
La educación básica, por la que a menudo se entiende la alfabetización y la aritmética elemental, es un componente esencial del desarrollo socioeconómico. La educación no sólo es un derecho universal sino también un medio para fomentar los conocimientos, la capacidad técnica y las actitudes de los individuos así como la capacidad de desarrollo de las sociedades. Tanto la educación escolar como la extraescolar, para hombres y mujeres están estrechamente relacionadas con la productividad agrícola. Ahora se reconoce en general que una extensión basada en la participación responde mejor a los problemas de los agricultores.
La educación sienta las bases para fomentar la capacidad de las personas de adquirir y asimilar información, amplía sus perspectivas y su comprensión del mundo y fomenta su autosuficiencia. También potencia la eficacia de los servicios de capacitación y extensión. La educación sirve para reducir la pobreza aumentando la producción, la eficiencia económica y los ingresos, y también para promover los intereses de los grupos desfavorecidos de la población. Un estudio sobre la educación en los países en desarrollo demostró que los agricultores que habían cursado cuatro años de estudios elementales tenían por término medio un 8,7 por ciento más de productividad. Otro estudio puso de manifiesto que cada año más de escolarización representaba añadir alrededor de un 2,5 por ciento a la producción agrícola. Más recientemente, un análisis ha revelado que en el Asia oriental cada año adicional de educación contribuía más de un 3 por ciento al PIB real.
La mayor parte de los países en desarrollo comunican que durante los últimos cinco años han aumentado las tasas de matriculación en la enseñanza primaria y secundaria. Por desgracia, muchos países han reducido el gasto en educación como consecuencia del déficit fiscal. El aumento de las matrículas escolares y la reducción del gasto público en educación han hecho descender la calidad y la eficiencia del sistema educacional de muchos países.
Sin embargo, muchas estadísticas se limitan a indicar las tasas de matriculación y hasta hace poco no tenían en cuenta el número de desertores escolares. Muchos niños de hogares pobres se matriculan en la escuela y poco después la abandonan por razones familiares o económicas. Entre las razones económicas la principal es el elevado costo de oportunidad que representa mandar a los niños a la escuela. Estos costos de oportunidad influyen mucho en las decisiones familiares a la hora de asignar el trabajo y los alimentos, sobre todo en las familias pobres de zonas rurales. El Programa Mundial de Alimentos ha colaborado con éxito en iniciativas encaminadas a lograr que los niños sigan yendo a la escuela. Por ejemplo, el PMA realiza Programas de Alimentación Escolar en muchos países con objeto de atraer estudiantes, reducir la deserción escolar y elevar la situación nutricional de los niños.
Varios países informan de que, en general, la matrícula de mujeres a nivel primario, secundario y universitario ha aumentado durante los últimos cinco años. También se ha incrementado el número de mujeres matriculadas en estudios agrícolas en la región de Africa. En Benin, por ejemplo, se ha registrado un aumento total del 8 por ciento desde 1990. Los datos facilitados por el Congo indicaban que en 1984 el 34 por ciento de los estudiantes matriculados en escuelas y cursos agrícolas especializados eran mujeres. Esa proporción ha aumentado al 53 por ciento en 1989. En los últimos diez años, la participación de mujeres en estudios agrícolas en Africa ha aumentado del 15 al 24 por ciento del total de matrículas. Si bien se han realizado algunos progresos en la participación de mujeres en programas educacionales, su número todavía es insuficiente en comparación con los hombres en muchos países. Los beneficios que puede suponer para el desarrollo social la educación de la mujer siguen siendo un potencial no realizado.
Si bien las investigaciones realizadas muestran que los beneficios derivados de las inversiones en la educación de la mujer son elevados (superan los correspondientes a los hombres en cuestiones sociales), sigue habiendo un número insuficiente de matrículas femeninas por prejuicios culturales y porque no se considera rentable la escolarización de las niñas. La OCDE indicó los siguientes elementos fundamentales para promover la participación de la mujer en la educación: atención preescolar; existencia de escuelas cercanas a los centros habitados; descentralización e implantación local de la enseñanza.
En los países en desarrollo hay que abordar la cuestión del bajo nivel de formación de gran parte de los extensionistas: sigue habiendo escasez de personal capacitado en asuntos agrícolas a pesar de los progresos realizados durante los tres últimos decenios. Alrededor del 39 por ciento del personal de extensión en todo el mundo tenía tan sólo estudios secundarios o de nivel inferior; un 33 por ciento habían recibido formación de nivel intermedio; un 23 por ciento tenía un título universitario de primer grado; y algo más del 5 por ciento tenían estudios de postgrado. En los países en desarrollo el nivel educacional es claramente más bajo.
Se han diseñado diversas estrategias para mejorar los servicios de extensión y reducir los costos:
Ya no se considera que los servicios de extensión deban limitarse exclusivamente a facilitar información sobre técnicas agrícolas. Los grupos destinatarios no son únicamente los agricultores sino que también abarcan gran número de mujeres y jóvenes de zonas rurales. Durante el último decenio, se ha hecho más hincapié en educar a los jóvenes sobre los efectos del rápido crecimiento demográfico, formar dirigentes comunitarios, enseñar sistemas de participación en actividades generadoras de ingresos, la protección contra el VIH/SIDA y la preservación del medio ambiente. Se incorporan cada vez más elementos de desarrollo sostenible y ecológico en los programas de educación y extensión agraria. El desarrollo agrícola sostenible exige que los servicios de extensión faciliten un asesoramiento e información más complejos en consonancia con las dificultades que entraña la creciente protección del medio ambiente y los sistemas de producción.
Los destinatarios de los programas de extensión se determinan teniendo en cuenta consideraciones relativas a la igualdad entre los sexos, las necesidades concretas de los campesinos pobres y la importancia de la juventud, que constituye la próxima generación de productores agrícolas. Un replantamiento de los servicios de extensión, en especial prestando mayor atención a los procesos participativos, tiene necesariamente implicaciones para la formación de los extensionistas. Es preciso enseñarles cómo resolver problemas y cómo comunicarse con los agricultores y también a apreciar mejor los conocimientos que éstos ya poseen de su medio ambiente y sus sistemas agrícolas.