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Telefood

La Juventud Contra el Hambre

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El Día Mundial de la Alimentación y TeleFood 99 ponen de relieve las contribuciones y posibilidades de los jóvenes

El tema del Día Mundial sobre la Alimentación/TeleFood para este año, "La juventud contra el hambre", centra la atención en lo que más de mil millones de jóvenes de edades comprendidas entre los 15 y los 24 años están haciendo para combatir el hambre........... y en lo mucho más que podrían hacer si se reconocieran y apoyaran plenamente sus contribuciones y posibilidades.

Los jóvenes representan actualmente un quinto del total de la población mundial. 0 bien estos jóvenes desempeñarán una función decisiva en la consecución del compromiso establecido por la Cumbre Mundial sobre la Alimentación - reducir en un 50 por ciento el número de personas hambrientas en el mundo para el año 2015 - o bien sobre ellos recaerá el peso de nuestra incapacidad colectiva para alcanzar esa meta.

La mayoría de los jóvenes - el 85 por ciento aproximadamente - viven en países en desarrollo, y un 60 por ciento se concentran en Asia. Y casi todos ellos se enfrentan con problemas de pobreza y hambre en el curso de su vida. Por lo menos dos tercios de los jóvenes de todo el mundo crecen en países con unos ingresos sumamente bajos, infe-riores a 1 000 dólares anuales per cápita, frente a tan solo un 12 por ciento de jóvenes que viven en países prósperos donde los ingresos anuales llegan a 10 000 dólares por persona.

Mientras que los países desarrollados afrontan actualmente el problema del envejecimiento de la población, con unas tasas de natalidad bajas y una proporción cada vez menor de jóvenes, en muchos países en desarrollo los jóvenes representan hasta el 50 por ciento de la población total. En ambas situaciones, los jóvenes que están llegando actualmente a la edad adulta soportarán una pesada carga, ya sea como base principal de unas sociedades en las que fuerza de trabajo activa está disminuyendo, ya sea como catalizadores para acelerar el desarrollo con el fin de satisfacer las necesidades de una población en rápido crecimiento.

Dondequiera que vivan, la imaginación, los ideales y la energía de los jóvenes representan un recurso fundamental para el desarrollo continuo de sus sociedades. Las encuestas internacionales que se realizaron durante la preparación del tercer Foro Mundial de la Juventud en 1998 revelaron que los jóvenes de todo el mundo, independientemente de sus diferentes circunstancias, tienen muchas aspiraciones y preocupaciones en común.

Con una notable coherencia, jóvenes de los cinco continentes expresaron su determinación a "hacer algo por su parte" y remediar las injusticias del mundo. Una de las más evidentes es la situación de hambre crónica que aflige a más de 800 millones de personas en los países en desarrollo, incluidos 200 millones de niños menores de cinco años, muchos de los cuales son hijos de los jóvenes en los que se centra el tema del Día Mundial de la Alimentación de este año.

Si se estimulan su idealismo y su energía, en lugar de frenarlos, los jóvenes pueden realizar de hecho una importante contribución a la reducción y eliminación del hambre. La mayoría de los jóvenes viven en zonas rurales del mundo en desarrollo donde residen la mayor parte de las personas hambrientas. Y numerosos estudios confirman que, si se les facilitan capacitación, acceso a los recursos y apoyo adecuados, estos jóvenes pueden colaborar de manera innovativa y sumamente provechosa en la consecución de los objetivos nacionales relacionados con la seguridad alimentarla. Por ejemplo, un estudio realizado en Nigeria en 1992 reveló que, por cada año que aumentaba la educación media de los agricultores, el valor añadido de la producción agrícola se incrementaba en un 24 por ciento.

Puede que los jóvenes de las zonas urbanas y de los países desarrollados no contribuyan tan directamente al aumento de los suministros y la disponibilidad de alimentos. Sin embargo, también ellos pueden desempeñar una función decisiva en la guerra contra el hambre, presionando a sus gobiernos para que cumplan los compromisos contraídos en la Cumbre Mundial sobre la Alimentación y dedicando al menos una parte de sus energías e inquietudes a las iniciativas locales, nacionales y mundiales para erradicar el hambre, entre las que se incluyen el Día Mundial de la Alimentación, TeleFood y la Campaña Alimentos para Todos.

Pero los jóvenes se enfrentan con muchos obstáculos tanto para alcanzar sus objetivos personales como para hacer realidad sus posibilidades de contribuir al desarrollo. En muchas zonas empobrecidas, los jóvenes son especialmente vulnerables al hambre y la malnutrición, al no tener acceso físico o económico a los alimentos. Debido a factores sociales presentes en diversas culturas, la opinión de los jóvenes no se considera importante dentro del hogar, aunque realicen una importante contribución económica. A una escala más amplia, los encargados de formular políticas y los estrategas del desarrollo internacional desdeñan y pasan por alto con frecuencia a los jóvenes. El resultado es que éstos no tienen a menudo acceso a servicios esenciales, entre ellos la educación, la asistencia sanitaria y el crédito financiero.

A pesar de los indicios de que la inversión en los jóvenes reporta enormes beneficios, muchos países en desarrollo no alcanzarán probablemente el objetivo de implantar la educación primaria universal para el año 2000. Y el número de personas analfabetas sigue creciendo. Las muchachas y las jóvenes, en particular, son víctimas de la falta de oportunidades educativas. Dos tercios de los niños del mundo que no asisten nunca a la escuela o que la abandonan antes de completar sus estudios son muchachas. Como consecuencia de ello, las mujeres constituyen dos tercios de los mil millones de analfabetos....... y por lo tanto se encuentran en una situación de desventaja para participar plenamente en la adopción de decisiones y en el desarrollo social.

Los jóvenes se enfrentan también con problemas particulares de salud, agravados a menudo por las dificultades para obtener una asistencia adecuada. Los jóvenes son especialmente vulnerables a las enfermedades de transmisión sexual y a los embarazos no deseados. En 1997, más de la mitad de los nuevos casos de infección por el VIH, unos 7 000 al día o 2,6 millones al año, correspondieron a jóvenes. Cada año, un tercio de todos los embarazos, muchos de ellos no previstos ni deseados, se registran entre mujeres jóvenes.

La falta de servicios y oportunidades en las zonas rurales ha contribuido a una emigración en gran escala de jóvenes a las ciudades. Estos jóvenes, en su mayor parte sin formación ni capacitación, llegan a las zonas urbanas en un número tan elevado que ocasionan graves problemas ambientales, sociales, económicos y políticos. Las comunidades rurales y los campos que dejan tras de sí se resienten de la pérdida de gran parte de su mano de obra productiva, vital para el futuro, incluidos muchos de los que muy probablemente adoptarían técnicas innovadoras y sostenibles para el medio ambiente.

Los jóvenes que huyen de las zonas rurales a las ciudades o que emigran de los países en desarrollo a los países desarrollados suelen afrontar y causar problemas que son comunes a los jóvenes de todas partes. El desempleo, por ejemplo es en general más elevado entre los jóvenes, tanto en los países desarrollados como en el mundo en desarrollo. En Italia, como en muchos otros países europeos, casi el 40 por ciento de los jóvenes están desempleados, frente al 12 por ciento para el conjunto de la población. Asimismo, los jóvenes de todo el mundo están expuestos de manera desproporcionado a la delincuencia, al alcoholismo y al uso indebido de drogas, así como a unas tasas crecientes de depresión y suicidio.

Pero no es probable que la realidad y universalidad de los problemas con que se enfrentan los jóvenes frenen el ritmo de la emigración de las zonas rurales. Cabe prever que esta tendencia continuará a menos que los jóvenes consideren que hay un futuro para ellos en el campo, y que este futuro incluya oportunidades no sólo en lo que concierne a la seguridad económica sino también a la realización social y cultural.

La FAO sostiene desde hace tiempo la importancia de lograr que los jóvenes participen en los programas sobre desarrollo rural sostenible. Un Foro Internacional de la Juventud, celebrado paralelamente a la Cumbre Mundial sobre la Alimentación, reunió a unos 500 estudiantes y jóvenes de 130 países. Sus preocupaciones comunes se plasmaron en una Declaración presentada a los dirigentes mundiales en la sesión de clausura de la Cumbre.

El Programa de Acción Mundial para los jóvenes hasta el año 2000 y años subsiguientes, aprobado por las Naciones Unidas en 1995, propone medidas en varios frentes. Entre ellas destacan los llamamientos para:

  • Mejorar los servicios educativos y culturales y otros incentivos en las zonas rurales con el fin de hacerlos más atractivos para los jóvenes, e iniciar programas experimentales de explotación agrícola dirigidos a los jóvenes.
  • Proporcionar a los jóvenes y a las organizaciones juveniles subvenciones para tierras, con el apoyo de asistencia financiera, técnica y de capacitación.
  • Elaborar programas de capacitación para los jóvenes que permitan mejorar los métodos de producción y comercialización agrícola, prestando especial atención a las mujeres jóvenes y a los jóvenes de ambos sexos que se encuentran en circunstancias desfavorables.
  • Iniciar programas para promover la participación de los jóvenes en la plantación de árboles, la silvicultura, la lucha contra la desertificación, la reducción de los desechos, el reciclado y otras prácticas ambientales apropiadas.

Las medidas relacionadas con éstos y otros puntos que se citan en el programa mejorarán las oportunidades y perspectivas tanto para los jóvenes como para la comunidad mundial. Pero tal vez la clave para la erradicación del hambre esté en subrayar no tanto lo que debe hacerse para los jóvenes como lo que éstos pueden hacer si se abaten ' las barreras y se amplían las oportunidades. Con la cabeza llena de sueños y el corazón rebosante de esperanza, los jóvenes pueden contribuir de manera decisiva a hacer realidad el lema "Alimentos para todos" en el siglo que está a punto de comenzar.

 



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