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La Microcuenca Hidrográfica como ámbito de
planificación del uso y manejo de los recursos naturales, enfoque Socio-Territorial

por Jan van Wambeke, Oficial Principal de Desarrollo Tierras y Aguas

I. DEFINICIÓN

Aunque el significado de cuenca hidrográfica sea del conocimiento público, es importante enfatizar que la microcuenca debe ser considerada como un ámbito de planificación bajo un enfoque social, económico y operativo, además del enfoque territorial e hidrológico tradicionalmente considerado. Así, la microcuenca se define como “una pequeña cuenca de primer o segundo orden, en donde vive un cierto número de familias (Comunidad) utilizando y manejando los recursos del área, principalmente el suelo, agua, vegetación, incluyendo cultivos y vegetación nativa, y fauna, incluyendo animales domésticos y silvestres. Desde el punto de vista operativo, la microcuenca posee un área que puede ser planificada por un técnico contando con recursos locales y/o un número de familias que pueda ser tratado como un núcleo social que comparte algunos intereses comunes (agua, camino, organización, etc.)”.

En la microcuenca ocurren interacciones indivisibles entre los aspectos económicos (relacionados a los bienes y servicios producidos en su área), sociales (relacionados a los patrones de comportamiento de los usuarios directos e indirectos de los recursos de la cuenca) y ambientales (relacionados al comportamiento o reacción de los recursos naturales frente a los dos aspectos anteriores). Por ello, las acciones a desarrollarse en la microcuenca deben considerar todas estas interacciones.

II. ¿POR QUÉ LA MICROCUENCA?

La microcuenca es el ámbito lógico para planificar el uso y manejo de los recursos naturales, buscando la sustentabilidad de los sistemas de producción, contribuyendo así a la seguridad alimentaria y nutricional. Es en este espacio donde ocurren las interacciones más fuertes entre el uso y manejo de los recursos naturales (acción antrópica) y el comportamiento de estos mismos recursos (reacción del ambiente). Ningún otro ámbito de acción que pudiera ser considerado (municipio, cantón, caserío, finca, asociación de productores, cooperativa, ruta o sector, etc.) guarda esta relación de forma tan estrecha y tangible.

Tomar la microcuenca como ámbito de planificación de acciones orientadas a introducir cambios en los sistemas de producción, buscando conciliar e integrar los objetivos de producción y protección de los recursos naturales, es una opción técnica y estratégica dictada por la naturaleza de las interacciones entre estos recursos.

Una acción ligada al uso y manejo de la tierra y agua de una cierta envergadura que se realice en la microcuenca normalmente presenta un impacto mensurable a corto o mediano plazo, ya sea positivo o negativo, sobre la recuperación o deterioro del suelo, el balance de biomasa y la cobertura vegetal, la cantidad y calidad del agua, la fauna, entre otras variables importantes para la sostenibilidad de los sistemas de producción.

Considerar la microcuenca hidrográfica como ámbito de planificación presenta las siguientes ventajas:

  • En función de la estrecha relación anteriormente descrita, la planificación de microcuenca facilita la percepción de los individuos y de la comunidad sobre las interacciones existentes entre la producción (uso y manejo de los recursos por el ser humano) y el comportamiento de los recursos naturales utilizados para esta misma producción (suelo, agua, bosques). Así, más fácilmente se favorece una conciencia sobre la necesidad de promover correcciones y cambios en la propia forma de actuar.

  • La microcuenca permite que tanto los usuarios del agua de la cuenca (población, ganaderos, regantes, etc.), como los de fuera (pobladores de los pueblos, ciudades, industrias, etc.) perciban la relación estrecha que tienen con los usuarios directos de la tierra, a través del agua. La percepción de esta relación es fundamental para sentar los principios de pagos por servicios ambientales a escala local.

  • Aunque la microcuenca no sea un requisito para la organización, ella posibilita y facilita el establecimiento de un proceso productivo organizado, para generar una escala de producción que pueda acceder a mercados que exigen cantidad, calidad y continuidad, puesto que este tipo de organización depende de factores tales como: conservación, uso y manejo compartido del agua, relación de vecindad para el tratamiento de temas de transporte, mejoramiento de caminos, compra y venta, construcción y mantenimiento de infraestructura productiva compartida (represas, tanques, sistemas de distribución de agua, invernaderos para la producción de plantines, etc.), entre otros.

  • La microcuenca puede facilitar las interacciones entre diferentes temas e instituciones que prestan servicios a las comunidades (agricultura, caminos, agua potable, salud, educación, etc.), tanto a nivel local (alcaldías, ONG´s) como nacional (ministerios, instituciones autónomas, proyectos, etc.). Así, puede optimizarse el uso de los recursos humanos, materiales y financieros en las labores de extensión, investigación, fomento y desarrollo en general.

  • La microcuenca es un ámbito geográfico, hidrológico, económico, social y ambiental complementario con otros ámbitos. Hacia adentro, se complementa con la finca (familia) y comunidad (estructura social); hacia afuera, se complementa con ámbitos naturales, como la subcuenca y cuenca o ámbitos político-administrativos, como las parroquias, los municipios y los estados. En ninguna situación, estos ámbitos son excluyentes.

III. DE LA FINCA A LA MICROCUENCA

Al tomar la microcuenca como un ámbito de planificación y ejecución de acciones, no se elimina la finca de este proceso. La finca sigue siendo la unidad primaria de toma de decisión en el medio rural y toda acción que se planifica es efectivamente implementada a este nivel. Lo anterior implica que todo lo que se planifica a nivel de la microcuenca necesita estar coordinado con lo que planifica cada productor/a individualmente, a nivel de su finca o parcela de producción.

Los productores/as generalmente toman sus decisiones pensando de los linderos hacia adentro. Los técnicos igualmente están acostumbrados a racionalizar y planificar acciones para un rubro específico o para el sistema de producción de la finca. Por ende, el enfoque de planificación y ejecución de acciones a nivel de microcuenca requiere cambios en relación a cómo reflexionar, racionalizar y tomar decisiones, por parte de productores/as y técnicos.

Las personas deben adaptarse a compartir, tomar y aceptar decisiones comunales sobre varios aspectos del uso y manejo de sus recursos naturales, lo que antes solían hacer individualmente. Éste puede ser un proceso largo, en el que es necesario que algunos aspectos importantes sean abordados constantemente por los extensionistas y los productores/as, como una manera de inducir el inicio del proceso de cambio. Los aspectos más importantes son:

  1. La finca no está aislada: Los productores/as necesitan tomar conciencia que la finca no está aislada en el ambiente. Ella es parte de un ámbito que involucra elementos geográficos, hidrológicos, ambientales, económicos y sociales: la microcuenca hidrográfica. A la vez, influye en este ámbito mayor y es influenciado por él. Si los pobladores no tienen clara esta relación, difícilmente compartirán acciones para corregir los problemas en este ámbito.

  2. La responsabilidad es de todos: En la racionalidad tradicional, es común que el productor/a responsabilice al vecino o a otras personas por los daños o malas prácticas agrícolas que afectan el medio ambiente en la microcuenca. Casi nunca él mismo se siente responsable y, por ende, no emprende acciones de cambio. La planificación a nivel de microcuenca requiere la toma de conciencia de que la responsabilidad es de todos y que solamente se lograrán impactos importantes si la mayoría (idealmente todos) toma acciones en forma conjunta.

  3. La toma de decisiones: Uno de los procesos más complejos a implementar junto a los pobladores de la microcuenca, es hacerlos sentirse una comunidad y empezar a tomar decisiones compartidas para el manejo de sus recursos naturales. La población está acostumbrada a tomar decisiones compartidas para infraestructura (escuela, clínica, transporte, comunicación, seguridad, etc.), cuya acción no involucra cambios de uso y manejo en lo que es propio e individual: su terreno, su sistema de producción, su finca y, por supuesto, sus costos e ingresos. El plan de la microcuenca solamente es factible cuando los pobladores están concientes y dispuestos a tomar y aceptar decisiones comunales. En este sentido, empezar con acciones pequeñas y del interés de la mayoría parece ser el camino más corto para capacitar y lograr la concientización requerida.

  4. La necesidad de organizarse: Tomar decisiones e implementar acciones compartidas a nivel de microcuenca requiere organización. Sin embargo, hay que organizarse para un fin y no como un fin. En este sentido, la organización debe ser vista como un instrumento para alcanzar objetivos que de manera individual no son accesibles. La experiencia ha demostrado que la organización debe servir inicialmente para facilitar o mejorar las condiciones de producción, comercialización y vida de la personas. Después de eso, ella está en condiciones de empezar a tratar otros temas más complejos, como el mejoramiento del uso y manejo de los recursos naturales en la microcuenca. Es muy difícil esperar que una comunidad de escasos recursos financieros, con baja autoestima y motivación, esté dispuesta a organizarse para tratar temas que no le traigan beneficios inmediatos tangibles. Cuando los pobladores lleguen a valorar mejor la importancia de los recursos naturales para su bienestar económico, empezarán a considerar su preservación con más interés y utilizar las mismas organizaciones existentes para planificar y ejecutar acciones comunales compartidas. En este caso, los organismos de la cuenca en sus diversas formas (autoridad de la cuenca, comités de gestión, comité de agua, etc.) tienen más probabilidad de éxito.

IV.CRITERIOS DE SELECCIÓN DE MICROCUENCAS

Los criterios que pueden ser elegidos para seleccionar microcuencas dependen del objetivo de la acción que se plantea desarrollar. Se pueden identificar cuatro grandes grupos de criterios:

Estratégicos: Son criterios que pueden establecerse en un nivel macro, en el marco de políticas nacionales, departamentales o municipales. Por ejemplo, suministro de agua potable a poblaciones, presencia de embalses, corredores biológicos o áreas protegidas, ubicación de la microcuenca en áreas con planes de desarrollo integral, etc.

Institucionales: Son criterios relacionados al rol de las instituciones; por ejemplo, ubicación en las zonas de atención o cobertura de éstas, tipo de público que atiende, prioridad en aspectos ambientales, etc.

Operativos: Son criterios relacionados con aspectos de logística, tales como: distancia de las oficinas, tamaño de la microcuenca (área y población), posibilidades de coordinación con otras instituciones y actores, entre otros.

Técnicos agronómicos y ambientales: Son criterios relacionados con los aspectos biofísicos (cabecera de subcuenca o cuenca, disponibilidad de agua, nivel de deterioro de los recursos naturales, riesgo para la población, etc.) y socioeconómicos (sistemas de producción dominantes, nivel de organización, motivación para el cambio, capacidad de inversión, relevancia del curso de agua como agua potable para la población, entre otros).

En términos generales, se podrían recomendar 9 criterios de selección. Estos criterios están orientados a facilitar el trabajo institucional y lograr resultados con impacto de más corto plazo:

  1. Poseer disponibilidad de agua para promover el riego de pequeñas áreas. Es un hecho que la reconversión productiva orientada al mercado es mucho más fácil y factible si se puede programar un cierto nivel de producción a través del riego, principalmente en el período seco.

  2. Presencia de un porcentaje importante de terrenos y suelos que ofrezcan una cierta seguridad a la producción más intensiva, sin elevados riesgos de deterioro o pérdidas de cosecha.

  3. Mayor presencia de propietarios/as que arrendatarios/as. La inseguridad (real o sicológica) sobre la tierra que predomina en la zona rural hace que los contratos de arrendamiento no vayan más allá de unos meses. Ello impide o dificulta la inversión en prácticas de mejoramiento ambiental por parte de los arrendatarios.

  4. Presencia de productores/as motivados a impulsar un proceso de cambio basado en el esfuerzo compartido entre ellos/as y las instituciones.

  5. Presencia de cierta experiencia con rubros no tradicionales, con producción orientada al mercado.

  6. Lugar con posibilidad logística de ofrecer una asistencia técnica continua y oportuna y con fácil acceso al mercado.

  7. Relevancia de la microcuenca en el ámbito del municipio en términos de suministro de agua potable para poblaciones, oferta de productos agrícolas diversificados, potencial turístico, preservación de los recursos naturales, entre otros. Considerar este criterio puede facilitar o aumentar el interés de los municipios y de la sociedad urbana organizada en apoyar planes de desarrollo rural en las microcuencas.

  8. La microcuenca debe ser representativa de un ámbito mayor (subcuenca, cuenca), hacia donde las experiencias, técnicas y procedimientos mejorados de uso y manejo sostenible de los recursos naturales puedan ser extrapoladas a un costo menor y de manera más rápida.




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