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Reducir la pobreza rural

Pobreza y hambre: diferentes, pero conectados

Casi 783 millones de personas siguen viviendo en la extrema pobreza y aún están generalizadas desigualdades de toda índole.

La mayoría de la población pobre reside en zonas rurales y depende de la agricultura para su subsistencia y seguridad alimentaria. Sin embargo, dado que carece de recursos o conocimientos para invertir en sus tierras o medios de vida, a menudo la población pobre no puede beneficiarse de las nuevas tecnologías ni del acceso a los mercados que podría aumentar su productividad e ingresos.

En 2017, un 59% de la población extremadamente pobre se hallaba en países considerados medioambientalmente vulnerables, frágiles o en situación de crisis prolongada. El aumento del hambre en el mundo se debe, entre otros factores, a los conflictos, el rápido crecimiento de la población y el cambio climático. En el mismo año, 821 millones de personas sufrieron de hambre e inseguridad alimentaria.

Con la adopción de los nuevos Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), los países se han comprometido a erradicar la pobreza y el hambre de aquí a 2030. Esto se hará en parte mediante la promoción del crecimiento inclusivo, equitativo y sostenible.

Los alimentos y la agricultura forman una de las grandes prioridades de la Agenda 2030. La mayoría de los 17 ODS contienen objetivos vinculados directa o indirectamente con la seguridad alimentaria y la nutrición. Las medidas para erradicar el hambre y la pobreza, alcanzar la seguridad alimentaria y mejorar la nutrición constituyen inversiones cruciales en la salud y el bienestar del ser humano; inversiones que son vitales para llevar a cabo la Agenda 2030 de forma plena.