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Arroz y medioambienteEl arroz y nosotros

La constante inundación de los arrozales sin un adecuado período seco afecta negativamente a otros procesos químicos y biológicos del suelo

La gestión del agua es la clave para crear unos sistemas de producción de arroz sostenibles, sobre todo porqué el arroz es el único cereal básico que resiste la inmersión acuática.

Durante miles de años, las presiones naturales tales como la sequía, la inmersión, las inundaciones, las tensiones de los nutrientes, las tensiones bióticas y la intervención humana han contribuido a la enorme diversidad de variedades de arroz y de ecosistemas del arroz. Basándose en su diversidad, los agrónomos arroceros y los ecologistas han propuesto varios sistemas de clasificación, de los cuales el más ampliamente utilizado distingue cinco categorías relacionadas con el agua: las tierras bajas de secano, las aguas profundas, los humedales bañados por las mareas, las tierras altas y el arroz de riego. En la década de los 90, únicamente el 11% de las zonas cultivadas con arroz del mundo eran tierras altas; el resto de los cultivos procedía de sistemas de riego.

La topografía del paisaje local en el que se cultivaba el arroz conllevó el desarrollo de una gestión del agua y de unas prácticas de cultivo determinadas que produjo unos resultados productivos concretos. El sistema de terrazas en las zonas montañosas es un producto típico de la técnica de encharcamiento que ha permitido el cultivo incluso en laderas empinadas. Esta técnica es decisiva para la prevención de la erosión del suelo y de los deslizamientos de tierras. Otra de las ventajas de esta técnica es su capacidad para controlar las inundaciones: los muros de los campos permiten almacenar una gran cantidad de agua, lo que reduce los caudales máximos tras las fuertes lluvias. La capa de agua que se forma debido al encharcamiento en el cultivo de arroz minimiza el crecimiento de las algas y, por consiguiente, reduce la necesidad de herbicidas y la necesidad de mano de obra para el control de las algas. La constante presencia de agua en el campo origina también el filtraje del agua y la alimentación de las reservas de agua subterránea, que a menudo se aprovecha para otros rendimientos hidráulicos.

La complejidad de la relación entre el arroz y el agua se demuestra perfectamente en los sistemas basados en el arroz con sumersión del suelo. Las condiciones de sumersión permiten que la materia orgánica se acumule en los suelos, lo que contribuye a la captura de carbono. En los sistemas sumergidos, la materia orgánica del suelo sirve como depósito nutricional y proporciona unos recursos ricos en elementos minerales para las plantas. No obstante, la constante inundación de los arrozales sin un adecuado período seco afecta negativamente a otros procesos químicos y biológicos del suelo, tales como un tiempo mayor en la descomposición del humus, un menor índice de mineralización del nitrógeno del suelo, el aumento de la salinidad y la inhibición del suelo. Además de ello, los suelos de los humedales son conocidos por su emisión de metano, un gas de efecto invernadero. Para finalizar, la constante presencia de agua aumenta la aparición de enfermedades tales como la malaria, aunque esta misma presencia de agua favorece la presencia de los predadores naturales de los mosquitos (los portadores de la malaria) y permite que los agricultores complementen su sustento con la agrobiodiversidad de los sistemas basados en el arroz.

Las aparentemente contradictorias ventajas y desventajas que suponen los sistemas de arroz sumergidos para las personas y el medioambiente pueden resolverse mejor gracias a unas adecuadas prácticas agrícolas. Los sistemas basados en el arroz han sido diseñados para utilizar recursos de agua dulce con varios propósitos y para mantener la biodiversidad que originalmente dependía del ecosistema acuático natural, a la vez que permiten también los sistemas de cultivos intensivos del arroz, entre ellos las industrias pesqueras, el ganado y el cultivo de plantas.