
(extraído de "Ceres", Revista de la FAO, No. 158 - marzo-abril 1996)
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Nadimba tiene 30 años. Vive con sus siete hijos en el sur de Malawi, cerca de la frontera con Mozambique. Su marido ha emigrado para trabajar en una de las plantaciones del centro del país. En el pueblo no hay ni electricidad, ni teléfono, ni agua potable. Apenas sabe escribir su nombre y lee con dificultad. Las pocas películas que ha visto en su vida pudo hacerlo en las escasas ocasiones en que se detuvo en su pueblo alguna de las unidades móviles. Cuando puede, escucha la radio familiar, pero como va a pilas y éstas cuestan dinero, suelen ser los hombres quienes eligen los programas.
Como muchos otros africanos de la zonas rurales, Nadimba vive totalmente fuera de la aldea global de información. En su mundo no existen ni las antenas parabólicas, ni los módems ni los ordenadores. Mientras las élites urbanas navegan por las autopistas de la información, los pobres del Africa siguen haciendo auto-stop en las mismas carreteras polvorientas de las que nunca han salido.
Con todo, se comunican. Aunque la alta tecnología sea de otro mundo y los medios electrónicos estén fuera de su alcance, las comunidades rurales transmiten su herencia social y cultural con un gama de comunicaciones que existía mucho antes de la irrupción de las modernas tecnologías de la información. Los pueblos africanos están asentados sobre los ricos pilares del conocimiento autóctono, la firmeza de las costumbres tradicionales y el talento de las generaciones pasadas.
Los campesinos generan y regeneran la cultura con los proverbios, las rimas y las canciones. Cuando la cosecha está en curso y la vida se tranquiliza, es el tiempo de los cultos y ritos, para gloria de los antepasados y fiesta de los vivos. Aparecen en los pueblos los griots, los contadores de historias, los trovadores. Actúan las marionetas, los grupos de teatro y las bailarinas. Retumban los tambores a lo largo de la noche y con el sonido se perpetua también su cultura.
Pero la cuestión es saber si esos medios de comunicación ofrecen a Nadimba, y a tantos otros habitantes del Africa rural, la información que les ayude para cubrir sus necesidades básicas, alimentar a sus hijos, mantener a sus familias sanas, controlar la natalidad y administrar los recursos familiares. ¿Pueden mostrar a Nadimba y a otras mujeres cómo transformar sus vidas dentro de su propia cultura? ¿Cómo encajan las redes tradicionales de comunicación en los planteamientos más ortodoxos de la comunicación para el desarrollo? ¿Son la ruta para la participación comunitaria, la confianza en sí mismos y el uso de los recursos locales? Para un número cada vez mayor de profesionales la respuesta es "Sí".
Los expertos en comunicaciones modernas apren-dieron de las prácticas del folk media y para mediados de los años ochenta su uso para apoyar programas de desarrollo se hizo más científico y sistemático. La comunicación indígena puede adaptarse ahora a una amplia gama de finalidades de desarrollo, con un respeto total a la sensibilidad cultural, a los rituales apropiados y a los tabúes asociados con formas específicas de expresión cultural, representación tradicional y entretenimiento.
Un mensaje actualizado puede ser muy efectivo cuando es transmitido por los métodos tradicionales. Cuando una cantante entona la canción de una esposa diciéndole a su marido ausente "pensémoslo" y "en casa seguimos queriéndote", los campamentos de emigrantes escuchan en silencio, los hombres derraman algunas lágrimas... y dos semanas más tarde se organiza un viaje en autobús para volver a casa. Cuando una joven canta "¿Comémos el grano verde o esperamos a que madure?", la audiencia capta el mensaje. Una banda de niños canta a unos padres que se han marchado "aunque es difícil, todavía os queremos", y los padres se muestran más dispuestos a hablar sobre sus responsabilidades. Los cómicos sacan a relucir el tema de que "la montaña es un pez" a un público que, en seguida, entra a discutir sobre el crecimiento demográfico y los desequilibrios ecológicos. Las marionetas que ponen de relieve comportamientos maritales irresponsables en las relaciones conyugales hace que algunos hombres se sientan incómodos y, aunque parezca increíble, hablan entre ellos y después están más dispuestos a comprender a sus esposas o compañeras.
Como los medios tradicionales tienen sus raíces en la cultura local, nadie queda indiferente ante el mensaje. Forman parte del mundo familiar de los campesinos y usan un lenguaje comprensible a todos, hasta el último proverbio, analogía o símbolo. Hacen comprensibles conceptos no familiares y superan la barrera del analfabetismo.
Los medios modernos, considerados a menudo por las poblaciones rurales como alienantes, elitistas y más allá de su comprensión, por lo general carecen de credibilidad y, por lo tanto, no pueden entrar en las culturas tradicionales. Pero los recursos tradicionales basados en sistemas de conocimiento indígena son dinámicos y pueden traer nuevas experiencias. Esto hace posible que bailarinas, marionetas y narradores de historias puedan sumergirse en la cultura tradicional para afrontar temas tan delicados como los de la circuncisión femenina.
Cuando los medios tradicionales se incluyen en los programas de comunicación multimedia, la agenda se establece por la propia comunidad, no por los planificadores. El proceso se inicia con una investigación cualitativa en las preocupaciones, necesidades y problemas generales de la gente local. Después, el resultado de dicha investigación se envía no sólo a las comunidades sino también a los artistas, que son los poderosos comunicadores del pueblo, que saben cómo utilizar el talento para la labor del desarrollo y que, si tienen que dar vida a conceptos abstractos, deben ver todo el cuadro.
Pero todo esto puede cambiar con las antenas parabólicas y la vida occidental proyectada vía satélite sobre las zonas rurales, poniendo en evidencia la propia existencia de los medios locales. El desarrollo es de personas, no de cables. El desarrollo humano requiere interacción, discusión, diálogo. A nivel de pueblo, los actores tradicionales siguen siendo educadores poderosos pero... ¿por cuánto tiempo?.