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Lecciones aprendidas

 

Proyecto/Tópico:

La Voz de los Niños. Percepciones y Vivencias acerca del Trabajo Infantil en el Campo.

   

Autores del documento:

 

Giselle Silva Panez, Programa Proniño, Fundación Telefónica del Perú, Lima (Perú)

 

Documento completo:

Silva P. Giselle, La Voz de los Niños sobre el Trabajo Infantil . Percepciones y Vivencias acerca de esta Problemática, Lima , Programa Proniño, Fundación Telefónica´- Perú, 2008 (forthcoming).

   

Enfoques participativos utilizados:

  • Investigación participativa con niños

 

El Estudio

El estudio tuvo como propósito dar voz a niños trabajadores, preguntándoles sobre sus opiniones y vivencias acerca de un tema que los afecta directamente. Siguiendo la voluntad de conocer desde ellos mismos la profundidad de este problema, sus condicionantes, implicancias y consecuencias en sus vidas y desarrollo integral, los niños y niñas de cuatro departamentos del Perú expresaron su sentir y pensar sobre el trabajo infantil. Ellos mismos cuentan sobre su realidad laboral, las causas y el impacto del trabajo en sus vidas a nivel personal, social y escolar.

 

Objetivos y metodología

Como estrategia de investigación se empleó una metodología mixta, que permitió conseguir información cuantitativa y cualitativa.

A través de tres técnicas complementarias de recopilación, los mismos niños se convirtieron en informantes. Éstas consistieron en una encuesta acerca de la historia laboral y la vida actual del niño trabajador, un cuestionario sobre las representaciones sociales del concepto “niños que trabajan” y un dibujo proyectivo sobre un niño trabajando acompañado por una encuesta. Asimismo, se entrevistó a profundidad a un grupo de 24 niños seleccionados. El conjunto de estrategias que integran el trabajo de campo se llevaron a cabo en julio de 2008, con el apoyo de una asistente de investigación.

Se definió como universo de la muestra a los niños, niñas y adolescentes de 7 a 17 años, beneficiarios del programa Proniño en cuatro departamentos. La muestra estuvo conformada por 384 participantes matriculados en 9 colegios de dos comunidades de la zona rural de Moro, en Ancash, un distrito de la zona urbano marginal de la ciudad costeña de Chiclayo, dos distritos de la zona urbana y urbano marginal de la ciudad serrana de Arequipa y dos distritos de la zona urbano marginal de Lima, la capital del Perú.

Para las entrevistas semi-estructuradas se seleccionó a 24 menores, 6 de cada departamento, que estuvieron dispuestos a brindar sus testimonios con mayor profundidad sobre su situación como niños trabajadores.

 

Resultados : la realidad laboral de los niños en el campo

En términos generales la investigación ha destacado que en la zona rural,a diferencia de lo que ocurre en las ciudades, la valoración del trabajo infantil es positiva. El 75,6% de niños del área rural considera que es bueno que un niño trabaje. La mitad de éstos permitiría que sus hijos pequeños lo hagan y 69,2% piensa que los niños en el campo pueden empezar a trabajar antes de cumplir 11 años de edad. Además, un alto porcentaje de participantes de la zona rural (56,4%) desvaloriza y censura a los niños que no trabajan. Los ven como “ociosos”, “haraganes”, “engreídos”, y afirman que “deberían ayudar a sus padres”. En cambio, en la zona urbano-marginal los niños trabajadores idealizan la situación del niño que no trabaja y consideran que el trabajo infantil es malo.

Motivación y Actividades laborales

La razón principal que motiva a los niños entrevistados a trabajar (77,1%) y a persistir en ello (69,9%) es la insuficiente situación económica familiar, y la necesidad de los niños de ayudar a sus familias. La influencia de la familia en esta decisión es fundamental, especialmente en el campo, donde más del 80% de participantes declara que fueron sus padres quienes los introdujeron en el trabajo.

La iniciación laboral de los niños de las zonas rurales se presenta a temprana edad. La mayoría (>85 %) manifiesta haber comenzado su experiencia laboral antes de los 11 años y la mitad lo hizo entre los 7 y 10 años de edad. El 35.9 % de los niños en la zona rural empezó antes de los 7 años, un porcentaje mucho más alto respecto al promedio observado entre todos los entrevistados (19,8%).

Las actividades laborales que realizan los entrevistados son muy diversas y se asocian a la zona geográfica y al género del niño. En las áreas rurales las actividades más comunes son el trabajo agropecuario (62,8%), el trabajo doméstico y cuidado de niños (22,8%), mientras que el comercio de productos o alimentos, que en las áreas rurales involucra solo al 3,9% de los entrevistados, es mucho menos extenso respecto al promedio que se presentan en la muestra total (32%).. Dichos datos quedan confirmados por el hecho que los dibujos del 89,5% de niños de la zona rural representan el trabajo agrícola, dato interesante si se considera que el tipo de actividad laboral representada en los dibujos de un niño trabajando sigue patrones similares a los que se declaran en la vida real.

La mayoría de los niños entrevistados en las zonas rurales trabaja con algún miembro de la familia nuclear (casi el 90% respecto al promedio general del 66%), sobretodo con la madre (50%). Sólo un 3.8% reportó trabajar para un empleador. Según sus declaraciones (88,5%), reciben un buen trato de parte de estas personas.

Trabajar y estudiar

En cuanto al número de horas que trabajan los niños, se pudo constatar que mientras éstos van creciendo, aumenta gradualmente el número de horas laborales.

La gran mayoría de los niños que trabajan en zonas rurales (75,6%) percibe que cuenta con tiempo suficiente para estudiar. Cabe destacar, en todo caso, que pese a que la mayoría de los entrevistados en el marco de la investigación (79,2%) declare que en su vida cotidiana tiene tiempo para realizar sus tareas escolares, esta afirmación cambia cuando se solicita al niño expresar esta vivencia a través del niño imaginario del dibujo, prevaleciendo la percepción de falta de tiempo para el estudio (50%-75%).

A pesar de que muchos niños en zonas rurales (casi el 70%) manifiestan sentirse cansados durante las clases, más de dos tercios de ellos (78,2%) afirma que prefiere trabajar y estudiar simultáneamente, y sólo el 20,5% desearía únicamente estudiar. En todos los participantes la relación con la escuela y los estudios es altamente positiva. El 66,7% de éstos proyecta en sus ilustraciones que el niño trabajador va a la escuela, lo que revela en qué medida la idea de estudiar y trabajar simultáneamente ha sido incorporada positivamente al modo de vivir y pensar. Los niños de la zona rural proyectan esta realidad en mayor número (86,8%) que los niños de las ciudades.

La mayoría de los niños entrevistados en las zonas rurales considera que obtiene buenas notas (67,9%), mientras que el 30,8% de ellos dice tener calificaciones regulares. No obstante, es preciso observar que hay un porcentaje importante de repitencia escolar, especialmente en las zonas rurales (55,1%).

Condiciones laborales, valores y expectativas futuras

En general, más de la mitad de los niños (51,6%) declara que existen peligros para la salud en su lugar de trabajo. Un 45.8% manifiesta haberse enfermado debido a las condiciones laborales a las que se ve expuesto y un tercio (31%) manifiesta haber resultado herido mientras laboraba. Además, la mayoría de niños (60.7%) no usa ningún tipo de protección durante su trabajo. Es preciso recordar que de acuerdo a los alcances de este estudio, la naturaleza de las actividades laborales del campo son agropecuarias y los niños se mantienen cerca de sus padres en un entorno mucho más seguro que el de la zona urbana. En la zona rural los accidentes de trabajo están más bien asociados a los peligros naturales existentes en dicho sector geográfico y no a acciones dañinas hechas por otras personas. A pesar de los peligros y experiencias negativas posibles, un alto porcentaje de niños (66,2%) tiene la capacidad de encontrar aspectos positivos en la experiencia de trabajar.

La mayoría de participantes considera que el estado emocional del niño trabajador es predominantemente negativo (62,7%). Se asocian a éste emociones como la tristeza, depresión, cólera, ansiedad, preocupación, apatía, aburrimiento y agotamiento mental y físico. Esta misma tendencia se refleja en la proyección menos consciente expresada a través del dibujo, en el que la mayoría expresa que ese niño no es feliz (58,7%). En contraste con las cifras correspondientes a la ciudad, el 75.8% de los participantes de la zona rural de Ancash proyectan en sus dibujos un alto nivel de felicidad como condición estable del niño representado. Sin embargo, cuando se les pregunta directamente, esta tendencia sólo aparece en el 44,9% de casos.

El grado de importancia que le otorga cada menor a la labor realizada varía según el contexto en el que se ubica: un alto porcentaje de infantes (>75%) de la zona rural otorga un nivel alto de importancia a su trabajo, mientras que los de la zona urbana de Lima lo hacen en menor medida (57%). Tanto en la zona rural como en la urbano marginal, la mayoría de niños (58%) siente que el rol desempeñado no corresponde con su momento evolutivo y edad. Se presenta de este modo la vivencia de ser un niño “adultificado”.

La mayoría de los niños trabajadores (74,7%) visualiza que en el futuro llegará a ser un profesional (doctor, ingeniero, profesor) o pertenecerá a las fuerzas armadas o policiales. Muy pocos manifiestan querer dedicarse a actividades como las que realizan ellos o sus padres en el presente, que por lo general son oficios. En la zona rural hay una visión de futuro más centrada en la zona de origen y el desarrollo de la propia comunidad. El porcentaje de niños que quieren ser profesionales y los que quieren trabajar en la chacra es la misma, 21% en cada caso.

 

Reflecciones metodológicas y lecciones aprendidas

A los niños se les escucha poco. Los discursos sobre la situación de la niñez son escasos y los que existen están expresados en su mayoría desde la perspectiva de los adultos. Los adultos opinan sobre los problemas que aquejan a los niños, pero rara vez se les da voz a los mismos niños y se actúa en función de sus percepciones, opiniones y vivencias. Una primera lección es que darle voz a los niños es fundamental para sacar conclusiones sobre en qué y cómo ayudarlos. Ellos tienen mucho que decir.

La metodología de investigación empleada nos ha permitido comprobar que los niños son seres totalmente capaces de comunicar sus experiencias y problemáticas con mucha profundidad y precisión. El darles voz propia a través de las entrevistas y sobretodo de los dibujos nos muestra que hay que valorar el lenguaje de los niños y sus formas naturales de expresión y que es muy confiable si se ofrece al niño oportunidad de hacerlo.

Evidentemente, “leer dibujos” puede requerir cierto entrenamiento psicológico, sin embargo los niños son tan fieles a sí mismos que la transparencia de sus vivencias son mostradas con nitidez. En el transcurso de las visitas a los colegios donde se contactó con los niños el explicarles que “su voz era muy importante para que los adultos comprendieran sus problemas” tuvo un impacto muy grande en ellos y convocó su interés para participar y expresarse.

A través del dibujo, el niño es capaz de expresar múltiples experiencias, inclusive mejor que con palabras. El dibujo sintetiza sentimientos, percepciones, valoraciones. Una hoja de papel es el universo donde se ubica espacialmente todos los elementos significativos que simbólicamente hablan de sí mismos y de lo que viven. El dibujo proyectivo con el tema “un niño trabajando” evalúa vivencias asociadas al trabajo infantil. La técnica del Dibujo Proyectivo es una herramienta utilizada en el campo de la psicología dinámica, sobretodo para investigar y evaluar niños. Esta técnica permite observar por medio de la representación grafica las percepciones del sujeto, sus fantasías, deseos, miedos, intereses, entre otros. Por medio del dibujo, el niño refleja sus vivencias, formas de ver el mundo, y sensaciones de una manera indirecta y más enriquecida que si fuera de manera verbal, en donde puede haber aspectos profundos, ignorados e incomunicables concientemente por el niño. De esta manera se recogen y analizan todos los detalles incluidos en el dibujo, dándole una interpretación de cómo mira y se relaciona con su mundo interno y su entorno circundante.

Fue exitoso también proponer a los niños situaciones hipotéticas de solución al trabajo infantil a través de preguntas como “si tu fueras presidente del Perú, ¿qué harías con el trabajo infantil?”Ante este tipo de preguntas y otras similares los niños soltaban su fantasía para expresar actitudes profundas sobre esta situación. El camino de usar la fantasía para acceder a la realidad fue algo muy interesante.

Pudimos constatar también con este tipo de metodología que la tolerancia y la permisividad de los niños ex trabajadores hacia el trabajo infantil es baja en comparación con los menores que actualmente laboran. Ellos saben lo que es trabajar y dejar de hacerlo. Esto les brinda un conocimiento singular y auténtico sobre esta realidad, el del infante adultificado que ha vuelto a ser esencialmente niño, sin tomar el camino de la reinvindicación que lo transforma en un ser político. Todo esto nos lleva a pensar que el reto es reconocer a la niñez en su esencia infantil, sin buscar transformarla nuevamente en “niños adultificados reinvidicadores de derechos” que no es sino el otro lado de la moneda de los “niños adultificados explotados” y que corresponde más a un discurso adulto y una forma de hacer las cosas desde la perspectiva de “los grandes”.

La solución parece encontrarse en mirar al niño como lo que es: un ser en desarrollo con características, necesidades y vivencias particulares distintas a las de los adultos. Un ser que emplea además con comodidad modos de comunicación y expresión simbólicos y propios de su edad. Atenderlos desde esa perspectiva es la clave de toda intervención social.



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