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La resiliencia
La acción temprana mitiga los efectos de la sequía en Sudán

La acción temprana mitiga los efectos de la sequía en Sudán

09/07/2019

En agosto de 2017 comenzaron a llegar señales preocupantes desde el estado sudanés de Kassala; sus habitantes se enfrentaban a dificultades: un período de sequía se había prolongado mucho más allá de lo normal y gran número de cabezas de ganado estaban siendo desplazadas de las rutas tradicionales de pastoreo en una búsqueda desesperada de agua y algo de vegetación con la que alimentarse. Otra señal de alarma saltó cuando el precio del sorgo subió por encima de la media.

Sudán es conocido desde hace tiempo como uno de los países más áridos de África, pero en los últimos años las precipitaciones se han vuelto aún más irregulares. Los fenómenos extremos, como la sequía, son cada vez más frecuentes. El 70% de la población rural de Sudán depende de la agricultura de secano y de la ganadería, y para ellos las condiciones climáticas impredecibles e intensas –como las detectadas en Kassala–, están llevando al límite su capacidad de supervivencia. Los efectos acumulativos de esta “nueva normalidad” se están haciendo sentir; una sequía puede seguir a otra, despojando cada vez más a la gente de unos recursos que les costó lograr, y que son limitados.

Por esta razón, la FAO está cambiando la mentalidad de las comunidades en Sudán, que ha pasado de ser reactiva a centrarse en la prevención y la mitigación. Cuando estas señales preocupantes comenzaron a aparecer en Kassala, entró en juego el sistema de Alerta y acción temprana de la FAO (EWEA, por sus siglas en inglés) establecido a principios de 2017. Esta herramienta utiliza una enorme cantidad de información para anticiparse a los riesgos, permitiendo intervenciones antes de que una crisis se convierta en un desastre humanitario. El sistema para Sudán, diseñado e implementado en colaboración con las contrapartes de los gobiernos locales y nacionales, se adaptó para el vigilar el riesgo de sequía en los estados de Kassala, Mar Rojo y Darfur del Norte.

La primera acción temprana se puso en marcha en octubre: una evaluación rápida que permitió a la FAO comprender cómo se vería afectada la población y qué intervenciones serían de más ayuda para los agricultores. La evaluación confirmó que los pastos eran cada vez más limitados, que el suministro de agua era escaso y que se recolectaba sorgo por debajo de la media. Los agricultores propietarios de entre tres y doce pequeños animales, eran los que estaban más amenazados.

Con los resultados de la evaluación, la FAO se centró en ayudar a los agricultores a proteger su ganado de cría antes de la sequía. En las localidades de Hameshkoreb, Tulkouk y Aroma, la FAO distribuyó 600 toneladas de piensos concentrados, 30 toneladas de piedras con sales minerales y proporcionó tratamientos veterinarios a 30 000 animales, lo que corresponde a 5 000 familias.

Junto con otros agricultores, Tohaj Musa se considera afortunada de haber recibido piensos y vacunas a tiempo. “Había incluso pensado en comprar pan para compartir con mis animales y mantenerlos vivos”, asegura Tohaj, que vive en Tulkok. Perder su ganado era impensable: depende de sus animales para mantener a su familia de diez personas. Sin embargo, gracias al proyecto de la FAO, el rebaño de Tohaj aumentó porque estaba lo suficientemente sano para reproducirse, a pesar de las condiciones de sequía. “Ya no tengo que comprar leche y desplazarme hasta el mercado”, explica.

“La vida sería muy dura si nuestro ganado muriera. No tendríamos comida ni leche para los niños”, indica Khalda Mohammed Ibrahim, un campesino de la localidad de Aroma. “Cuando hay sequía, tengo miedo de que los animales mueran de hambre, y luego nosotros también”. La leche es importante en estas zonas rurales. Los animales bien alimentados producen una leche rebosante de proteínas, ácidos grasos y micronutrientes de alta calidad. Tan sólo medio litro al día puede aportar a un niño de 5 años como la hija pequeña de Khalda el 25% de las calorías y el 65% de las proteínas diarias que necesitan para un crecimiento y desarrollo saludables.

En pasadas sequías, Khalda iba al mercado de Kassala para comprar forraje y vender carbón. Pero el viaje es largo y las mercancías caras. Por fortuna, el proyecto de acción temprana de la FAO le ayudó a mantener vivos y sanos a sus animales. “Con esta ayuda, nuestro ganado estaba sano y contento y producía más leche”, explica Khalda. Podíamos alimentar a los niños y a nosotros mismos y a veces dábamos leche a nuestros vecinos”.

La acción temprana significa que por cada USD que la FAO gasta, los agricultores obtienen beneficios de 6,7 USD por hogar en pérdidas evitadas y beneficios complementarios: dinero que las comunidades pueden gastar en medicamentos, alimentos y piensos adicionales. Murieron menos animales, menos enfermaron y adelgazaron, y siguieron produciendo leche. Actuar con anticipación antes de que ocurra un desastre no sólo es posible, sino que es también una responsabilidad. Las comunidades deben contar con todas las oportunidades para protegerse a sí mismas y a sus medios de subsistencia antes de las crisis, de manera que puedan ser más resilientes a las que se produzcan en el futuro. Ahora es el momento de cambiar la manera en que gestionamos los desastres, para avanzar aún más hacia el #HambreCero.

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