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La Agenda de Desarrollo Post 2015 y los Objetivos de Desarrollo del Milenio
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Energía

  • La energía es fundamental para el desarrollo sostenible. Acelera el progreso social y económico y mejora la productividad.
  • La energía está estrechamente vinculada a la seguridad alimentaria y a la erradicación de la pobreza. La falta de energía es un obstáculo fundamental para reducir el hambre y la malnutrición.
  • Los sistemas alimentarios tendrán que reducir gradualmente su dependencia de los combustibles fósiles para poder ofrecer más y mejores alimentos con menos y mejor energía.
  • Lograr la transformación a sistemas alimentarios energéticamente inteligentes requerirá un enfoque sistémico, mejor coordinación en la formulación de políticas, marcos legales adecuados y un amplio diálogo y asociación mundial entre las múltiples partes interesadas para apoyar las medidas correspondientes.
  • Con este fin, el programa de múltiples asociados de la FAO "Alimentos energéticamente inteligentes para la gente y el clima” ayuda a las partes interesadas a mejorar la eficiencia energética, aumentando la utilización de energías renovables, y mejorando el acceso a los servicios energéticos modernos en los sistemas alimentarios.

Introducción

La Asamblea General de la ONU declaró a 2012 el "Año Internacional de la Energía Sostenible para Todos" y al periodo 2014-2024 como "Década de la Energía Sostenible para Todos". Esto resulta muy relevante para la seguridad alimentaria. La energía tiene un papel facilitador clave para conseguir la seguridad alimentaria y una mejor nutrición. Es esencial para las cadenas alimentarias eficientes y más inclusivas, permitiendo mayores rendimientos. Los precios de la energía afectan a los insumos agrícolas y los costes de producción, y por lo tanto influyen sobre los precios de los alimentos.

La utilización actual de la energía en los sistemas alimentarios no es sostenible:

  • Los sistemas alimentarios consumen actualmente el 30 por ciento de la energía disponible en todo el mundo, produciéndose más del 70 por ciento de este consumo fuera de las explotaciones agrícolas, y generan más del 20 por ciento de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero (alrededor del 31 por ciento si se incluye el cambio del uso de la tierra);
  • Más de un tercio de los alimentos que producimos se pierde o se desperdicia, y con ello el 38 por ciento de la energía consumida en los sistemas alimentarios;
  • Los sistemas alimentarios modernos dependen en gran medida de los combustibles fósiles. Actualmente, el 85 por ciento de la energía primaria se basa en combustibles fósiles;
  • Casi una de cada cinco personas en todo el mundo actualmente no tienen acceso a servicios energéticos modernos, y aproximadamente tres mil millones dependen de la biomasa tradicional para cocinar y calentarse. Este uso de la biomasa para producir energía suele ser insostenible con graves consecuencias adversas para la salud, el medio ambiente y el desarrollo económico;
  • Por último, en las próximas décadas habrá un aumento significativo y simultáneo en las necesidades de agua, energía y alimentos que se necesita cubrir con una base de recursos naturales degradados y agotados.

La energía renovable tiene potencial para hacer frente a los retos de la energía sostenible. La bioenergía, en particular, ha sido promovida como uno de los medios para mejorar la seguridad energética y el acceso a la energía, y, posiblemente, la mitigación del cambio climático. La bioenergía es toda aquella energía derivada de los biocombustibles, que son combustibles derivados de la biomasa. Los biocombustibles pueden tener forma líquida, gaseosa o sólida y se pueden utilizar para la calefacción y la cocina, la producción de electricidad y como combustible para el transporte. Los biocombustibles están vinculados a las cuatro dimensiones de la seguridad alimentaria - disponibilidad, acceso, estabilidad y utilización de los alimentos. En comparación con otras fuentes de energía, la bioenergía tiene el potencial de ofrecer a los países pobres muchas ventajas, incluyendo nuevas inversiones en el sector de la agricultura, crecimiento económico, el aumento del acceso y de la seguridad energética, oportunidades de desarrollo rural y la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero. Sin embargo, para desarrollar todo el potencial del sector de bioenergía, el crecimiento de la bioenergía tiene que ser gestionado de una manera económica, social y ambientalmente sostenible.

Desafíos clave

Los desafíos clave en la relación entre la energía y la agricultura incluyen los siguientes:

  • Bioenergía sostenible: Este complejo asunto puede enfocarse utilizando el paquete de herramientas de apoyo de la FAO para el desarrollo sostenible de la bioenergía, que incluye diversas herramientas para el análisis de la situación, la implementación, y el seguimiento y la evaluación;
  • Energía para la intensificación sostenible de la producción agrícola: En las últimas décadas se han adquirido conocimientos sobre la adopción de prácticas agro-ecológicas que producen más y mejores alimentos con menos y mejor energía;
  • Tecnologías de energía renovable para reducir las pérdidas de alimentos post-cosecha y añadir valor: Numerosas tecnologías como secadores de cultivos y refrigeradores solares pueden aumentar los ingresos (y su diversidad) de los pequeños agricultores y la eficiencia en el uso de recursos;
  • Acceso a combustible y tecnologías limpias para cocinar: Se pueden utilizar directrices para aumentar la sostenibilidad en la producción de carbón, y para reducir el consumo de carbón y de leña facilitando el acceso a cocinas limpias.

Los desafíos a los que se enfrenta el sector energético están interrelacionadas, y por lo tanto requieren enfoques integrados (de ‘nexo’).

¿Qué hay que hacer?

Modernizar los sistemas alimentarios y agrícolas aumentando la utilización de combustibles fósiles, como se hizo en el pasado, puede no resultar una opción asequible o sostenible debido al cambio climático y la influencia de los precios elevados y volátiles de los combustibles fósiles en el coste de producción y los precios de alimentos. Por lo tanto, es crucial prestar la consideración debida a la energía y su relación con el agua y la producción de alimentos y su uso en el futuro desarrollo de la agricultura. En particular, la cadena agro-alimentaria tendrá que desacoplarse gradualmente de la dependencia de combustibles fósiles de manera que pueda suministrar más alimentos con menos energía y energía más limpia.

Las prioridades para el camino a seguir deberían incluir:

  • Abordar los retos de satisfacer los aumentos significativos y simultáneos de las necesidades de agua, energía y alimentos en un contexto de cambio climático y  recursos naturales bajo presión;
  • Apoyar a los países en el diseño y ejecución de políticas y estrategias bioenergéticas sostenibles que fomenten la seguridad alimentaria y energética, y que contribuya al desarrollo agrícola y rural de una manera climáticamente inteligente;
  • Apoyar a los agricultores para aprender el enfoque agro-ecológico, adaptándolo a sus condiciones locales y difundiendo prácticas adecuadas a través de las escuelas de campo para agricultores y otras redes y movimientos;
  • Ampliar los sistemas de energía renovable descentralizados en pequeña escala en las explotaciones agrícolas y las zonas rurales;
  • Reducir las pérdidas de alimentos (especialmente en los países en desarrollo), en parte mediante un mejor acceso a las tecnologías post-cosecha, y reducir los desperdicios (en particular en los países desarrollados) mediante la educación de los consumidores;
  • Mejorar el acceso a la energía a través de la producción de biomasa sostenible, una mayor eficiencia de transformación de la biomasa para la bioenergía y la introducción de a cocinas limpias y culturalmente aceptables;

Para conseguir lo anterior se necesitarán asociaciones inclusivas intersectoriales de múltiples partes interesadas, mejor gobernanza y mayor financiación e intercambio de tecnologías para facilitar la transición a sistemas alimentarios y energéticos sostenibles. El programa de múltiples asociados de la FAO sobre "Alimentos energéticamente inteligentes para la gente y el clima” aborda estos retos. Este programa  puede contribuir significativamente al desarrollo sostenible, a una economía verde integradora y a la iniciativa Energía Sostenible para Todos (SE4ALL) alcanzando los siguientes objetivos en todas las etapas de la cadena agroalimentaria:

  • Mejorar la eficiencia energética;
  • Aumentar la utilización de energías renovables;
  • Mejorar el acceso a los servicios modernos de energía mediante la producción alimentaria y energética integrada.