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Perfiles de voluntarios: Nick Errico

Nick Errico, de San Francisco (California, EE.UU.) se licenció en Ciencias Empresariales Internacionales en 2004 y se unió al Cuerpo de Paz en la primavera del mismo año.

Cuando entré al Cuerpo de Paz, me destinaron al Estado Independiente de Samoa Occidental, donde tomé parte en el proyecto Future Farmers of Samoa (desarrollo de futuros agricultores en Samoa), que recibía apoyo técnico y financiero de la FAO. La razón principal de mi adhesión al Cuerpo de Paz fue el deseo de conocer otros lugares, experimentar una nueva cultura y aprovechar parte de los conocimientos adquiridos en la universidad para ayudar a las personas que lo necesitaran. Tras graduarme sentí que había llegado el momento oportuno para trabajar como voluntario, dado que tenía muy pocas responsabilidades, gozaba de buena salud y estaba muy motivado.

En el proyecto Future Farmers of Samoa me desempeñaba como facilitador. Era responsable de las actividades cotidianas del proyecto, como el desenvolvimiento de las reuniones, la organización de las actividades de capacitación para los agricultores de las aldeas, la edición y creación de folletos informativos y manuales sobre las diversas técnicas agrícolas y de comercialización y gestión. Además, trabajaba muy de cerca con los jóvenes de las aldeas para elaborar planes de actividades para sus empresas y ayudarlos a adquirir los materiales necesarios para administrar sus proyectos de manera satisfactoria. Todo ello mientras me encargaba de seguir las diferentes empresas de los jóvenes, asegurándome que las actividades se ejecutaran en los plazos previstos y, con frecuencia, inventando nuevas formas de mantener su interés en seguir adelante con esas nuevas operaciones.

El proyecto Future Farmers of Samoa es una iniciativa de colaboración entre el Ministerio de Agricultura de Samoa, el Ministerio de la Mujer, la Comunidad y el Desarrollo Social de Samoa, y la FAO.

Su principal objetivo es implantar un enfoque de tipo empresarial hacia la agricultura. Se trata de un planteamiento desconocido hasta ahora por los agricultores rurales de Samoa, donde la mayor parte de las actividades agrícolas de Samoa se realiza con fines de subsistencia, con la consecuencia de que el área urbana de Samoa, cada vez más extensa, y la creciente industria del turismo dependen cada vez más de las importaciones agrícolas desde el extranjero, es decir, de Nueva Zelandia, Australia y los Estados Unidos de América. Este hecho a su vez afecta negativamente a la balanza comercial del país y ha llevado el problema de la seguridad alimentaria nacional a ocupar el primer plano de los debates.

Ante estos problemas cada vez más graves, el proyecto Future Farmers of Samoa se ha dirigido a los jóvenes de las aldeas rurales. Entre sus actividades figuran talleres sobre gestión y comercialización agrícolas encaminados a concienciar a los jóvenes acerca de las numerosas oportunidades empresariales agrícolas que se les ofrecen; con ello, se espera transmitir la convicción de que la agricultura es una opción profesional viable.

Una vez concluida la tarea de capacitación, se pide a cada grupo de jóvenes de las aldeas que elabore un plan de actividades en relación con la empresa que hayan escogido. Posteriormente, gracias a la asistencia de la FAO, se les proporcionan fondos por un monto máximo de 3 000 dólares estadounidenses para que pongan en marcha sus empresas agrícolas. En ese proceso, el Ministerio de Agricultura de Samoa, el Ministerio de la Mujer, la Comunidad y el Desarrollo Social de Samoa, el Cuerpo de Paz de los Estados Unidos de América y la FAO prestan asistencia técnica.

Disfruté verdaderamente del período en que viví y trabajé en la comunidad de Samoa. Su gente me hacía recordar a diario el por qué de su fama de pueblo hospitalario. Me sentí bienvenido y seguro en todo momento, lo que hizo que cada día me sintiera a gusto cuando me dirigía a trabajar. Esto no significa sin embargo que no tuviese que aforntar diversos problemas. El mayor desafío fue lograr mantener el interés de los jóvenes agricultores para que siguieran su ardua labor. Si bien a casi todos les atraía la idea de poder administrar su propia empresa, muy pocos contaban con la experiencia necesaria para entender lo que hacía falta para mantener una empresa a flote. Este proceso requirió la realización de reuniones frecuentes, actividades de capacitación y visitas a diversos proyectos con la finalidad de concienciar, motivar y alentar a los jóvenes a seguir adelante.

Mi vida diaria en la comunidad
Mi día típico de trabajo consistía en llegar a la oficina en el complejo de investigaciones agrícolas a las 8.00 am. Normalmente, celebrábamos una reunión a diario con el personal del proyecto para actualizar la marcha de las actividades y examinar nuestro plan de trabajo. Por lo general pasaba algunas horas de la mañana trabajando ante la computadora para preparar el programa de una reunión, crear un folleto o redactar el informe del proyecto que debía presentarse al gobierno o la FAO. Transcurría las tardes y primeras horas de la noche en las aldeas trabajando con los jóvenes y sus empresas, impartiéndoles capacitación o tan sólo visitando algún lugar para ver si hacia falta nuestra asistencia.

Mi recuerdo más grato
Mi mejor recuerdo se refiere a mi trabajo con un grupo de jóvenes en particular perteneciente a la isla samoana de Savaii. El grupo había hecho grandes progresos en la fase inicial del proyecto, pues había logrado plantar un huerto del que obtenía cada mes un provecho considerable. Durante una de mis visitas en el lugar les informé a los jóvenes de que había agotado su presupuesto y que debían determinar cómo podía seguir adelante con su empresa hortícola. Me alegré sobremanera cuando me enteré de que los jóvenes habían ahorrado las ganancias de las ventas del mes precedente para comprar semillas adicionales y que estaban pensando en diversificar sus cultivos. Además, habían decidido examinar la posibilidad de poner en marcha una granja avícola con el dinero obtenido de las actividades hortícolas. Este hecho me demostró que esos muchachos habían aprendido algo muy valioso en los talleres sobre gestión, y que habían entendido cuán importante era diversificar y no jugárselo todo a una carta. Me explicaron que si su huerto se viese infectado por algún tipo de plaga, podrían contar con las aves de corral como cobertura para el huerto, y viceversa. Se trató de un momento muy conmovedor de mi servicio porque me enseñó que los jóvenes estaban empezando a pensar por su cuenta y que habían asimilado algunos de los conceptos que tanto nos hábíamos esforzado por transmitirles.

Una experiencia reveladora
Aunque esta experiencia me ha brindado innumerables enseñanzas, lo que más valoro es la confianza que adquirí en mi mismo y en los demás. Ahora soy mucho más consciente de mis capacidades y a la vez he aprendido a confiar mucho más en otras personas. El hecho de trabajar en otro entorno cultural y en otro idioma pone a prueba constantemente tu paciencia y tu fe en los demás. Para mí fue fundamental dejar correr las cosas que no podía manejar y aprender a confiar en las personas que me rodeaban. En situaciones de este tipo puede resultar muy tentador alejar a los demás e intentar resolverlo todo por cuenta propia, pero si se comete este error se omiten los aspectos más esenciales del desarrollo internacional, es decir, la sostenibilidad y la transferencia de los conocimientos. Doy gracias por haber tenido la oportunidad de aprender esta lección tan importante y pienso incorporarla a mi vida, no sólo cuando viaje al extranjero sino también en los estudios y trabajos que emprenda en un futuro aquí en los Estados Unidos.

Esta experiencia ha influido directamente en mi porvenir, pues he decidido seguir un curso avanzado de derecho y ciencias empresariales. Además, me gustaría trabajar nuevamente como voluntario o ejercer una profesión que me dé la posibilidad de viajar y ocuparme de la esfera de desarrollo a nivel internacional.



Nick Errico se unió al Cuerpo de Paz en 2004
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