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Lecciones aprendidas

 

Proyecto/Tópico:

Equidad de género y empresas rurales.

   

Autores del documento:

 

Rosemary Vargas-Lundius, IFAD, Rome (Italy)

Annelou Ypeij, Inter-university Centre for Latin American Research and Documentation, Amsterdam (Netherlands)

 

Documento completo:

Vargas-Lundius, R.; Ypeij, A.,Puliendo la piedra,Un recorrido por la promoción de la igualdad de género en los proyectos de desarrollo, FIDA, 2007

   

Enfoques participativos utilizados:

  • Participación de la fuerza laboral femenina
  • Desarrollo de microempresas dirigidas por mujeres

 

Una movilización más efectiva de las habilidades y capacidades laborales de la mujer se ve frecuentemente como una fuente adicional de ingresos para el hogar. Por lo tanto, la mayoría de los proyectos de desarrollo rural incluyen elementos orientados a apoyar a las mujeres que quieran emprender pequeños negocios. Sin embargo, debido a cuestiones de inequidad de género, dichos esfuerzos siguen encontrando dificultades.

 

Obstáculos para el crecimiento de pequeñas empresas dirigidas por mujeres

Un serio obstáculo para el crecimiento y a la diversificación de pequeños negocios emprendidos por mujeres, gracias al apoyo de proyectos de desarrollo, es que dichos negocios generalmente están relacionados con el papel doméstico de las mujeres: como cocina y posterior venta de comida, peluquería, costura, tejido, bordado, y actividades similares. Debido a su naturaleza y al entorno en el que se desarrollan, dichas actividades a menudo resultan limitadas en cuanto a valor competitivo y rentabilidad. A esto se le puede añadir la calidad frecuentemente escasa de los productos, la falta de un plan de mercadeo adecuado, el acceso limitado para las mujeres al crédito y a formas de capacitación empresarial, y su carencia de educación escolar.

Otras limitaciones que impiden el crecimiento de las empresas en manos de mujeres son las que tienen que ver con las relaciones desiguales de poder dentro del hogar ; que se manifiestan a través de la división del trabajo por género y del control ejercido por los hombres en la economía doméstica. Debido a que las tareas domésticas son asignadas casi siempre a las mujeres (siendo esto una práctica cultural generalizada), las mujeres tienen que dividir su tiempo entre dichas tareas y sus actividades empresariales. Con frecuencia, organizan sus actividades empresariales alrededor de sus tareas domésticas y, como resultado, el tiempo que pueden dedicar a sus negocios es más bien limitado. Las tareas domésticas limitan también la movilidad de las mujeres, y por consiguiente su posibilidad de invertir su tiempo en la búsqueda de mercados rentables. El constructo ideológico de que las mujeres no deberían alejarse mucho del hogar, y que en cambio deberían quedarse dentro y alrededor del mismo, también puede jugar un papel importante en la limitación de la movilidad de las mujeres.

Otra limitación es la relacionada con el control ejercido por los hombres en cuanto a economía doméstica. Una mujer empresaria tiene que lidiar con el hecho de que a veces su marido puede apropiarse de sus ingresos para sus propios fines. También puede ocurrir que su marido retire su propia contribución al hogar sosteniendo que ya no es necesario, puesto que su mujer tiene sus propios ingresos. Como resultado, la mujer podría tener que utilizar todos los ingresos procedentes de su negocio para el mantenimiento diario de sus hijos, encontrándose ante la imposibilidad de reinvertir a niveles adecuados. El capital activo de su empresa podría entonces desaparecer. Cuando hombres y mujeres trabajan juntos en una empresa, con frecuencia es el hombre el que domina las actividades, apropiándose asimismo de los ingresos generados. En varios proyectos patrocinados por el FIDA, se ha observado que, pese a que las mujeres están involucradas a lo largo de todo el proceso productivo, a menudo son los hombres los que comercializan los productos y reciben los beneficios correspondientes.

Estas observaciones no deben ser consideradas como una generalización válida para todas las mujeres empresarias. Sin embargo, las limitaciones mencionadas contribuyen a hacer que las empresas regentadas por mujeres sean generalmente más pequeñas que las empresas en manos de hombres, y reducen la posibilidad de elección para la mujer sobre la ubicación y la tipología de su negocio, así como su acceso a materias primas de calidad, información, mercados y oportunidades de capacitación en administración de empresas.

 

Lecciones aprendidas

Para maximizar el impacto que las pequeñas empresas pueden tener en el bienestar de las familias y comunidades rurales, las barreras que impiden la participación equitativa de hombres y mujeres deben ser eliminadas. Esto se puede conseguir proporcionando crédito en igualdad de condiciones y estableciendo acciones afirmativas dirigidas a las mujeres bajo forma de educación y otras medidas para fortalecer sus capacidades competitivas. Si a los hombres y a las mujeres se ofrecen oportunidades de participación en actividades generadoras de ingresos en igualdad de condiciones, esto no sólo podría fortalecer la autoestima de ambos al aumentar sus ingresos, sino que también fomentaría el respecto mutuo.

Para centrarse en la promoción de iguales oportunidades para hombres y mujeres por medio de microempresas se proponen dos estrategias:

La primera estrategia consiste en asegurar una participación efectiva de todos los beneficiarios, sin importar el sexo, en toda actividad. Esto requiere un control y una vigilancia constantes para asegurar la participación equitativa. Los beneficios de esta estrategia pueden resumirse como sigue:

  • incorporación de hombres y mujeres en actividades que han sido tradicionalmente dominadas por unos u otras;
  • incorporación efectiva de la mujer en los niveles de toma de decisiones;
  • incorporación efectiva de temas socio-políticos como la salud, la educación y el conflicto social en la agenda de las organizaciones comunitarias, como resultado del hecho que mujeres y hombres comparten informaciones y responsabilidades de manera más eficiente de lo que harían separadamente;
  • control compartido de la distribución de los ingresos; y
  • mayor reconocimiento de las contribuciones tanto de los hombres como de las mujeres.

La segunda estrategia consiste en ayudar a hombres y mujeres dentro de sus respectivas esferas de actividad. Sus capacidades se desarrollan de forma separada de manera que al final alcanzarán un estado de acceso equitativo a recursos y beneficios. Esta estrategia supone una atención especial para los grupos de mujeres y su logro principal es que el apoyo real entre los miembros del grupo, que frecuentemente caracteriza los grupos de mujeres, fomenta la autoestima y hace las voces de las mujeres más audibles y efectivas, especialmente porque las mujeres tienden a estar más cómodas en compañía femenina que en grupos mixtos.

Las dos estrategias podrían demostrarse igualmente valiosas, especialmente si se toman en debida consideración las relaciones y las iniquidades de género que prevalecen en los diferentes escenarios en los que se desarrollan los proyectos. La eficacia de cada estrategia sólo puede ser evaluada por sus resultados: mejora de la equidad de género reflejado en el acceso más equitativo a actividades y servicios generadores de ingresos, así como mayor autoestima entre los beneficiarios. Es importante que ambas estrategias aborden las iniquidades relacionadas con la posibilidad de acceso a los servicios, como una educación adecuada, técnicas que ahorren trabajo y desarrollo de infraestructuras que aligeren las tareas tradicionales de las mujeres.

Como en cada iniciativa de desarrollo, es importante evitar el dogmatismo y las soluciones inflexibles. En cambio, un enfoque abierto, holístico y heterogéneo hacia la equidad de género es siempre preferible. El objetivo debe consistir en aportar beneficios para la mayoría de los pobres en las comunidades rurales.



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