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Mexico

Riego y drenaje

Evolución del desarrollo del riego

La superficie potencial de riego en función de la aptitud de la tierra es de 13.5 millones de ha, que se reducen a 9.8 millones de ha si se tiene en cuenta la disponibilidad de agua. La mayor parte de las tierras subutilizadas se localizan en el trópico húmedo.

El desarrollo del sector del riego en México ha estado íntimamente ligado a los procesos de la Revolución Mexicana y la Reforma Agraria. En el año 1920 había un millón de hectáreas bajo riego, principalmente del sector privado. A partir de esta época, la mayor parte de las inversiones en materia de riego fueron encaminadas a desarrollar grandes zonas regables y obras hidráulicas, pero no se desarrolló un marco legal adecuado que favoreciese la inversión del sector privado. Así en 1945, la superficie bajo riego de propiedad privada seguía siendo del orden de un millón de hectáreas, mientras que la total era ya de dos millones de hectáreas. En 1965 la superficie de riego era de 3.5 millones de ha, correspondiendo el aumento casi en su totalidad al sector público. En 1980 se llegó a los 5.3 millones de ha, de los que sólo correspondían 1.3 millones al sector privado. La superficie total con infraestructura de riego en 1997 era cercana a los 6.3 millones de ha. La superficie realmente regada en el mismo año fue de 5.5 millones de ha.

En 2009, el área con infraestructura para riego es de 6.46 millones de ha (Tabla 7), de las cuales 3.46 millones corresponden a 85 distritos de riego (DR), y las restantes 3 millones de ha a más de 39 000 unidades de riego (UR). Los DR y UR fueron diseñados de acuerdo con la tecnología prevaleciente para la aplicación del agua por gravedad en las parcelas. En muchos casos sólo se construyeron las redes de canales y drenes principales, quedando las obras parcelarias a cargo de los usuarios. Esto, sumado al deterioro de la infraestructura, acumulado en varias décadas por la insuficiencia de recursos económicos destinados a su conservación y mejoramiento, propiciaron una baja en la eficiencia global en el manejo del agua. En 2007, la superficie con infraestructura de riego efectivamente regada se estimó en 5.44 millones de ha (CONAGUA, 2011a). En la actualidad, México ocupa el séptimo lugar en el mundo de superficie con infraestructura para el riego después de India, China, Estados Unidos de América, Pakistán, República Islámica de Irán e Indonesia.



Los DR son proyectos de irrigación desarrollados por el Gobierno Federal desde 1926, año de creación de la Comisión Nacional de Irrigación, e incluyen diversas obras, tales como vasos de almacenamiento, derivaciones directas, plantas de bombeo, pozos, canales y caminos, entre otros. A diciembre de 2009, se había transferido a los usuarios más del 99 por ciento de la superficie total de los DR como se explica en el apartado de Gestión del agua. Los distritos de riego se encuentran localizados en casi todas las entidades federativas del país, con excepción de Campeche, Distrito Federal y Tabasco. Las UR, también llamadas URDERALES, son operadas por ejidatarios y pequeños propietarios, que en algunos casos se encuentran organizados en las unidades. Por su complejidad, variedad y extensión generalmente reducida, se dispone de menor información actualizada sobre las superficies en comparación con los DR (CONAGUA, 2011a).

En cuanto al origen del agua de riego, tradicionalmente los grandes sistemas de riego han estado constituidos por embalses o derivaciones de ríos y canales de gravedad, empleándose como técnica de riego el riego por superficie. Así se desarrollaron los primeros sistemas de riego, que constituyen hoy los Distritos de Riego del Noroeste y que presentan pérdidas considerables en la red (eficiencia global entre el 25 y 35 por ciento). Iniciada la utilización de las aguas subterráneas, solamente cuando se establecieron zonas de veda de asignaciones y de volúmenes de extracción (especialmente en la zona central del país: Guanajuato, Querétaro, Distrito Federal, etc.) debido a la sobreexplotación de acuíferos, se empezaron a modificar los sistemas de riego y a mejorar sus eficiencias. Las zonas con mayor tradición en el riego y que han comenzado a sentir los efectos de la escasez del agua, son las que han comenzado a mejorar su eficiencia de riego (zonas centro, noroeste y norte), mientras que en aquellas donde el agua es más abundante (zona sur-sureste), esta mejora se ha producido de una forma más lenta.

En los DR la fuente superficial puede ser una presa (70 por ciento de la superficie total), derivación (17 por ciento) o bombeo directo a la corriente (2 por ciento), mientras que la fuente subterránea se aprovecha necesariamente a través del bombeo de pozos (11 por ciento). En 2009 los DR emplearon 28.9 km3 de agua superficial y 3.3 km3 de agua subterránea (CONAGUA, 2011a). Las UR se riegan principalmente con agua subterránea y pequeñas presas de almacenamiento y derivación (CONAGUA, 2011c). La Tabla 8 y la Figura 3 muestran el origen del agua en la superficie total bajo riego en 1997 y en 2009 respectivamente.




Con relación a el uso directo de las aguas residuales, tratadas o no, éstas se usan principalmente en el estado de Hidalgo, provenientes de las descargas de la Ciudad de México y en menor proporción en Distritos de Riego de los estados de Guanajuato, México, Jalisco y Michoacán, entre otros.

Las mejoras en la eficiencia de riego, también ha repercutido en las técnicas de riego. En este contexto el gobierno impulsó en los años 90 un programa de ferti-irrigación, que tenía como objetivo incrementar la productividad de las superficies bajo riego y reducir el consumo de agua. Favorecidos por dicho programa, en el período 1993-1997, la superficie con riego por aspersión y localizado aumentó un 135 por ciento (310 800 ha en 1997) y 119 por ciento (143 050 ha en 1997), respectivamente, mientras que el riego por superficie abarcaba 5 802 000 ha o el 93 por ciento del total de la superficie. Buena parte de la superficie bajo riego localizado, ha sido transformada para el riego de frutales. En la actualidad, aproximadamente el 80 por ciento de la superficie con infraestructura para el riego se riega con riego superficial y el resto de la superficie con riego presurizado (aspersión o localizado) (Consejos de Cuenca, 2006) (Figura 4).


La mayoría de los DR suelen ser sistemas de riego grandes, con un promedio de tenencia de tierra de 6.4 ha por usuario. Las UR suelen ser pequeños sistemas de riego con una tenencia de tierra promedio de 3.5 ha por usuario. En 1997, el total de usuarios beneficiados por el riego en México era de 1.3 millones con un 79 por ciento de ejidatarios o personas en régimen de beneficiario de ejido sin ser propietarios de la tierra. En dicho año existían 2 DR y 39 718 UR con superficie menor de 1 000 ha, 8 DR con superficie entre 1 000 y 5 000 ha, y 74 DR con superficie mayor de 5 000 ha. En 2009 se estimó que el 53 por ciento de la superficie total de riego consistía en explotaciones de tamaño grande (> 5 000 ha), un 1 por ciento en explotaciones de tamaño mediano (1 000 – 5 000 ha) y un 46 por ciento, o todas las explotaciones de las UR, se consideraron explotaciones pequeñas (<1 000 ha) (Tabla 7 y Figura 5).


A día de hoy se encuentran los siguientes proyectos en proceso (CONAGUA, 2011a):

  • Distrito de Riego 014 (Baja California y Sonora): Modernización y tecnificación de 203 400 ha.
  • Cuenca Lerma-Chapala: Modernización y tecnificación de 323 000 ha.
  • Cuenca Río Bravo: Modernización y tecnificación de 73 000 ha.
  • Picachos (Sinaloa): Presa de 0.562 km3 para riego de 22 500 ha y abastecimiento a Mazatlán.
  • El Naranjo (Colima y Jalisco): Presa de 0.135 km3 para riego de 7 500 ha.

El papel del riego en la producción agrícola, la economía y la sociedad

En 1995, un total de 128 cultivos se cultivaron bajo riego sobre un total de 148 cultivos totales en el país. Nueve cultivos, o grupos de cultivos, ocupaban el 79 por ciento de la superficie bajo riego: maíz, trigo, oleaginosas, forrajes perennes, hortalizas, sorgo, fríjol, frutales y caña de azúcar. En la agricultura de secano predominan los mismos cultivos, excepto el trigo y las hortalizas que pierden relevancia mientras que a su vez la gana el café. Generalmente en los ejidos predominan los granos básicos mientras que el sector privado presenta una mayor diversificación de cultivos, con un énfasis especial en los de alto valor añadido. En el 2009, para los principales cultivos por superficie cosechada, el maíz grano, el sorgo grano y el frijol, el rendimiento, medido en ton/ha, de la superficie de riego, fue de 2.2 a 3.6 veces mayor que la productividad de temporal. Como ejemplo, el maíz grano rindió 7.33 ton/ha en régimen de riego y 2.06 ton/ha en régimen de secano (CONAGUA, 2011a).

En 2009, la superficie total cosechada de cultivos con infraestructura para el riego asciende a 5 966 875 ha, de las cuales los más importantes son los cultivos de grano con 3 208 225 ha (54 por ciento del total), los forrajeros con 1 199 926 ha (20 por ciento), las hortalizas con 513 867 ha (9 por ciento), los frutales con 299 388 ha (5 por ciento), los cultivos industriales con 258 475 ha (4 por ciento), los cítricos con 182 303 ha (3 por ciento), los textiles con 157 789 ha (3 por ciento), las oleaginosas con 76 838 ha (1 por ciento) y otros cultivos con 70 064 ha (1 por ciento) (Tabla 7 y Figura 6) (CONAGUA, 2011c y CONAGUA, 2008b). La Tabla 9 muestra la superficie cosechada regada por cultivo en DR y UR. En los DR, los principales cultivos por superficie cosechada en 2009 fueron maíz y trigo, que representan juntos el 46 por ciento de la superficie. Ambos cultivos son el 24 por ciento de la producción en toneladas y el 36 por ciento del valor de producción (CONAGUA, 2011a).




De la superficie cosechada en los DR en 2010, se concentró el 73 por ciento del total en sólo seis entidades (Sinaloa, Sonora, Tamaulipas, Michoacán, Baja California, y Guanajuato). Sinaloa es la entidad con mayor superficie cosechada bajo riego, con el 32 por ciento de la superficie cosechada de riego. De la superficie cosechada en los DR, aproximadamente el 51 por ciento son cultivos de ciclo otoño-invierno, el 22 por ciento son cultivos de ciclo primavera-verano, el 20 por ciento son cultivos perennes, y el 8 por ciento son segundos cultivos (CONAGUA, 2011c).

En 2000, el costo medio, teniendo en cuenta la instalación predial, variaba de los 1 500 $EE.UU./ha para el riego por superficie, a 2 250 $EE.UU./ha para el riego por aspersión y 2 500 $EE.UU./ha para el riego localizado. A estos costes habría que añadir el coste de captación y de la red principal, cercano a los 5 000 $EE.UU./ha para aquellos sistemas que son servidos a partir de aguas procedentes de embalses y de 1 500 a 2 000 $EE.UU./ha, en aquellos sistemas que utilizan aguas subterráneas procedentes de pozos. Estos últimos costes medios varían considerablemente con el tamaño del sistema de riego. Las cuotas que se cobraban en el año 2000 por servicio de riego oscilaban entre las 40 $EE.UU./ha/año en sistemas servidos por aguas superficiales por gravedad y entre 150 y 200 $EE.UU./ha/año para los servidos a partir de aguas procedentes de pozo, considerando las tarifas eléctricas subsidiadas, que usualmente pagan los usuarios. En cuanto a la operación y mantenimiento de los sistemas de riego se estima que son un 30 por ciento superiores a las citadas cuotas.

La mujer y el riego

El registro de predios impulsado por el Programa de Certificación de Derechos Ejidales y Solares Urbanos (Procede) generó un mercado del agua que condiciona el uso de los pozos, manantiales y arroyos al pago de derechos a los dueños de la tierra. Por lo tanto, el acceso a las fuentes de agua es más limitado para las mujeres rurales porque son propietarias de la tierra en una proporción mucho menor que los varones: sólo una de cada cinco ejidatarios y comuneros es mujer. Por ejemplo, una investigación realizada en Chiapas encontró que sólo el 4 por ciento de los 1 129 comités de agua tienen representación femenina, uno por ciento de los cargos existentes está en manos de mujeres y sólo dos mujeres ocupan el puesto de mayor jerarquía.

Hay poca información sobre la participación directa de las mujeres en todo el ciclo de la producción agrícola. Lo que es cierto es que son ellas quienes, cada vez con más frecuencia, administran los predios y las remesas y constituyen el principal soporte de la vida rural. No obstante, las estructuras para la administración del agua de riego son excluyentes de las mujeres. Ellas no son consideradas usuarias pues eso depende de la propiedad de la tierra que está mayoritariamente en manos de hombres (La Jornada del Campo, 2008). Asimismo, sucede que el riego es considerado simbólica y culturalmente una actividad de hombres a pesar que son muchas las mujeres que participan en ella, y existe una percepción errónea de la distribución de las tareas productivas al interior de las unidades familiares campesinas que oculta el trabajo que realizan las mujeres. Estas condiciones hacen que en los proyectos de riego no se las consulte, y en general se las excluya de las decisiones y de los beneficios, potenciando la discriminación y la inseguridad que las afecta (CEPAL y Rico M.N, 1998).

El acarreo de agua significa en promedio una carga de trabajo adicional de tres horas semanales para los hombres y tres horas y media para las mujeres. En algunas comunidades de los Altos de Chiapas las mujeres reportaron que destinan entre dos y seis horas diarias a la obtención del líquido en tiempo de secas (La Jornada del Campo, 2008).

Estado y evolución de los sistemas de drenaje

En 1997, existían en México 2.78 millones de ha con drenaje en los sistemas de riego. Existen además, otros 2.4 millones de ha en 18 Distritos de Temporal Tecnificado (DTT) donde el Gobierno Federal ha construido algún tipo de infraestructura hidráulica destinada a la evacuación del agua en exceso o a la protección contra inundaciones, principalmente en las planicies tropicales y subtropicales del país. En el trópico húmedo hay un potencial de DTT de 7.5 millones de ha. Los DTT se encuentran en los estados de Tamaulipas (655 000 ha), San Luis Potosí (50 000 ha), Nayarit (24 000 ha) y el sur del país; Veracruz (126 698 ha), Campeche (103 000 ha), Tabasco (345 675 ha), Yucatán (693 174 ha) y Chiapas (421 949 ha).

A partir de 1991, la responsabilidad de los DTT se confirió a la Comisión Nacional del Agua. Hasta 1997 se contaba con 5 056 km de caminos, 3 739 km de drenaje, 663 km de bordos de protección y 4 939 estructuras. El coste medio de instalación del drenaje en dichos DTT variaba en 1997 entre 500 y 1 000 $EE.UU./ha.

     
   
   
             

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