Género y desarrollo Gente

Febrero 1998

Género en la Planificación del Desarrollo Agrícola: Visión global

Género y Participación en la Planificación Agrícola

preparado por Jeanne Koopman
Consultora, Servicio de la Mujer en el Desarrollo (SDWW)
Dirección de la Mujer y la Población de la FAO


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¿Qué es planificación agrícola?

En el presente documento, el término "planificación agrícola" se refiere a dos procesos: formulación de políticas agrícolas y planificación agrícola per se:

Existen planificadores oficiales del gobierno, no obstante, la planificación también se lleva a cabo en las organizaciones internacionales (por ejemplo, FAO) así como en agencias privadas, ONG, establecimientos comerciales y fincas particulares. De este modo, en cierta medida, cualquier persona que participe en el sector es un planificador. Sin embargo, para ser claros, reservamos el término íplanificadorî al planificador del gobierno y utilizamos el término "persona involucrada" para designar a todos los actores y grupos de interés del sector agrícola.

La evolución de la teoría y práctica en la planificación agrícola

En la década de los 60 y 70, se promovió y practicó ampliamente la planificación nacional macroeconómica. Los planes nacionales fijaron objetivos de crecimiento, los detallaron por sector, analizaron las limitaciones macroeconómicas del crecimiento y desarrollaron estrategias nacionales y sectoriales. A menudo se incluyeron proyectos a gran escala, del sector público, paraestatal y privado en los ubicuos Planes Quinquenales, pero éstos rara vez se planificaron detalladamente ya que su financiamiento, por lo general, aún no estaba asegurado. La falta de planificadores capacitados en la preparación del proyecto constituyó una limitación importante para toda la planificación agrícola (FAO, 1984:8) A menudo se incluyeron grandes proyectos en el plan específicamente para obtener financiamiento internacional.

Los planes del sector nacional y agrícola a menudo incluían políticas de precios, insumos, investigación y extensión diseñadas para promover un rápido crecimiento económico. La gran prioridad otorgada al crecimiento mantuvo la atención en las regiones mejor dotadas, en las grandes empresas comerciales, y en los sectores de exportación, exacerbando a veces la diferenciación de ingresos regional y local y a menudo fracasando en su intento de aliviar la pobreza (Labonne, 1988; FAO, 1985). Generalmente, el sector de subsistencia de los pequeños propietarios de tierras se descuidó.

La situación cambió en los años 70 cuando importantes donantes empezaron a apoyar un nuevo tipo de proyectos "de desarrollo rural integrado" (IRD). Los proyectos de IRD incluían tanto las actividades sociales como las económicas y por lo general, se centraban en el sector de los pequeños propietarios de tierras y, a veces, incluso en los sistemas agrícolas de subsistencia. Sin embargo, el objetivo principal era todavía incrementar el volumen de la producción comercializada. No obstante, ahora se concentró la atención en los grupos objetivo de población específica -pobres, aquéllos que no contaban con tierras, mujeres y jóvenes -con una amplia variedad de servicios. En algunos casos, especialmente en Latinoamérica, se esperaba que estos grupos participaran en el diseño de los servicios que necesitaban (Young: 1993:47). En la mayoría de casos, sin embargo, la participación no fue prolongada hasta el nivel del pueblo y gran parte de los "servicios" orientados a las mujeres no se relacionaban con sus actividades productivas sino con la salud, educación, abastecimiento de agua, etc., es decir, con las actividades reproductivas de las mujeres.

Una nueva forma de investigación del desarrollo rural, el enfoque de extensión y la investigación de sistemas agrícolas (FSR/E), también se desarrolló a fines de los años 70 y a inicios de los 80, resaltando la necesidad de métodos interdisciplinarios y más participativos para el establecimiento de la investigación agrícola. Sin embargo, el impacto del FSR/E en la planificación agrícola y en los proyectos más importantes del sector agrícola fue limitado, debido a que la mayoría de proyectos agrícolas a gran escala se orientaban o practicaban en esos momentos principalmente con los llamados "agricultores progresivos", quienes eran casi invariablemente pequeños propietarios (hombres) de tierras de mejores recursos económicos o grandes agricultores comerciales. Además, en pocas oportunidades, el FSR/E fue capaz de integrar a todos los miembros de la familia-finca en su análisis o considerar las relaciones hombre-mujer a nivel intra o interfamiliar (Young, 1993:52).

No obstante, las críticas feministas a los proyectos de desarrollo enfocados desde el punto de vista masculino, se inspiraron en el enfoque FSR/E para su trabajo en el desarrollo del análisis de género. Del mismo modo procedieron los defensores de los métodos participativos quienes buscaban maneras de hacer que la planificación del proyecto se orientara más "desde los niveles inferiores hacia los superiores" (Young, 1993:47-48). El resultado fue el inicio de la literatura agrícola y de género y de la literatura de planificación y género, así como el inicio de un proceso que transformaría muchos de los métodos e instrumentos de la evaluación rural rápida en un método que se hizo conocido como evaluación rural participativa.

El interés de los años 70 con respecto a la pobreza y a las desigualdades interregionales también condujo al surgimiento de una planificación agrícola descentralizada y basada en el área (planificación regional y/o distrital), que se inició en la India y en otras partes de Asia en los años 70 y que se extendió hacia África y otros lugares del mundo en desarrollo en los años 80 (FAO, 1985; Labonne, 1988). Los objetivos de la planificación del desarrollo de área combinan el crecimiento con el alivio de la pobreza y el "equilibrio" regional o igualdad. No obstante, los métodos de planificación participativa, rara vez han sido utilizados en procesos de planificación descentralizadas. Así como los planes y proyectos nacionales, los planes regionales y distritales, al igual que los proyectos integrados de desarrollo rural, por lo general, se han desarrollado desde "los niveles superiores hacia los inferiores (Maetz y Quieti, 1987; Belshaw, 1988; Bendavid-Val, 1990 y 1991).

La crisis de la deuda de los años 80 una vez más modificó el énfasis de las políticas gubernamentales (con un considerable estímulo de las agencias acreedoras internacionales) regresándose nuevamente al crecimiento, un objetivo que se persiguió al concentrar los esfuerzos de desarrollo en las regiones, empresas agrícolas y cultivos con el más alto "potencial de crecimiento", es decir, la agricultura comercial del sector privado y los cultivos de exportación. Esta vez, sin embargo, el crecimiento debía lograrse mediante el cambio de estructura y el alcance del gobierno en sí, específicamente, a través de la reducción del tamaño del gobierno y trasladando muchas de sus funciones al sector privado. De este modo, el FMI/Banco Mundial impulsaron demandas de "estabilización" y "ajuste estructural" que produjeron amplias reducciones en el personal y en los presupuestos gubernamentales. Se desalentaron esfuerzos importantes en la planificación nacional.

El resurgimiento de políticas para favorecer la agricultura comercial y de exportación nuevamente exacerbó las desigualdades entre las regiones y las familias. Finalmente, se reconocieron los graves efectos negativos de muchas políticas de "ajuste" en los pobres. Esto estimuló el interés en la planificación del área local y las propuestas generadas para los micro proyectos a fin de aliviar la pobreza. Entre los métodos dedicados a la planificación de proyectos basados en el área tanto de pequeña como de mediana escala se encontraban: la evaluación rural rápida (RRA) (Conyers, 1993:108-9) y, recientemente, la evaluación rural participativa (PRA).

Los instrumentos de la RRA se utilizaron principalmente con los líderes del pueblo y "los informantes locales" de las agencias distritales relacionadas, lo que llevó a un fuerte "prejuicio masculino". Lo mismo sucedió con los esfuerzos iniciales para el uso de la PRA, aunque esto está cambiando. Aunque fue algo involuntario, el prejuicio masculino también se ha introducido en la planificación regional y distrital así como en la serie de la FAO "Materiales de Capacitación para la Planificación Agrícola". (Véase Maetz y Quieti, 1987:37-8; Bendavid-Val, 1990: 7 y 1991:49).

A fines de la década de los 70, las evaluaciones de los efectos negativos de los proyectos y políticas, orientados al crecimiento, en las mujeres habían suscitado una crítica feminista que pronto se extendió a una crítica generalizada de la planificación en sí (Palmer, 1979; Buvinic, 1986). La crítica a menudo iba acompañada de sugerencias de nuevas maneras para comprometerse en la planificación, con una serie de instrumentos para el "análisis de género" y la planificación acorde con el género (Overholt et al., 1984; Poats et al., 1988; Young, 1988; Feldstein y Poats, 1989; Rao et al., 1991; Ostergaard, 1992; Moser, 1993; Young, 1993). Este es, por supuesto, el trabajo en el que se inspiraron y de donde sacaron los métodos, los proyectos representados en el presente taller.

Durante los años 80, los intereses cada vez más crecientes con respecto a la pobreza y a la necesidad de comprender sus efectos, desde el punto de vista de las comunidades locales, condujo a una reelaboración de los métodos de la evaluación rural rápida para crear un nuevo conjunto de instrumentos de planificación denominados evaluación rural participativa (PRA)1. La comunidad de desarrollo feminista comprendió rápidamente el poder de los métodos de la PRA para resaltar los problemas de género, y en los años 90 produjo la literatura sobre AG/PRA (Feldstein y Jiggins, 1994; Thomas-Slayter et al. 1995; y el borrador de los manuales del SEAGA).

La mayor parte de la literatura de planificación agrícola, al mismo tiempo que promovía la planificación del área descentralizada para aliviar la pobreza y los métodos participativos para una mejor integración de las prioridades locales en los planes del área, rara vez ha tomado en cuenta la literatura sobre género (FAO, 1986; Maetz y Quieti, 1987; Belshaw, 1988; Bendavid-Val, 1990 y 1991). Unos cuantos trabajos mencionan la importancia de las mujeres pero no integran el análisis de género en el "cuerpo" del análisis o en los métodos sugeridos. Mollett (1990) añadió un capítulo sobre las mujeres en la segunda edición de su libro sobre planificación agrícola, pero no utilizó el análisis de género en el resto del texto, ni siquiera donde hubiera resultado sumamente importante. Esto evoca la manera en que los "componentes de las mujeres" se añadieron a los proyectos que, de otro modo, ignoraban los problemas de género. El libro de Ellis de 1992 sobre políticas agrícolas que incluye una discusión sobre los efectos en las mujeres de cada una de las políticas analizadas, constituye una alentadora excepción. Sin embargo, es la única excepción que se puede encontrar.

En el "mundo real", el análisis de género rara vez, si hubo alguna, ha formado parte del equipo de instrumentos del planificador. En realidad, tampoco la PRA, excepto de un modo preliminar, en el que se tiende a confinar la participación al liderazgo oficial del pueblo. Los actuales responsables de la toma de decisiones y los planificadores de alto nivel han recibido más capacitación en los aspectos técnicos de cómo proyectar la oferta y la demanda, fijar metas y distribuir recursos, que en cómo tomar en cuenta las diferencias socioeconómicas y de género entre los agricultores en la planificación agrícola. Las experiencias de nuestro estudio de caso confirman que muchas personas de esta antigua generación de responsables de la formulación de políticas se muestran escépticas con respecto a la planificación desde los niveles inferiores hacia los superiores y especialmente a la "necesidad" de integrar el análisis de género en los procesos de planificación agrícola. Varios estudios de caso también resaltaron que los funcionarios agrícolas y los trabajadores de campo nunca antes habían estado expuestos ni a la PRA ni al análisis de género.

Los proyectos han demostrado la importancia de esos instrumentos para la planificación acorde con el género,. El siguiente reto es elaborar el modo en que los procedimientos de planificación para adaptarse a la información que los instrumentos pueden generar. Con ese reto en mente, el resto de este anexo revisa las principales características de los diferentes tipos de planificación agrícola y formulación de políticas.

Una revisión de los diferentes tipos de planificación agrícola

Las estructuras, procesos y la relativa importancia de los diferentes "niveles" de planificación difieren de un país a otro. Cualquier proyecto que intente trabajar con este sistema necesita estudiarlo en su contexto local. Sin embargo, una semejanza básica con las características comunes de la mayor parte de los sistemas de planificación agrícola puede ayudarnos a determinar dónde y a quién puede dirigirse la información producida por los procesos participativos acordes con el género, a fin de aumentar la adecuación de la planificación al género y a otras diferencias entre los agricultores.

La planificación del desarrollo, incluyendo la planificación agrícola, puede dividirse en dos categorías básicas: centralizada y descentralizada. En un sistema de planificación centralizada todas las decisiones más importantes de políticas, planificación, programación y presupuesto para el sector como conjunto y para las agencias relacionadas del subsector se realizan en el nivel nacional. En un sistema descentralizado, la responsabilidad de un gran número de decisiones de planificación, programación y presupuesto se desarrolla en los niveles regional y/o distrital. Se puede formar un aparato de planificación regional o distrital separado para desarrollar un plan de inversión basado en el área. La descentralización de la planificación y de la administración agrícola tiende a acercar el análisis y la planificación del problema a las realidades locales y regionales.

Como el proceso de descentralización se está expandiendo geográficamente (en particular, actualmente en África) e intensificándose en áreas donde por mucho tiempo fue apoyado (en parte de Asia y de Latinoamérica), y como se trata de una forma de planificación que se introduce a menudo con la meta explícita de incrementar la participación de los agricultores en la planificación, en el presente documento se revisan sus características más importantes.

En un sistema descentralizado, el nivel nacional se centra en fijar metas y objetivos y en formular políticas agrícolas para dirigir la programación de las agencias del gobierno y la planificación de proyectos, así como para influir en el proceso de toma de decisiones en el sector privado. Los planificadores nacionales también brindan respaldo técnico y presupuestario además de servicios de coordinación, monitoreo y evaluación para los niveles más bajos de la planificación. A menudo se encuentran comprendidos en el diseño de proyectos a gran escala a nivel nacional y regional.

La planificación regional o de área constituye el nivel medio de un sistema de planificación descentralizada, encargado de añadir y coordinar los planes y programas iniciados en niveles inferiores y de intentar conciliarlos con las limitaciones de la política y de presupuesto que existen en el nivel nacional. Los planificadores regionales también pueden participar en el diseño e implementación de los proyectos diseñados a nivel nacional que operan en la región. Los planificadores regionales por lo general, brindan asistencia técnica y administrativa así como capacitación a los planificadores distritales y a las instituciones que participan en la planificación local y en el desarrollo de proyectos.

La planificación distrital tiene lugar en las agencias relacionadas de los subsectores, como la preparación de la extensión distrital y en el marco institucional de múltiples agencias o de la comunidad, en donde se diseñan e implementan los proyectos locales. En este nivel, los consejos locales electos, las ONG, las organizaciones privadas y las organizaciones de agricultores participan, a menudo, en la planificación de proyectos y programas junto con los planificadores distritales y los técnicos de las agencias relacionadas. En el pasado, la falta de financiamiento para una programación y planificación más independiente en los niveles locales restringieron la planificación distrital, pero a medida que se ha continuado cada vez más con la descentralización administrativa del gobierno, se han orientado más decisiones de financiamiento a los niveles distrital y regional. Una gran limitación en la planificación del área local, especialmente en la planificación del desarrollo rural integrado (que puede comprender cultivos, ganadería, manejo de recursos naturales, investigación, extensión, crédito, comercialización y sectores sociales en un solo proyecto) ha sido la falta de experiencia en el trabajo en equipos multidisciplinarios y la falta de metodologías de planificación apropiadas (Maetz y Quieti, 1987).

La planificación a nivel de pueblo o de la comunidad todavía es poco común. Sin embargo, a medida que la descentralización se afiance, la planificación de pueblo puede resultar cada vez más importante. Presenta dos funciones básicas: i) proporcionar información para niveles de planificación más altos por medio del análisis participativo de los problemas, y ii) fijar las prioridades de la comunidad y los planes de acción que pueden llevarse a cabo ya sea de manera independiente o con cierta asistencia externa.

La creciente importancia de la planificación descentralizada es uno de los tres elementos más importantes en el contexto actual de la formulación y planificación de políticas agrícolas.

Elementos fundamentales en el ambiente de planificación actual

Mientras todos estos factores no "encajan" necesariamente en todos los países, y cada elemento no es necesariamente "nuevo" en todos los contextos, son lo suficientemente comunes como para constituir un ambiente de la política y de la planificación relativamente nuevo. Este ambiente presenta un inicio importante para la planificación agrícola participativa acorde con el género y con las diferencias socioeconómicas.

El reto de que la planificación se "vuelva más participativa" cuenta con numerosas fuentes. Entre las más urgentes se encuentra el fracaso que experimentaron muchos proyectos y programas de desarrollo al tratar de alcanzar sus objetivos cuando los agricultores no respondieron como se esperaba. El antiguo hábito de culpar al atraso y a la ignorancia del agricultor ha perdido su encanto, especialmente, frente a la evidencia de que muchos agricultores, como aquéllos que cuentan con recursos limitados, muchas agricultoras y algunos pastores, enfrentan limitaciones que les hacen imposible responder como se espera. En segundo lugar, los exitosos programas de desarrollo de la comunidad, basados en procesos de planificación, implementación y monitoreo participativos, han demostrado que las comunidades rurales se encuentran verdaderamente interesadas en el desarrollo y que trabajarán para ejecutar con éxito los planes y proyectos mientras dichos planes respondan a las prioridades locales. Finalmente, el estímulo de la democratización ha agregado una dimensión política importante a la demanda de una planificación más participativa y orientada desde los niveles inferiores hacia los superiores.

La advertencia de "tener en cuenta a las mujeres", también se debe en parte por el lla falta de imaginación de los proyectos al ignorar los papeles de las mujeres en los sistemas agrícolas. Dos décadas de evaluaciones de proyectos acordes con el género han llevado a un reconocimiento cada vez mayor de que muchos proyectos, al intentar mejorar la situación de los hombres, lo que han hecho en realidad es empeorar la de las mujeres. Otros factores han desplazado gradualmente las actitudes tanto a nivel internacional como nacional, entre ellos podemos mencionar la presión sobre los donantes y gobiernos para que respondan a las necesidades de las mujeres como agricultoras, y el impulso creado por las conferencias internacionales más importantes sobre la población, el medio ambiente y las mujeres. El rápido desarrollo de las organizaciones de las mujeres en todo el mundo y sus vínculos cada vez mayores entre sí han añadido una expectativa política.

Un factor mucho menos positivo en el ambiente actual es la presión a menudo extrema sobre los gobiernos para que reduzcan sus presupuestos a fin de adecuarse al ajuste estructural y lograr los objetivos de estabilización. Este factor sobrecarga muchos niveles, desde el recorte de personal y de los fondos de planificación, para dar prioridad a los cultivos de exportación de los "hombres", hasta la restricción de fondos para los servicios gubernamentales como la extensión, comercialización y el crédito para las agricultoras. La implicancia de esto en los métodos de planificación participativa acorde con el género es que se preste mucha más atención al costo-eficacia en la generación y uso de la información que pueda promover el desarrollo de políticas, programas y proyectos acordes con el género.

Mientras que las nuevas voces en este complejo "ambiente de planificación" han evocado, en muchos lugares, una respuesta política positiva, la pregunta para los planificadores sigue siendo ¿qué se debe hacer exactamente? Es evidente que no existen respuestas fáciles. Existen, sin embargo, nuevos enfoques prometedores para involucrar a diferentes grupos de agricultores, que incluyen a las mujeres y a los pobres, en la planificación agrícola. Los proyectos representados en este taller han demostrado la importancia y utilidad de numerosos enfoques participativos acordes con el género y las diferencias; en la siguiente sección se hace una revisión de los mismos.

Sin embargo, antes de revisar los proyectos necesitamos aclarar lo que significan para nosotros algunos términos. Y aún más importante, necesitamos aclarar lo que significa "planificación agrícola participativa acorde con el género y las diferencias". Empecemos dando un vistazo a cada componente.

Participación

La participación es un término que es interpretado de muchas maneras. Incluso puede ser interpretado de manera diferente por diferentes personas involucradas en el mismo proceso de planificación agrícola. Un estudio de la FAO de planificación multinivel para el desarrollo agrícola en Asia y el Pacífico (FAO, 1985:89-90, citado en el cuadro) revisa los diversos modos en que la palabra "participación" se utiliza en los procesos de planificación.

Niveles de participación de las personas en la planificación agrícola

  1. participación limitada sólo a las élites (en su mayoría, representantes elegidos);
  2. participación en la que a las personas se les pide legitimar o ratificar los proyectos identificados y formulados por el gobierno, pero no participar en la planificación y adminstración detallada del mismo;
  3. participación en la que a las personas se les consulta desde el inicio y en donde también participan activamente en la planificación y administración de los proyectos;
  4. participación en la que los representantes de diferentes estratos de la sociedad/grupos de ocupación encuentran sus lugares en todos los mecanismos de planificación, coordinación y evaluación trazados en los diversos niveles, incluido el nivel más alto de formulación de políticas; y
  5. participación en la que los representantes mencionados en el nivel (4) son los que en realidad controlan las decisiones en todos los niveles.

El estudio de la FAO resalta que hasta 1985, la experiencia en los diversos pa&íses muestra que las modalidades de participación en los niveles (4) y (5) no se han materializado de manera efectivaî (ibid. p. 90). Aunque quizás esto ya no sea estrictamente cierto, la participación aún en el nivel (3) todavía es muy poco frecuente. En los proyectos de planificación para promover la planificación agrícola participativa, necesitamos analizar los actuales niveles de participación para comprender mejor los cambios que se tendrá que realizar para alcanzar niveles más altos. También necesitamos aclarar lo que significa para nosotros la participación.

¿Quiénes deben participar? El análisis de diferencias

Los proyectos para mejorar la adecuación de la planificación agrícola a las prioridades de los agricultores y agricultoras de diferentes grupos socioeconómicos necesitan fomentar la participación a través del grupo más amplio posible de personas involucradas. Lo ideal sería contar con la participación activa en la planificación de representantes de todos los grupos que tengan un interés en las políticas o los programas. Algunos de los proyectos del taller experimentaron con el uso del análisis de diferencias, un método importante para la identificación y participación de diferentes personas involucradas en el nivel de la comunidad.

El análisis de diferencias

El análisis de diferencias es un método para identificar a los diferentes grupos de personas involucradas en el nivel local. Género, edad, riqueza/ingresos, filiación étnica o religiosa, casta, ocupación y educación son indicadores de diferencia. Un instrumento para un análisis de diferencia es la clasificación socioeconómica participativa, en la que los representantes de la comunidad dividen a las familias de un área en diferentes categorías y luego definen los criterios sobre los que se basa cada una de ellas. De este modo, la comunidad por sí misma identifica los parámetros importantes de diferencia socioeconómica en el área. Este instrumento permite que un equipo de planificación forme pequeños "grupos de interés" homogéneos que representen las diferencias más importantes en la situación socioeconómica. Los grupos de interés pueden diferenciarse además por género, edad, etnicidad, y otros. Cuando cada grupo de interés utiliza instrumentos de planificación participativa por separado, las oportunidades de que las limitaciones, recursos, necesidades y prioridades particulares de cada grupo se analicen y representen apropiadamente aumentan enormemente.

Evaluación Rural participativa: PRA y MARP

La evaluación rural participativa, comnmente denominada PRA, es un conjunto de instrumentos que se utilizan para facilitar un proceso de investigación y de acción manejado por la comunidad local. Constituye un método excepcionalmente importante y poderoso para involucrar a las comunidades en las fases de generación de información, análisis, y determinación de prioridades de la planificación agrícola. Los instrumentos específicos como los mapas de recursos de los pueblos, las tendencias de los problemas, y los perfiles institucionales contribuyen en el análisis de los problemas de la comunidad. Otros instrumentos como los diagramas de los sistemas agrícolas, los calendarios estacionales, los perfiles de las actividades diarias, y los mapas de recursos de la familia pueden combinarse con el análisis de género para facilitar el análisis de los sistemas de subsistencia de los diferentes grupos socioeconómicos. Un tercer grupo de instrumentos ayuda a las comunidades y a los diferentes grupos de interés basados en el género/aspecto socioeconómico a identificar y priorizar sus problemas y necesidades de recursos y a desarrollar planes de acción de grupo o comunidad. Este método se describe con mayor detalle en la siguiente sección. La PRA es muy similar al MARP francés (methode accelerée de recherche participative - método acelerado de investigación participativa) y se utilizan indistintamente en el presente documento.

Análisis de Género

El ambiente actual de la política apoya "la participación de las mujeres", pero no promueve necesariamente un análisis de los problemas de género en la planificación e implementación de políticas, programas y proyectos. El análisis de género estudia los diferentes papeles y responsabilidades de las mujeres y de los hombres, las diferencias en el acceso y control de los recursos entre hombres y mujeres, y sus consecuentes diferencias, limitaciones, necesidades y prioridades. La incorporación del análisis de género en los instrumentos de la planificación agrícola participativa ayuda a los responsables de la formulación de políticas y planificadores a comprender el modo en que se tienen que modificar la estructura de las políticas y los programas si las mujeres tienen el mismo nivel de participación que los hombres. Esto puede demostrar por qué algunos proyectos y políticas tienen consecuencias negativas para las mujeres.

El análisis de género identifica patrones establecidos de desigualdad basada en el género en la vida económica. Esto puede amenazar a los personas involucradas que cuentan con mayores ventajas en el proceso de planificación agrícola. En muchos casos, se ha encontrado que los responsables de la formulación de políticas y el personal de alto nivel se muestra más renuente al análisis de género que los agricultores y el personal de campo del gobierno. En algunos casos, sin embargo, el uso de los instrumentos de análisis de género a nivel de la comunidad puede fomentar un nivel de conflicto que puede resultar adverso para los intereses de las mujeres. Para evitar estos resultados negativos, las mujeres locales deberán decidir si los instrumentos específicos de análisis de género se utilizan mejor en recintos mixtos o sólo de mujeres. Si las relaciones de género son jerárquicas (en la gran mayoría de casos), los métodos participativos como la PRA siempre deberá incluir un "análisis de los problemas de las mujeres" por separado y probablemente un "plan de acción de la comunidad de las mujeres"

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¿Qué es la planificación agrícola participativa acorde con el género y las diferencias?

Es una planificación de políticas agrícolas que comprende y responde a las diferentes limitaciones, necesidades y prioridades de los diferentes grupos de agricultores, basándose estas diferencias en el género, la situación socioeconómica, la edad, la etnicidad, la raza y otros factores. Los planificadores y los responsables de la formulación de políticas son conscientes de estas diferencias y de cómo se puede responder mejor a éstas debido a que los agricultores y agricultoras de diferentes grupos socioeconómicos, de edad y étnicos han participado activamente en la planificación de las actividades de desarrollo agrícola.

¿Qué tan acorde es la planificación agrícola actual con las diferencias socioeconómicas y de género?

En realidad no lo sabemos. Una revisión de los libros e informes disponibles en la FAO y en las principales colecciones de bibliotecas realizada para este documento reveló que se otorga muy poca atención a los problemas de género en la literatura de planificación agrícola más importante. Dos libros sobre planificación agrícola y políticas agrícolas publicados a inicios de la década de los 90 (Mollett, 1990; Ellis, 1992) tienen capítulos delicados a las mujeres, pero sólo Ellis ha integrado los problemas de género en cada tema. Al revisar los diez volúmenes recientes de los "Materiales de Capacitación para la Planificación Agrícola" se encontró una considerable falta de atención hacia los problemas de género. La "Guía para la Capacitación en la Formulación de Proyectos Agrícolas y de Inversión Rural", publicada en 1986, destaca la necesidad de comprometer a los diferentes grupos socioeconómicos en los métodos participativos de generación de información, pero descuida los problemas de género.

A diferencia del descuido de los problemas de género en la literatura de planificación agrícola "más importante", existe una literatura que se está incrementando rápidamente y que está orientada a la planificación agrícola y de género, que surge de lo que llamaríamos, buscando un término más apropiado, el "movimiento de mujeres". Empezando con las críticas de la década del 70 de los efectos negativos de los proyectos de desarrollo en las mujeres (Palmer, 1979) hasta el texto pionero que bosquejaba el denominado marco de Harvard para el análisis de género (Overholt, et al, 1985), hemos presenciado una explosión de literatura sobre los problemas de género en la agricultura, gran parte de la cual presenta pautas e instrumentos para el análisis de género y la planificación de proyectos2. sta es, por supuesto, la literatura en la que los proyectos representados en el presente taller se han inspirado, y de donde han tomado muchos de sus métodos.

El problema más importante que apareció a raíz de la existencia de esta vasta literatura es: ¿por qué no tuvo mayor impacto en la literatura de planificación agrícola "más importante"?. Gran parte de la respuesta tiene que ver con la oportunidad. El gran volumen de la literatura de género y planificación se ha producido a fines de los años 80 y 903. Otra parte de la respuesta puede encontrarse en el aislamiento de los "problemas de las mujeres" en el discurso técnico y académico, un destino que ha sido compartido por el "género". Sea como fuere, el rápido aumento de la literatura sobre el género, la agricultura y la planificación ha tenido un impacto significativo al ayudar a construir el ambiente de la política en el que muchos gobiernos se encuentran ordenando a los planificadores que incrementen la participación e involucren a las mujeres.



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