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El comercio mundial del arroz está aumentando considerablemente, con un creciente número de países que dependen de las importaciones para satisfacer sus necesidades domésticas, especialmente en África

Con muy pocas excepciones, los principales países productores de arroz son también los principales consumidores de arroz. A menudo los gobiernos se enfrentan al típico dilema de la política de mantener los precios bajos para los consumidores pobres, a la vez que sigan siendo atractivos para los productores.

Tradicionalmente, la necesidad de resolver estos intereses conflictivos ha conllevado un alto grado de intervención gubernamental en el sector, lo que ha supuesto que el arroz sea uno de los productos agrícolas más protegidos, sometido a unas medidas de estabilización de los precios y a unos poderosos obstáculos arancelarios y no arancelarios. Este alto nivel de protección ha contribuido a los bajos niveles de comercio internacional del arroz, que actualmente representa únicamente el 4-6 por ciento de la producción mundial, comparado con el casi 12 por ciento del maíz y el 18 por ciento del trigo. No obstante, esta situación empezó a cambiar en los años 80, con la implantación de programas de ajuste estructural y, en 1994, con el Acuerdo de la OMC sobre la Agricultura, que instituyó la base para una menor intervención gubernamental y la liberalización del comercio.

En este nuevo entorno de comercio internacional, el comercio mundial del arroz está aumentando considerablemente, con un creciente número de países que dependen de las importaciones para satisfacer sus necesidades domésticas, especialmente en África. Mientras que los beneficios de la apertura del comercio se han reservado principalmente a los consumidores urbanos permitiéndoles comprar arroz a precios más bajos, la peor parte ha sido para los pequeños y pobres agricultores de los países en vías de desarrollo, que no disponen de las redes de seguridad ni de los programas de asistencia para ingresos de los que disponen sus homólogos de los países desarrollados.

Los países en vías de desarrollo se enfrentan actualmente al reto de seguir la corriente del impulso de liberalización del comercio para cosechar los beneficios relacionados con una distribución más eficaz de los recursos, a la vez que proporcionar también cierto alivio a la grave situación de los pequeños productores, especialmente de aquellos que se encontrarán con dificultades para cambiar de sector económico durante la transición. No obstante, algunos países desarrollados se enfrentarán al dilema de abrir sus fronteras al arroz de los productores de bajo coste, a la vez que preservar el patrimonio cultural y los beneficios medioambientales relacionados con los sistemas de producción arroceros.