
(extraído de "Ceres", Revista de la FAO, No. 158 - marzo-abril 1996)
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La agricultura y su desarrollo han evolucionado progresivamente de una fase "pionera" de subsistencia a otra de "producción" -con el uso científico inicial de los cultivos y la ganadería-, después a una fase con énfasis en la "productividad" -uso de insumos para un alto rendimiento- y, finalmente, a la "sostenibilidad". Cada fase de esta evolución requería actitudes diferen-tes, nuevos conocimientos y nueva información para todos los protagonistas de la agricultura.
Ahora la crisis ambiental ha provocado otras prioridades: 40 países están cerca del límite de sus reservas de agua; la salinidad ha arruinado el 20 por ciento de toda la tierra irrigada disponible; para un gran número de comunidades, las fuentes tradicionales de leña y forraje están a punto de extinguirse; y el desempleo rural y la pobreza están en aumento. Los planteamientos simplistas ante las disciplinas tradicionales de la agricultura, los bosques, la sanidad, la educación y las teorías económicas actuales son insuficientes para afrontar este tipo de problemas. Se requiere un planteamiento más amplio que se base en las realidades sociales y en las prioridades de la gente afectada.
En la Cumbre Mundial de Desarrollo Social, celebrada en Copenhague en marzo de 1995, más de 120 jefes de Estado y de gobierno se comprometieron a la prioridad del desarrollo social. La Declaración sitúa el papel de la tecnología en la consecución de los objetivos de desarrollo social de la agenda internacional de desarrollo por primera vez:
"Reconocemos que las nuevas tecnologías informativas y los nuevos plantea-mientos para que accedan a ellas las personas pobres puede ayudar en el cumplimiento de los objetivos de desarrollo social y por lo tanto se reconoce la necesidad de facilitar su acceso".¿Qué significa esto en la práctica? En la actualidad, alrededor del 2 por ciento de todas las personas, escuelas, clínicas, pequeños negocios y comunidades del mundo tienen acceso a tecnologías que se basan en los ordenadores y a Internet, a las autopistas de la información. Numerosos documentos sobre las autopistas de la información elaborados recientemente definen sus capacidades en relación con las necesidades nacionales y mundiales: pero no se centran en cómo la tecnología puede ser accesible para los pobres en gran escala. Esto no puede conseguirse dentro de las actual situación en las que dichas tecnologías separan todavía más a quienes tienen de quienes no tienen. Hasta ahora no ha habido alternativa alguna.
La era de la información se compone de siete grandes campos: aprendizaje, diagnóstico, gestión, planificación física, finanzas, entretenimiento y comunicación. Las tecnologías para conseguir una gran avance ya están aquí en las capacidades de emisión, telefonía, cables y satélites; la capacidad de procesamiento y de interacción de los ordenadores; la prodigiosa capacidad electrónica de almacenamiento y de comunicar sonido, imágenes, símbolos, gráficos, vídeos y números... y para hacerlo por pedido. Estas capacidades continuarán mejorando y el costo de la tecnología descenderá aún más.
Los programas a nivel de pueblo en países de todo el mundo están mostrando cómo la gente de todas las edades y de todos los niveles de educación (incluyendo, en particular, los pobres y analfabetos) pueden utilizar estas tecnologías. Estos ejemplos incluye su uso en la educación y la capacitación; el diagnóstico de elementos humanos, animales, vegetales y mecánicos; la gestión de comunidades, pequeñas empresas y gobiernos locales; la planificación física de recursos y la gestión medioambiental a nivel local, así como el crédito rural y el ahorro. Los satélites de baja órbita pueden ahora hacer baratas las comunicaciones digitales de dos vías con cualquier punto de la tierra utilizando una radio.
Estas iniciativas están mostrando el extraordinario potencial que la tecnología posee para el propio desarrollo de los más pobres. Sin embargo, estas iniciativas son pequeñas, aisladas e independientes. Muy pocas se han extendido en gran escala y todavía menos han establecido la base para la financiación sostenible de la tecnología en gran escala. Estos proyectos también muestran que el amplio potencial de las tecnologías radica en los "sistemas integrados".
La gente pobre nunca puede tener acceso al potencial de estas tecnologías si deben ser los propietarios para poder usarlas. Este obstáculo puede superarse si se emplea un método nuevo.
No se requiere nueva tecnología. El Servicio Colectivo podría financiarse, por primera vez, de forma sostenible en virtud de las aplicaciones sociales que conlleva y cuyas características principales serían las siguientes:
Con este método, actividades que hasta ahora eran consideradas responsabilidad del sector público, como la educación, la extensión rural, la sanidad comunitaria o la gestión local, pueden generar ganancias. Podemos inyectar fondos privados para obtener estos objetivos y, por lo tanto, escapar de los límites del gasto público.
Los gobiernos han financiado el suministro de información y conocimiento (profesores, agentes de extensión, funcionarios de sanidad... etcétera) y la financiación del uso de la tecnología permitirá destinar los ingresos procedentes de los usuarios ricos para canalizar directamente el desarrollo de los pobres en gran escala.
Los planteamientos económico-productivos del desarrollo han puesto énfasis en los cultivos, la gana-dería, los bosques, los peces, el riego, la conservación de suelos, la sanidad, la educación... especialmente en los países del Tercer Mundo los gobiernos han dedicado personas que han recibido capacitación para que fueran los destinatarios primarios del conocimiento y los que sirvieran como medio de comunicación, creando grandes burocracias para sostener todo ese aparato. El pretendido "efecto dominó" ha fracasado y no ha conseguido llegar hasta el sector pobre, el "40 por ciento más bajo", en casi ningún lugar.
Este planteamiento se encuentra inevitablemente limitado por el número de funcionarios que los gobiernos pueden contratar y gestionar; por el conocimiento, la capacidad de comunicación, la actitud, la edad, el sexo, el idioma, la movilidad, la aceptabilidad social y otros factores humanos de cada persona individual; los límites de las disciplinas tradicionales de los gobiernos (y de las agencias de ayuda) y de los sectores que siguen el reduccionismo de los sistemas educativos occidentales.
Los planteamientos y la financiación del aprendizaje, el diagnóstico, la gestión, la planificación física y la comunicación se han fragmentado en disciplinas separadas. La tecnología puede ofrecer información y software para cada uno de esos cinco campos de actividad (así como para las finanzas y el entretenimiento) indistintamente de la disciplina o el sector.
Los principios del Servicio Colectivo pueden aplicarse universalmente. Los programas para introducirlo han sido puestos en práctica en 14 países y ya están muy avanzados en China y la India, además de los Estados Unidos, Canadá, el Reino Unido y Sudáfrica. La Unión Europea y el Banco Interamericano de Desarrollo son los primeros donantes que han recibido peticiones de financiación para iniciativas del Servicio Colectivo.
Las ONG juegan un papel central en ayudar a introducir el Servicio Colectivo en las comunidades. Tal y como señaló el gestor americano Peter Drucker, "la tecnología es importante sobre todo porque nos forzará a hacer cosas nuevas, más que a permitirnos hacer mejor las cosas viejas".
Para el desarrollo del sector rural podemos volver a idear planteamientos y financiación de los siete campos principales de aplicación social de la tecnología (señaladas anteriormente) Las implicaciones son mucho más profundas y de gran alcance. A continuación señalamos algunas de ellas:
En lo que respecta a los organismos de las Naciones Unidas (como la FAO o la OMS), ya están promocio-nando aplicaciones tecnológicas en sus ámbitos concretos, pero todas inevitablemente limitadas a las actuales convenciones y limitaciones del gasto público en los países concretos. Con la supresión de dichos límites, el uso de las tecnologías de información en sus respectivos campos puede y debe convertirse en un tema de atención prioritaria.
Como señalaba con anterioridad Peter Druker, el mayor potencial de la tecnología reside en permitirnos hacer nuevas cosas. Esto vale en especial para el planteamiento con énfasis humano del desarrollo rural, que exige una revisión de las prioridades y objetivos de la FAO. Como muchos de los prerrequisitos sociales del desarrollo sostenible han caído "entre" en lugar de "dentro" de los organismos técnicos de las Naciones Unidas, es necesario que tengan lugar nuevos programas de cooperación que se concentren en dichas necesidades: utilizando la tecnología, Internet, el World-Wide Web... etcétera. A nivel de país, es necesaria la coordinación entre los distintos organismos para sostener estos programas que las ONG y el sector privado guiarán en contra de lo que ha venido sucediendo hasta ahora con respecto a la inversión gubernamental.
Los primeros programas de Servicio Colectivo deben establecerse sobre los institutos, universidades y el sector privado, que ya están operando en redes y abriendo técnicas de aprendizaje a distancia. En las zonas rurales pueden basarse sobre iniciativas ya existentes utilizando la tecnología a nivel local. Prácticamente todos los programas existentes utilizan la tecnología para fines limitados. Los programas de "Servicio Colectivo" pueden ampliar los usos del mismo equipo.