
Abril 1998
En el primer grupo se pueden identificar, utilizando la historia agraria más reciente, varias opciones. Por un lado, manteniendo constante la productividad físico-económica, se puede operar sobre la variable ha/T disminuyendo el número de personas que deben vivir sobre la tierra; en este sentido los flujos migratorios rural-urbanos de los excedentes de mano de obra se convierten en una opción, ya utilizada en varios de los países hoy en día desarrollados (por ejemplo, la migración de campesinos italianos hacia América del Sur), lo que permitiría alejar el momento O.
Por otro lado opción paralela o alternativa, se podría actuar sobre el numerador de la variable ha/T, mejorando la cantidad de tierra que un trabajador puede manejar. Pero, debido a que se asiste a una progresiva reducción de la tierra disponible, esta opción parece la menos interesante.
Una alternativa consistiría en actuar sobre la otra variable, o sea la productividad físico-económica, expresada a través de la relación ingreso total por hectárea. En este caso el mejoramiento y/o modificación o cambio de un sistema 1 por un sistema 2 con mayor valor agregado podría ser una posibilidad concreta para muchos productores. Se trataría, esencialmente, de intervenir tanto en la variable física (productividad física por hectárea) como en la económica (diferencia de precios entre insumos y productos finales). El resultado serían sistemas de tipo hortícola, más integrados al mercado, con un atento análisis económico de los costos y productos marginales. (Para este tipo de análisis ya existen métodos de análisis y diagnóstico de tipo sistémico que pueden ser de gran utilidad.)
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Figura 6. Relación tierra por habitante: el papel de la migración urbana en Francia
Figura 7. Productividad físico-económica: paso del sistema 1 al sistema 2, más productivo
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Existen también otras posibilidades, siempre en la hipótesis de un posible ajuste o cambio del sistema de producción, pasando de un sistema 1 (con su productividad e ingreso total) a un sistema 2 que necesita menos mano de obra. El objetivo, en este caso, sería liberar tiempo de trabajo para otras actividades externas (la remuneración comparada es mejor fuera de la explotación); en este caso se asistiría a un progresivo aumento de los sistemas de tipo extensivo en mano de obra, que permiten a los productores integrar la actividad agrícola con otras actividades externas (en el caso del nordeste de Italia con actividades de tipo industrial). El objetivo sería maximizar los ingresos externos, manteniendo la actividad agrícola como apoyo para reducir el costo de reproducción de la mano de obra (Bagnasco, 1997).
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Figura 8. Maximización de los ingresos extraprediales
Figura 9. Actuación sobre el umbral de reproducción rural
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El otro grupo de alternativas consiste en el rechazo (por necesidad o por elección) del umbral de reproducción urbano (más bien en el rechazo del sistema de valores implícitos en este concepto). Consecuencia de esto sería que la unidad de producción, o una comunidad de personas, se situase en relación con un umbral de reproducción de tipo rural, más bajo que el urbano; ello implicaría que las necesidades externas fueran menores y más fácilmente accesibles por parte de productores que disponen de poca tierra y muy escasos recursos.
Por ejemplo, en Kampala, Uganda, los sistemas de producción esencialmente de subsistencia se han desarrollado en pleno centro de la ciudad (Maxwell, 1996). Casos similares se pueden encontrar en las comunidades menonitas y en otras en los Estados Unidos y, en un caso límite, como el de la experiencia que se está llevando a cabo en la ciudad de Itaca, de una progresiva eliminación del dólar como moneda de referencia. El rechazo de un estilo de vida y de un conjunto de valores que la masa de los campesinos no podrán nunca conseguir es una de las explicaciones posibles del fundamentalismo religioso siempre más presente en varios países del tercer mundo (y no casualmente en las zonas urbanas, tal como se puede constatar en el caso argelino).
De la exposición anterior surgen dos tipos de problemas:
Por un lado, la necesidad de dotarse de instrumentos metodológicos de análisis de tipo sistémico para entender las posibles estrategias de los actores frente a la variabilidad del mundo local en el cual actúan, tanto para los aspectos de tipo agroeconómico (Groppo, 1991; Dufumier, 1996) como para aspectos medioambientales (De Marchi y Altissimo, 1996). Es preciso investigar el umbral de reproducción, su evolución pasada y futura en los distintos países, lo que implica una visión comparada de las políticas agrícolas.
Por otro lado, es preciso diferenciar el problema de la ruralidad de un territorio (periurbano o campiña urbanizada) que está perdiendo las características de una agricultura en progresiva competición a nivel regional o mundial. No se trata aquí de defender la agricultura como sector productivo de bienes fundamentales pensando que se está salvaguardando el territorio rural. Jerárquicamente el territorio rural incluye a la agricultura y no viceversa, por lo cual parece más apropiado optar por este nivel para la intervención. El concepto de lo rural está semánticamente asociado con la vida en el campo (es decir, algo más, y mejor, que el simple producir) e incluye varios valores positivos asociados a la idea de una agricultura sostenible. Estos son aire y agua puros, por contraposición a la contaminación urbana; los productos de consumo genuinos, que contrastan con la cultura de las comidas de consumo rápido y de la cocina con ingredientes químicos, artificiales, y una cierta idea de la tranquilidad, opuesta a la contaminación acústica de las ciudades.
La historia ha enseñado que las intervenciones de tipo normativo-prohibitivo de los poderes diputados a organizar el territorio no han tenido mucho éxito; de ahí la necesidad de reconsiderar las bases a partir de las cuales se han de organizar las intervenciones, buscando formas que permitan un verdadero comprometimiento de los actores de la sociedad civil que vive y depende del territorio, sean estos agricultores o no.
Bagnasco, A. 1977. Le tre Italie. Bologna, Italia, Il Mulino.
Bairoch, P. 1971. Le tiers-monde dans limpasse. París, Flammarion.
Bois, G. 1991. La revolución del año mil. Barcelona, España, Mondadori.
Bonnamour, J. 1966. Le Morvan, la terre et les hommes. París, PUF.
Braudel, F. 1986. Lidentité de la France, París, Flammarion.
Canali, M. 1994. La dinamica dei sistemi agrari. Bologna, Italia, CUSL.
Cecchi, C. 1996. Il ruolo dellagricultura nella costruzione della ruralitá. XXXIII Congreso Sidea, Nápoles, 26-28 de septiembre.
CEPAL. 1990. Magnitud de la pobreza en América Latina en los años ochenta. Santiago, Chile.
De Castro, J. 1964. Géographie de la faim. París, Seuil.
Duby, G. 1968. Economía rural y vida campesina en el Occidente medieval. Barcelona, España, Península.
Dufumier, M. 1996. Les projets de développement agricole. París, Karthala.
FAO. 1994. TCP/BRA/4452. Informe técnico final.
FAO. 1996. Método de evaluación medioambiental para un desarrollo sostenible de las áreas rurales, por R. De Marchi y A. Altissimo. Reforma agraria, colonización y cooperativas.
Gómez y Paloma, S. 1991. La dinamica dei sistemi agrari in unarea della pianura bolognese, Universitá degli Studi di Bologna, tesis doctoral.
Groppo, P. 1986. Stratégies paysannes de survie économique: le système agraire de la Nièvre centrale. Mémoire de DAA-INAPG.
Groppo, P. 1991. Diagnóstico de sistemas agrarios. FAO-RLAC.
Maxwell, D.G. 1996. Highest and best use? Access to urban land for semi-subsistence food production. Land Use Pol., 13. (3), Reino Unido, Elsevier Science.
Mazoyer, M. 1981. Origines et mécanismes de reproduction des inegalités régionales de développement agricole en Europe. Documento presentado al Congreso de la Asociación Europea de Economistas Agrarios, Belgrado.
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Rostow, W.W. 1961. The stages of economic growth. Cambridge, Reino Unido, Cambridge University Press.
1 «Nueva distribución de poderes, nuevas relaciones de explotación (el señorío), nuevos mecanismos económicos (la irrupción del mercado), una nueva ideología social y política» (Bois, 1991).
2 Se estima por ejemplo que, entre 1100 y 1300, la población de Francia se duplicó, y la de Inglaterra se triplicó. Se ha calculado que la población en Europa pasó de los 14,7 millones del año 600 a los 22,6 millones del 950, y alcanzó 54,4 millones en 1350.
3 Sobre la disponibilidad de alimentos al comienzo del siglo xix, Gómez y Paloma (1991) describe esta situación en una comuna del área de Bolonia (Italia): «... Al comienzo del siglo xix, los habitantes del condado de Castel Guelfo apenas llegan al umbral de dos quintales anuales de cereales per cápita, aquí considerado como el límite mínimo de las necesidades humanas. [...] Considerando que esas cantidades incluyen las semillas para el año sucesivo (calculadas, para esa zona, en alrededor del 15-25 por ciento de la producción total), podemos afirmar que al comienzo del siglo xix los miembros de las familias de medieros de Castel Guelfo, una vez descontada la renta patronal, disponen de una cantidad de alimentos que sólo permiten la reproducción física. Una situación como ésta se comprende mejor a la luz de la amplia variabilidad anual de las producciones de la época, o sea el riesgo permanente que ello comportaba para unas economías familiares incapaces de crear reservas de producción.»
4 «... Es solamente con la desaparición del antiguo régimen que se eliminan las servidumbres y sus cargas, lo que permite la instauración de un derecho nuevo que a su vez favorece la creación de nuevas relaciones de producción y de intercambio que liberan las fuerzas latentes de la economía campesina. Entonces, y solamente entonces, el campesinado noroccidental de Europa pudo iniciar una gigantesca revolución agraria» (Mazoyer, 1981).
5 «... La determinación de la línea de pobreza para cada zona o país se sustenta en el cálculo del costo de una canasta de alimentos cuya composición cubre las necesidades nutricionales de la población, considera sus hábitos de consumo predominantes, la disponibilidad efectiva de alimentos y los precios relativos de los mismos. Luego, al valor de esa canasta se le adiciona una estimación de los recursos requeridos por los hogares para satisfacer el conjunto de las otras necesidades básicas o necesidades no alimentarias» (CEPAL, 1990).
6 Las políticas de apoyo a las reformas agrarias al comienzo de los años sesenta también pueden ser interpretadas de esta forma: ampliar la base para la acumulación primitiva, funcional respecto a las políticas de modernizacion del sector industrial.