Participación Gente

Marzo 1996

Mahasahana - un sistema participativo de extensión en Sri Lanka

por Graeme Thomas
Consultor de sistemas de información de la FAO
(extraído de "Ceres", No. 145, Vol. 26 No. 1)

Los agricultores del distrito de Kurunegala, en Sri Lanka, están ya acostumbrados a las visitas de curiosos extranjeros. En los últimos dos años se han pasado horas hablando con delegaciones internacionales, analistas, investigadores, agentes de extensión de Zambia, personal de proyectos de Pakistán, expertos en cosechas de la India y, ahora, con un periodista australiano. "Somos el centro de atención últimamente", señala asombrado un agricultor del pueblo de Konwewa mientras se sienta junto a una docena de vecinos para participar en una nueva entrevista, "pero ignoro el motivo". Mientras disfrutamos de un té caliente, las palabras de estos vecinos empiezan a revelarnos la razón de tanta curiosidad.

¿Qué fórmulas agrícolas nuevas han empleado en los últimos años?
"Solíamos cultivar a nuestra manera", señala una mujer, "ahora sabemos más de conservación de suelos, canales de drenaje y utilización de semillas". A su lado, un hombre quiere también participar de forma activa en la conversación y añade que "nos han enseñado cómo, cuándo y qué cantidad de pesticidas debemos utilizar. Ahora empleamos una variedad muy resistente a las sequías que produce un rendimiento mucho mayor en la estación seca.

¿Cómo obtuvieron información sobre esos métodos? ¿A través de su agente de extensión?
"Bah, es prácticamente imposible ver por aquí, en Konwewa, un agente de extensión", explica un viejo agricultor, "una vez hubo un extensionista, pero estaba siempre con los grandes agricultores, la gente respetable".

Entonces, ¿cómo se informaron?
"Gran parte fue a través de nuestro sindicato y de nuestro promotor de grupo. Escuchamos al promotor hablar sobre la existencia de una nueva variedad de guisantes y enviamos un comité agrícola para que fuera capacitado sobre el uso de los mismos. Volvieron con semillas y material informativo que nos ayudó en las pruebas. Ha sido una buena inversión".

¿Cómo creen ustedes, los agricultores, que podrían mejorarse los servicios gubernamentales de extensión?
"El principal problema de los pequeños agricultores es la falta de crédito, de insumos, de mercados y de conocimiento agrícola", comenta un secretario de grupo, "los servicios de extensión podrían ayudarnos a resolver todos estos problemas si sus agentes contactaran con nuestros grupos o hablaran directamente con nuestro sindicato local".

Si se multiplica la experiencia de Konwewa por otros cien pueblecitos de la zona de Kurunegala y el distrito vecino de Matale uno empieza a darse cuenta por qué han sido objeto de tanta atención últimamente: se trata de un sistema participativo de extensión que funciona perfectamente.

Movidos por la obligación

Los agricultores de Matale y Kurunegala pertenecen al "Mahasahana" (cuya traducción literal, del cingalés significa gran beneficio), una red de pequeños grupos de ayuda mutua creada en 1985 en el marco de un proyecto de la FAO y del Ministerio de Investigación y Desarrollo Agrícola de Sri Lanka (MADR). Después de más de un año de la finalización del proyecto, Mahasahana continúa como una organización no gubernamental (ONG) que abarca a más de 2 000 agricultores organizados en 225 grupos y relacionados entre sí a través de 23 sindicatos locales y dos federaciones de distrito. Más de un tercio de los sectores más pobres de la población rural de Matale y Kurunegala se ha unido a la red y, en algunos pequeños poblados, casi todos los pequeños agricultores son "Mahasahana".

La estructura del movimiento -así como la cooperación de nueve promotores de grupo contratados por el MADR- se ha mostrado eficiente a la hora de vincular los grupos a los servicios de desarrollo y, en especial, a las fuentes de información agrícola y tecnológica. Sin embargo, la creación de un sistema participativo de extensión no estaba entre los objetivos principales del proyecto. Según Sudath de Abrew, ayudante del director del MADR y responsable del proyecto, "la extensión participativa se creó por pura necesidad".

Lo que ocurrió fue que al mismo tiempo el proyecto coincidió, precisamente, con un desmantelamiento casi total de la División Agrícola de Extensión del MADR y que, además, irónicamente tuvo lugar dentro de un ambicioso programa financiado por el Banco Mundial que debería haber convertido el Servicio de Extensión de Sri Lanka en uno de los mejores del Tercer Mundo.

Bajo dicho proyecto, presupuestado en 22 millones de dólares y preparado por la FAO, Sri Lanka adoptó en 1980 el enfoque de extensión "Sistema de capacitación y visitas" del Banco Mundial. Tenía como objetivo aumentar el personal de la división en un 50 por ciento para que se alcanzara la proporción de un extensionista rural -a tiempo completo- por cada 750 agricultores. A través de una rígida agenda de visitas quincenales, el extensionista debía mantener un contacto casi constante con la comunidad agraria e introducir tecnologías sencillas y de bajo costo que fueran útiles para los agricultores más necesitados.

Pero el "Sistema de capacitación y visitas" tuvo un final desastroso, al menos en Sri Lanka. Un elemento clave de éste era el "agricultor de contacto", elegido por cada extensionista para ser el receptor de los mensajes que pasaría a otros grupos de agricultores. Un programa piloto del Sistema en Sri Lanka ya había advertido que muchos extensionistas "eligieron incorrectamente a agricultores ricos con quienes, por lo general, los agricultores más pobres no se relacionaban". El nuevo proyecto no ofrecía una solución a este problema y fue adelante tal cual. Desde entonces, diferentes estudios han confirmado que los agricultores de contacto elegidos eran, en efecto, cultivadores medios o de gran escala, cuyas necesidades de extensión eran muy diferentes a las de sus vecinos más necesitados. Años más tarde, el Banco Mundial llegaba a la conclusión de que "el papel del agricultor de contacto como principal agente de la transferencia de tecnología era bastante limitado".

La situación empeoró aún más. Una vez que finalizó la financiación del proyecto, en 1985, el servicio de extensión se encontró tan sobresaturado que, para 1988, la extensión costaba un uno por ciento del PIB (Producto Interno Bruto) agrícola. Cuando el gobierno de Sri Lanka decidió en ese año triplicar el número de administradores locales, no tuvo más que fijarse en las filas de la División de Extensión Agrícola. De un día para otro, unos 3 000 extensionistas locales -prácticamente la totalidad de la división- fueron cambiados de nómina al Ministerio del Interior y de la Administración Pública. En el proceso, gran parte de los agricultores de Sri Lanka perdieron el ya de por sí escaso contacto con la extensión agrícola.

Una forma de interacción

"La experiencia del Sistema de capacitación y visitas fue muy valiosa", dice el responsable del proyecto, Sudath de Abrew, "demostró que un único agricultor de contacto, especialmente si era de mayores recursos, no representaba a los más necesitados. Para entender las necesidades de éstos y suministrar la tecnología e información adecuadas debe haber un mecanismo que permita la interacción entre el servicio de extensión y los pequeños agricultores. En nuestro proyecto, Mahasahana cumplía ese papel".

La unidad básica de Mahasahana es un grupo de entre ocho y quince pequeños agricultores, cultivadores o artesanos los cuales -antes de ingresar- tienen ingresos por debajo de la línea de pobreza nacional (los agricultores más ricos están excluidos en base a que sus intereses son diferentes, a menudo diametralmente opuestos, a los de los más necesitados). El tamaño pequeño de los grupos permite un alto nivel de democracia interna. La práctica habitual es un liderazgo rotatorio cada mes entre los miembros de forma que todos adquieren práctica en hablar en público, llevar la contabilidad y en la toma de decisiones.

Los promotores aconsejan a los nuevos grupos que se forman que al principio lleven a cabo actividades productivas que no requieran ayuda externa. De hecho, la tarea principal de una gran parte de los grupos es la rotación del trabajo, es decir, la ayuda entre unos miembros y otros para preparar la tierra, plantar y recolectar, aumentando por lo tanto la cantidad de tierra para cultivos y reduciendo los costos de la mano de obra. Otros menesteres más ambiciosos, para los cuales hacen falta créditos, formación o nuevas tecnologías, suelen ir saliendo poco a poco a medida que aumenta la confianza y se estrechan los lazos amistosos.

El punto de partida de estas actividades es la valoración por parte del agricultor de sus propias necesidades. Esto se lleva a cabo semanalmente en las reuniones de grupo y se intensifica poco antes de que empiecen las estaciones seca y lluviosa, cuando los miembros preparan sus planes de cultivo individuales. Cada grupo coteja esos planes junto con las propuestas colectivas para calcular los créditos, extensión y necesidades de insumos. Estos planes son, posteriormente, consolidados por el sindicato local, compuesto por dos representantes elegidos de cada grupo. La toma de decisiones respecto a las necesidades de los grupos suele delegarse en los comités sindicales locales que se encargan de gestionar la sanidad, el crédito, la comercialización... etcétera.

Relación con los extensionistas

Los promotores de grupo unían Mahasahana con el servicio de extensión organizando reuniones entre representantes de grupo y su funcionario local de extensión o con invitaciones para asistir a reuniones del sindicato local. Al principio, sin embargo, algunos funcionarios eran algo reticentes al contacto personal con los pequeños agricultores. "Algunos estaban siempre demasiado ocupados y decían a los agricultores que volvieran en otra ocasión", señala de Abrew, "pero los grupos no esperaban y empezaron a escribir cartas de protesta a los superiores de dichos funcionarios, lo cual provocó alguna tensión". De hecho, un agricultor llegó a ser detenido después de una dura discusión con un extensionista local.

"Esa fase ya ha pasado" -explica de Abrew- "muchos de los funcionarios se dieron cuenta de que la extensión participativa, en realidad, les ahorraba tiempo y energía". En el distrito de Matale los extensionistas han jugado un papel clave en la adopción -muy beneficiosa- por parte de los pequeños agricultores del cultivo en gran escala de la cebolla. Sri Lanka importó cebollas de la India y Pakistán hasta principios de la década de los ochenta, cuando los agricultores empezaron a cosecharlas para el mercado local. Viendo la posibilidad de un buen negocio, grupos de Matale crearon un centro de prueba de cultivo de cebolla con un proyecto de ayuda y le pidieron al funcionario local de extensión que los capacitara. "Nos dio toda la información que necesitábamos sobre costos, organización y formas de cultivo", explican contentos los agricultores. Tras los primeros experimentos, la producción de cebolla se extendió con rapidez entre los diferentes grupos de Matale hasta que, en 1993, se convirtió en uno de los productos principales.

Los agricultores de Mahasahana explicaron otros ejemplos de cooperación con el servicio de extensión. En Rattota, un extensionista ayudó a varios grupos en la manipulación arrocera. "Oímos que había un proyecto con un curso de aprendizaje en Kandy", dice un miembro del grupo, "y pedimos al promotor de grupo que nos ayudara a encontrar una forma de aprendizaje y él trajo al funcionario de extensión para que llevara el curso". En Padipanchawa, el sindicato local invitó al funcionario de extensión a una reunión porque habían escuchado que él era "el responsable de las nuevas variedades", recuerda el presidente del sindicato, "y cuando vino y vio nuestros grupos, nuestra organización, nos pidió disculpas y afirmó que sentía no haber sabido nada de nosotros con anterioridad. Nos ayudó mucho con el cultivo del chile y la ubicación correcta en el terreno de los árboles de plátano".

Soluciones rápidas

Muchos agricultores, sin embargo, continuaron sin estar muy contentos de la atención que recibían del servicio de extensión. "Sólo la mitad de la información que obtenemos es relevante para nuestras necesidades", afirma H.M. Kularathna, presidente del comité de enlace de cinco grupos locales de Matale, "a veces el extensionista propone unos planes de producción que requieren grandes sumas de financiación, tractores y materiales. Los agricultores ricos pueden hacer frente a ese tipo de inversión, pero nosotros no". Un extensionista está de acuerdo con esta idea: "Algunos consejos que damos a los pequeños agricultores no son los apropiados. Hacemos pruebas y mostramos fórmulas para obtener un rendimiento mayor, pero el adoptar muchos de esos métodos requiere un dinero y una tierra que esos agricultores pequeños no poseen".

Una queja común era que el servicio de extensión ofrecía en ocasiones consejos equivocados. En Matale, por ejemplo, un agricultor explicó que había pedido ayuda una vez porque las hojas de su cosecha de habas se estaban volviendo amarillas: "El funcionario me recomendó que utilizara un nebulizador químico, lo cual hice, pero el problema siguió sin solucionarse. Después examiné las raíces y comprobé que se trataba de una enfermedad causada por hongos. La solución consistía en un mejor drenaje del terreno". Un agente de extensión en Dambulla sugirió a un grupo que cultivara pasto cedrón "pero supimos enseguida que no tendríamos suficiente agua para este tipo de cultivo", explica un miembro del grupo. En Padipanchawa, los agricultores no siguieron el consejo de plantar árboles de anacardo (marañón) ya que la experiencia les había demostrado que el terreno no era el apropiado. "Muchos funcionarios de extensión poseen un conocimiento teórico, pero nosotros hemos estado cultivando toda nuestra vida", concluye uno de los agricultores.

A pesar de todo, hay algunos signos esperanzadores de que el servicio de extensión está empezando a valorar la experiencia y los puntos de vista de la gente de Mahasahana. "Antes, si un funcionario ofrecía una solución le teníamos que escuchar y, después, se marchaba", dice un secretario de grupo de Manikdeniya, "pero ahora cuando vienen a nuestras reuniones les hacemos un montón de preguntas y discutimos sobre el tema. Están aprendiendo a hablar más con nosotros".

Los beneficios de esta nueva relación pudieron comprobarse recientemente cuando sindicatos locales de Matale y Kurunegala alcanzaron un acuerdo para llevar a cabo unas pruebas de cultivo en zanjas con una variedad de guisantes del Instituto Internacional de Investigación de Cultivos para las Zonas Tropicales Semiáridas (ICRISAT) en la India. El MADR contactó los agricultores de Mahasahana, explica Sudath de Abrew, "porque estaban organizados e interesados. Los precios del maíz eran bajos y ellos buscaban una alternativa que fuera resistente a la sequía".

Las primeras pruebas, realizadas en la estación lluviosa de 1989/90, fueron llevadas a cabo por dos sindicatos locales de Matale con la ayuda de un coordinador del MADR que suministró insumos y capacitó a unos miembros del grupo en un centro local de investigación. Los grupos hicieron unas pruebas, controlaron el crecimiento e informaron de los resultados al Ministerio y a un equipo de científicos del ICRISAT. En la estación lluviosa del año siguiente, 17 grupos de Kurunegala llevaron a cabo pruebas similares.

Estas fueron las conclusiones de los agricultores: de las tres líneas de guisantes probadas, una creció bien, alcanzando un rendimiento de hasta dos toneladas por hectárea. Pero mientras que la cosecha tenía algún potencial, también sufrió muchos reveses. Primero, el pesticida recomendado era demasiado caro "y no demasiado efectivo contra las plagas". La recolección de las parcelas de más de un cuarto de acre requerían mayor fuerza laboral de la disponible por parte de los agricultores; procesar el guisante era complicado y tardaba mucho tiempo; y no había demanda local para semillas sin procesar. Como cultivo para los pequeños agricultores, concluyeron en Mahasahana, la nueva variedad de guisante del ICRISAT podía mejorarse bastante.

Dentro del MADR y de la FAO, Mahasahana está considerado como un modelo para programas de desarrollo destinados a pequeños agricultores. También está considerado como un vehículo prometedor que permite participar en gobiernos locales. En julio de 1992, más de 70 agricultores de Mahasahana formaban parte de consejos locales, 20 de ellos como presidentes. Otros 120 mantenían puestos oficiales en otras instituciones rurales, incluyendo cooperativas y comités consultivos de subdistritos.

El MADR ha creado una Unidad de desarrollo de grupos de pequeños agricultores para promover la participación de los agricultores en los programas de desarrollo rural de Sri Lanka y jugar un papel clave en el proyecto de extensión del Banco Mundial. Según Sudath de Abrew, que dirige esta unidad, "es importante que lo que hemos aprendido pueda ser puesto a disposición de los pequeños agricultores de todo el país. Mahasahana tiene mucho que enseñar al servicio de extensión agrícola... y no sólo en Sri Lanka".



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