Ahorrar para crecer en la práctica destaca la importancia de las legumbres en la rotación e intercalado de cultivos

La FAO ha publicado recientemente “Ahorrar para crecer en la práctica: maíz, arroz, trigo”,  una nueva guía que analiza la utilización de prácticas y tecnologías de intensificación sostenible ("Ahorrar para crecer") para la producción de cultivos clave para la seguridad alimentaria: maíz, arroz y trigo. En los sistemas agrícolas del modelo “Ahorrar para crecer”, los cereales no se consideran monocultivos, sino componentes de sistemas agrícolas mixtos. A la hora de cultivar cereales como el maíz y el trigo, los agricultores han mejorado los rendimientos y la fertilidad del suelo incorporando las legumbres a la rotación de cultivos (alternancia de cultivos diferentes en el mismo terreno) o a los cultivos intercalados (siembra combinada de dos o más cultivos). A continuación encontrará más información y experiencias exitosas de pequeños campesinos de todo el mundo que utilizan las legumbres (también denominadas leguminosas de grano) en la producción de cereales.

Legumbres y trigo

Cuando se cultivan con trigo, las leguminosas son especialmente beneficiosas debido a su capacidad para fijar el nitrógeno de la atmósfera en el suelo. Aunque los niveles de nitrógeno residual varían sustancialmente, las leguminosas pueden cubrir entre el 20 y el 40 por ciento de las necesidades de nitrógeno del trigo, y algunas variedades pueden llegar a fijar hasta 300 kg de nitrógeno por hectárea. Como consecuencia, cultivar trigo tras las legumbres aumenta su rendimiento y su contenido en proteínas. Además, algunas legumbres -como garbanzos y gandules- segregan compuestos que ayudan a que las raíces del trigo dispongan de fósforo y producen un gas que mejora el desarrollo vegetativo general.

En África del Norte y Asia occidental, la rotación de trigo con legumbres -incluyendo garbanzos, lentejas y habas- se practica cada vez más en zonas productoras de trigo de secano, especialmente en suelos con poco nitrógeno. Las legumbres diversifican la producción, enriquecen el suelo mediante la fijación biológica del nitrógeno, mejoran la eficiencia del uso del agua, y perturban el ciclo de vida de las malas hierbas, las plagas y los agentes patógenos.

En las zonas montañosas de Etiopía, se alterna el cultivo de legumbres con el de cereales, o se intercala, para diversificar el riesgo de sequía y mejorar la fertilidad del suelo. En la región de Bale, el cultivo de trigo tras la siembra de guisantes mejora sustancialmente los rendimientos de las rotaciones trigo-trigo y trigo-cebada. Un sistema de rotación haba-trigo incrementó el rendimiento del trigo hasta en un 77 por ciento y redujo la necesidad de fertilizantes nitrogenados.

En la República Islámica de Irán, el cultivo intercalado de cereales y leguminosas ha resultado ser más productivo y rentable que el monocultivo de trigo.

Legumbres y maíz

La rotación de cultivos, el cultivo intercalado y el cultivo de relevo de legumbres con maíz mejoran la productividad de la tierra, haciendo que los sistemas  de maíz y legumbres resulten especialmente adecuados para los pequeños agricultores. La rotación de leguminosas puede incrementar los rendimientos del maíz en un 25 por ciento. El maíz intercalado con leguminosas siguiendo los principios de la agricultura de conservación, produce un 33 por ciento más que el monocultivo.

El cultivo intercalado de maíz y frijoles es una práctica tradicional de los campesinos en pequeña escala de América Latina, especialmente en las zonas montañosas donde escasea la tierra. En Perú casi todos los frijoles se cultivan junto al maíz y en Ecuador en torno a un 80 por ciento. En las zonas de América Central donde la tierra es escasa y hay pocas precipitaciones, el maíz se suele intercalar con las habas comunes.

En los últimos años, muchos pequeños agricultores en África austral han retomado la práctica tradicional del cultivo de leguminosas, incluyendo gandules y maíz. A menudo, se valora más a las legumbres como fuente de alimentos e ingresos que por su contribución a la fertilidad del suelo.

En México, los pequeños agricultores han desarrollado un sistema de cultivo de frijoles de terciopelo “fuera de la temporada” de maíz que incrementa sustancialmente el pH del suelo y el contenido de materia orgánica y nitrógeno. A su vez, esto contribuye a un aumento del 25 por ciento del rendimiento de la siguiente cosecha de maíz.

En el norte de Ghana, la siembra de caupí, entre tres y seis semanas antes que la del maíz, produce un alimento nutritivo cuando otros cultivos aún no han madurado y, con la retención de residuos, proporciona nitrógeno al suelo.

Para más ejemplos de agricultores que utilizan legumbres en la agricultura sostenible, consulte la nueva guía práctica de la FAO sobre la producción sostenible de cereales “Ahorrar para crecer en la práctica: maíz, arroz, trigo”.

04/02/2016

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