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Panama

Riego y drenaje

Evolución del desarrollo del riego

Existen aproximadamente 270 000 ha con suelos aptos para el riego, la mayor parte del área situada en Chiriquí y el Arco Seco. No obstante, en base a la disponibilidad de aguas, la distribución desigual espacial y temporal de las lluvias, la estimación de dicho parámetro se reduce a 186 897 ha y a 71 673 ha considerando sólo el uso de aguas superficiales, en base a los caudales mínimos, sin la construcción de ninguna presa (MIDA, 1997).

El riego se inició en Panamá en 1920 con las plantaciones de banano, aumentándose el área regada a mitad del siglo, con el cultivo de la caña de azúcar. La participación del Estado comenzó en 1960 con un énfasis especial en la región del Arco Seco. En 1970 existían bajo riego 22 300 ha y en los años 1980 se llegó a las 37 000 ha. En 1990, con el desarrollo de 130 pequeños proyectos, el área bajo riego alcanzó las 40 000 ha, beneficiando a 1 000 familias. Los productores de Azuero y Cocle promovieron en 1992 y 1993 la utilización del riego, como consecuencia de los efectos de la sequía experimentada en dicha época. No obstante, cerca de 12 000 ha dejaron de ser regadas entre 1990 y 1997, la mayoría de las cuales eran parte de sistemas de riego públicos y estatales. Esto fue consecuencia de la recesión económica al inicio de la década y del deterioro y posterior abandono de las explotaciones agrícolas públicas. Desde 1995 se renovó el interés por modernizar la producción agrícola y el incremento de la productividad, promoviéndose la integración de los agricultores en los mercados internacionales. En 1996 se formó la Dirección Nacional de Desarrollo Agrícola (DINDA) del Ministerio de Desarrollo Agropecuario (MIDA), destinada a apoyar la reactivación del riego en el país y se dio paso a la formulación del Plan Nacional de Riego y Drenaje.

En 1997, la superficie equipada para el riego era de 34 626 ha y la superficie efectivamente regada fue de 27 886 ha. La superficie bajo riego dominada por el sector privado era de 25 176 ha. Existían cuatro sistemas de riego públicos de uso colectivo (Lajas, El Caño, La Herradura y El Salto), construidos y operados por el Estado, y dos estatales (INA y el Ingeniero La Victoria), con una superficie regable de 9 450 ha de las que tan sólo fueron regadas 2 710 ha (MIDA, 1997). Las diferencias entre áreas regadas y su extensión regable se debía a la falta de cultura de riego en algunos agricultores, al abandono del riego por deterioro de la infraestructura de los sistemas, a los altos costos de rehabilitación y otros factores económicos que indujeron a los agricultores en años pasados, a cambiar su actividad hacia la ganadería.

En 1997, se promulga el Plan Nacional de Riego con el objetivo principal de fomentar el aumento en la productividad agrícola a través del desarrollo de la agricultura bajo riego. Además, se considera el desarrollo de presas cuando los proyectos hídricos sean de propósito múltiple o cuando éstos sirvan para garantizar agua de riego a superficies más extensas (MIDA, 1997).

Entre 1997 y 2007, el Estado, a través del MIDA, realizó inversiones en el subsector de riego y drenaje por un valor global de 106 millones de $EE.UU. Estos proyectos beneficiarían a un total de 1 386 agricultores dedicados a la producción de arroz, caña de azúcar, cucurbitáceas, hortalizas, frutales, pasto y a la ganadería.

En 2009, el área equipada para el riego se estimó en 32 140 ha, de las cuales 23 900 ha o el 74 por ciento correspondían a riego por superficie, 3 740 ha o el 12 por ciento a riego por aspersión y 4 500 ha o el 14 por ciento a riego localizado (Tabla 5 y Figura 2). Tan sólo el 2 por ciento de la superficie bajo riego se riega con agua subterránea (Figura 3). El área principal de riego se localiza en las provincias de Chiriquí, Veraguas, Coclé, Herrera y Los Santos. Las últimas tres provincias en conjunto forman el Arco Seco en la costa del Pacífico, con un promedio de 25 mm/mes en los meses de verano.







La superficie regada se puede dividir en sistemas de riego privado y público. El sector privado abarca 25 549 ha o el 80 por ciento del total, siendo Coclé la provincia más importante con el 63 por ciento del total, seguido por Veraguas con el 16 por ciento y Los Santos con el 7 por ciento. Los sistemas de riego públicos de uso colectivo dominaban una superficie de 6 491 ha, siendo 2 610 ha para el riego por gravedad (El Caño, La Herradura, Lajas y Las Margarías), 640 ha para el riego por aspersión (El Salto), 3 200 ha para el riego por gravedad, aspersión y localizado (Remigio Rojas); y 41 ha para el riego localizado y por aspersión (El Faldar). Existe otro sistema de riego estatal, localizado en el Instituto Nacional de Agricultura (INA), un centro de enseñanza técnica, con capacidad de regar unas 100 ha.

En 2009, las grandes explotaciones de riego (> 40 ha) abarcaban una superficie de 30 930 ha, o el 96 por ciento del total de la superficie con infraestructura de riego; las explotaciones medianas (10-40 ha) abarcaban 960 ha o el 3 por ciento del total, y las explotaciones pequeñas (< 10 ha) abarcaban 250 ha o el 1 por ciento del total (Figura 4).


El papel del riego en la producción agrícola, la economía y la sociedad

La superficie total cosechada de cultivos con infraestructura para el riego asciende a 44 678 ha en 2009, de las cuales los que ocupan un área mayor son el arroz con 21 243 ha (48 por ciento del total) y la caña de azúcar con 13 799 ha (31 por ciento) (Tabla 5 y Figura 5).


En 2013, el costo medio del desarrollo de explotaciones con riego por superficie es de 3 000 $EE.UU./ha, y el de la rehabilitación es de 2 000 $EE.UU./ha. El costo medio de la instalación en la explotación del riego por aspersión es de 4 000 $EE.UU./ha y en la explotación del riego localizado es de 5 000 $EE.UU./ha.

La mujer y el riego

Durante las últimas décadas, la participación de la mujer en la fuerza de trabajo agrícola ha ido en aumento. Aun así, las mujeres tienen todavía un acceso limitado a la extensión agrícola, a la capacitación y a la transferencia tecnológica. Una de las causas de esta carencia ha sido el no reconocimiento de las mujeres rurales como productoras. Por otro lado, el acceso al agua y al riego está íntimamente ligado a la tenencia de la tierra, por lo que la mujer está en desventaja al ser esta mayoritariamente masculina.

Diversos proyectos se han llevado a cabo para potenciar la participación de la mujer en el riego. Entre ellos se encuentra el proyecto de la Asociación de Mujeres Rurales “La Amistad”, en la provincia de Panamá, llevado a cabo entre 2005 y 2007 para dotar a sus miembros de un sistema de riego por goteo que contribuya a incrementar su nivel de ingresos y mejorar su calidad de vida (Cortes Aguilar, 2004).

Estado y evolución de los sistemas de drenaje

En Panamá no se tienen problemas de salinización de suelos, y los proyectos de drenaje y anegamiento no son prioritarios.

En 2004, el MIDA desarrolló los Estudios de factibilidad y diseños finales de los proyectos de riego y drenaje del Valle de Tonosí, en la provincia de Los Santos, y de Barú, en la provincia de Chiriquí. Ambos proyectos consideraban el establecimiento de una importante red de drenaje con el objeto de favorecer el desarrollo de la agricultura bajo riego.

     
   
   
             

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