativos para la transferencia de tecnología, desde quienes la generan hacia un grupo social determinado, en este caso las mujeres. Sin embargo, la puesta en práctica de estas metodologías y de la capacitación enfrenta importantes resistencias por parte de los administradores, y presenta gran vulnerabilidad ya que su aplicación y éxito depende, en la mayoría de los casos, de voluntades individuales, y no de políticas claras al respecto. En general, existe la errónea percepción que los proyectos benefician de manera homogénea a todos los miembros de la comunidad, por lo que no es necesario introducir la variable género (CEPAL and Rico, 1998).

Las mujeres campesinas andinas suelen participar más en las actividades de riego que los hombres. Así mismo, suelen participar más en las actividades de cosecha y post-cosecha como el secado, la selección, la venta y el cobro a nivel de finca y de mercado del pueblo. El hombre, en cambio, se encarga preferentemente del control de plagas, pesaje, transporte al mercado, control de la maleza, almacenamiento, fertilización y comercialización fuera del pueblo (Kleysen, 1996).

     
   
   
             

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