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El género en los sistemas agrícolas arrocerosEl arroz y nosotros

A menudo las mujeres y los hombres desarrollan diversas prácticas y conocimientos en los sistemas agrícolas arroceros

Las mujeres y los agricultores minifundistas juegan un papel importante tanto en la producción de arroz como en las actividades postcosecha, aunque a menudo no reciben las prestaciones sociales y económicas proporcionales cuando las mejoras en el cultivo del arroz se inician en el ámbito del campo.

Por ejemplo, la introducción del arroz de alto rendimiento en Asia durante la Revolución Verde incrementó la necesidad de dinero en los hogares rurales para cubrir el coste de las semillas mejoradas de arroz y otros productos, lo que resultó en un "desplazamiento urbano" en el que los hombres se trasladaron a las ciudades para ganar dinero. Esto aumentó la necesidad de mano de obra femenina en las tareas agrícolas, es decir aumentó la ya de por sí pesada carga de trabajo de las mujeres. Para aumentar la productividad de los sistemas de producción basados en el arroz, en especial para los agricultores minifundistas, es esencial proceder a una atenta evaluación de los papeles del género y de los trabajos.

Los estudios demuestran que las mujeres a menudo se encuentran con más limitaciones que los hombres en lo que se refiere al acceso a los recursos y a los servicios productivos críticos. Se enfrentan a mayores dificultades cuando tratan de acceder a créditos, productos agrícolas, medios de comercialización, servicios adicionales e información. Además, los miembros de los hogares agrícolas minifundistas, en particular las mujeres, los niños, los ancianos y las personas afectadas por enfermedades tales como el VIH/SIDA, pueden tener unas necesidades de información distintas. Con frecuencia utilizan prácticas de cultivo que les permiten obtener beneficios: seleccionan las variedades de cultivo que permiten unos ingresos máximos con relación a una mano de obra escasa, en lugar de centrarse en aumentar el rendimiento por unidades de terreno.

Las leyes nacionales pueden conceder a hombres y mujeres los mismos derechos sobre la tierra, pero en la práctica no siempre es así. Se observa con frecuencia (por ejemplo en Gambia) que la introducción de nuevas técnicas en la agricultura arrocera, en particular el riego, ha afectado negativamente a los derechos de la mujer a utilizar determinados arrozales. Tan pronto como las nuevas tecnologías han comportado unos ingresos superiores, los hombres han conquistado el control de los campos de las mujeres con el objeto de capitalizar los mayores ingresos económicos.

No se puede conseguir un auténtico avance en la mitigación de la pobreza y en el incremento del sustento si se ignora la parte femenina de la población. Por ello, es necesario aumentar la conciencia sobre el trabajo de las mujeres en los arrozales y su correspondiente mayor acceso a la información sobre las técnicas mejoradas de la producción de los cultivos. Para finalizar, existe una necesidad urgente de tierras equitativas y políticas de recursos a escala nacional, con el correspondiente apoyo, para garantizar que las mujeres puedan beneficiarse de las mejoras en los sistemas basados en el arroz.