“Las leguminosas son las fábricas de alimentos más sostenibles que existen”

This blog post was written by Clarisa Guerra and originally published on Saber Universidad

Manuel Megías, Catedrático de Microbiología en la Universidad de Sevilla, ha dedicado cuatro décadas a investigar molecularmente las relaciones simbióticas de unas bacterias llamadas rizobios con las leguminosas. Los conocimientos generados en su grupo de investigación impulsaron en 2009 la creación de ResBioAgro, una empresa de I+D+i que aporta soluciones biotecnológicas basadas en microorganismos para conseguir una agricultura más eficiente y respetuosa con el medio ambiente, ayudando a los agricultores a que se incrementen las cosechas sin necesidad de aplicar insumos químicos.

¿Cómo benefician las bacterias a las leguminosas?

– Existe un diálogo o comunicación entre unas y otras, “una conversación molecular” que tiene lugar en la rizosfera, que es la parte del suelo inmediata a las raíces de las plantas. Se trata de un intercambio de información entre la planta y la bacteria que inducen la creación de unos órganos simbióticos llamados nódulos donde se produce la fijación del nitrógeno de la atmósfera. Yo siempre digo que las leguminosas son las fábricas de alimentos más sostenibles que existen ya que dan de comer a una parte muy importante de la población mundial y además son responsables del 60 al 80% de la fijación de nitrógeno atmosférico del  planeta, captando nada más y nada menos que unas 140 millones de toneladas al año.

– Sin embargo las leguminosas son grandes desconocidas en este sentido…

La producción mundial de legumbres en 2014 fue superior a 77 millones de toneladas (FAO, 2014). Existen en forma de cultivos y salvajes, las hay que son árboles, arbóreas, forrajeras, herbáceas… ¡hasta 19.400 especies! Sin embargo, este tipo de plantas son unas grandes desconocidas para la sociedad. Si preguntas por sus aspectos beneficiosos todo el mundo te hablará de las bondades de sus frutos, las legumbres, en el contexto alimentario: son una excelente fuente de proteínas de alto valor nutritivo, buena fuente de minerales y vitaminas, aportan antioxidantes y bioactivos como polifenoles, isoflavones… Sin embargo sus ventajas a nivel ecológico no son tan conocidas. Plantar leguminosas ayuda a la regeneración natural de suelos degradados ya que se trata de plantas poco exigentes en nutrientes que conquistan fácilmente esos suelos pobres y a su vez los enriquecen de nitrógeno. Una práctica clásica de la agricultura tradicional consistía en alternar una leguminosa con un cereal (rotación de cultivos), ya que éste consume todo el nitrógeno del suelo mientras que la leguminosa lo incorpora, de manera que si los alternas consigues una agricultura de sostenibilidad. Esta práctica, que realizaban nuestros bisabuelos, se fue olvidando hace 70 años cuando comenzaron a utilizarse fertilizantes químicos de forma indiscriminada.

– ¿Cree que Europa ha reaccionado con las últimas subvenciones a las plantaciones de leguminosas?

– Es cierto que desde el año pasado la UE ha vuelto a poner el punto de mira en las bondades de las leguminosas. La propia Política Agrícola Común (PAC) obliga a los agricultores a rotar los cultivos, como una medida más, para recibir ayudas. Este giro en la política agraria europea es apropiado porque ayuda a la conservación de las tierras. Plantar leguminosas no es plantar únicamente para producir hasta la degradación y empobrecimiento del suelo a base de insumos  y fertilizantes artificiales, sino aportar salud al suelo a base de nutrientes naturales y ecológicos.

– ResBioAgro potencia este tipo de cultivos sostenibles comercializando insumos basados en microorganismos beneficiosos para plantas como las leguminosas, sin embargo vuestro principal cliente no es Europa, sino Brasil. ¿A qué se debe?

– Nosotros trabajamos a nivel molecular potenciando los inoculantes bacterianos que ya existen, lo que ayuda a que se incrementen las cosechas sin necesidad de aplicar insumos químicos como fertilizantes nitrogenados, que además son muy caros porque se necesitan hasta seis barriles de petróleo para fabricar una sola tonelada. Nuestra trayectoria en Brasil se remonta al 2012 cuando empezamos a introducir nuestro producto trabajando con un laboratorio local y una empresa biotecnológica de producción de inoculantes. Al año siguiente introdujimos unas 15 mil dosis de inoculantes moleculares. De ahí se pasó a aplicar unas 150 mil dosis que el pasado año ascendieron a 600 mil, equivalentes al cultivo de 600.000 hectáreas de soja y maíz. El problema en Europa es principalmente de legislación ya que al no existir una normativa específica para aplicaciones de inoculantes bacterianos nos obligan a registrar estos biofertilizantes por la normativa de fitosanitarios, un proceso tan costoso que es imposible de afrontar para empresas como la nuestra. Los productos que nosotros trabajamos son baratos en origen, pero pasan a ser inviables comercialmente en Europa debido a esta falta de legislación específica. Como investigadores hemos intentado resolver esta problemática estudiando la legislación que existe en América Latina, que es la más avanzada en este sentido, pero hasta la fecha no hemos conseguido cambios en Europa, por lo que de momento continuaremos trabajando en Brasil.

The views expressed here belong to the speaker and do not necessarily represent FAO’s views, positions, strategies or opinions.


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