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Hambre Cero: la experiencia brasileña

Un enfoque del desarrollo centrado en la erradicación del hambre

En la década de 1930, Josué de Castro llegó a la conclusión de que el hambre en el Brasil se debía a distorsiones creadas por un modelo de desarrollo económico que explotaba a los pobres impidiéndoles en la práctica disfrutar de sus beneficios. A finales del siglo XX, la economía del Brasil crecía rápidamente, pero la brecha entre ricos y pobres era cada vez mayor, y 44 millones de sus 170 millones de habitantes vivían atrapados en el círculo vicioso del hambre. Eran demasiado pobres para comprar los alimentos que necesitaban para llevar una vida sana y, por tanto, quedaban marginados de hecho de la creciente prosperidad del país.

El Presidente Lula puso en marcha Hambre Cero en 2003 y contribuyó a cambiar esta situación introduciendo un nuevo modelo de desarrollo centrado en la erradicación del hambre y la inclusión social, que vinculaba entre sí las políticas macroeconómicas, sociales y productivas. Trató de convertirlo en un auténtico esfuerzo
nacional involucrando lo más posible a los brasileños.

Actualmente otros países consideran al Brasil como una fuente de enseñanzas sobre cómo abordar el problema del hambre, la inseguridad alimentaria y la reducción de la pobreza. El éxito de Hambre Cero se debe a cinco razones principales:

1. Un compromiso político al más alto nivel: el Presidente Lula centró el programa de desarrollo del Brasil en la erradicación del hambre y la reducción de la pobreza desde su primer día en el cargo; involucró a todos los ministerios sectoriales y niveles de gobierno, así como a la sociedad brasileña en general, en un esfuerzo enorme por trabajar juntos en dicho programa.

2. Los objetivos de Hambre Cero se reflejaron en las políticas macroeconómicas del Brasil. 

3. Se adoptó una política nacional integrada de seguridad alimentaria y nutricional, que fue respaldada posteriormente por un nuevo marco legal e institucional basado en el concepto de que el Gobierno tenía el deber de garantizar que todos los brasileños pudieran
gozar de su derecho a una alimentación adecuada.

4. Enfoque de doble vía: las políticas para aumentar la producción se vincularon con las que promovían la inclusión social, a fin de potenciar su efecto. De esta forma, se aprovechó el nuevo poder adquisitivo generado por la protección social para estimular el incremento de la producción alimentaria de los pequeños agricultores que eran pobres, reforzando así las economías locales de sus comunidades.

5. Extrajo las lecciones de otras experiencias: Hambre Cero se basó en las políticas locales y nacionales existentes en el Brasil y se inspiró también en las de otros países. El programa de transferencia de ingresos se inspiró en el programa estadounidense de cupones para alimento creado a raíz de la Gran Depresión, y el círculo virtuoso entre producción y consumo local se basa en las experiencias de California.

En los 10 años transcurridos desde que se puso en marcha, Hambre Cero ha puesto de manifiesto que es posible conjugar un rápido crecimiento económico con una mejor distribución de los ingresos. El programa demuestra que la protección social no es “bienestar”, sino una buena inversión en capital humano que no solo pone fin a la
penuria, el sufrimiento y la peor de las injusticias, sino que también estimula el crecimiento permitiendo a la gente realizar su potencial creador y productivo y, con ello, convertirse en una nueva fuente de demanda de bienes y servicios, incluidos los alimentos.

Este enfoque del desarrollo ha inspirado una nueva generación de políticas en el Brasil y su éxito ha llevado al país a fijarse un nuevo objetivo en el Plan “Brasil sin miseria”.

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