Género y desarrollo Gente

Junio 1999

Género y sistemas de producción campesinos: La experiencia de Nicaragua

por Frédéric Dévé
Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación
extraído de "Género y sistemas de producción campesinos" (FAO, 1997). El documento entero es disponible por FTP en Word 6.0 para Windows, comprimido (.ZIP, 84K)

Introducción

Nicaragua es un país esencialmente agroexportador (café, algodón, ganadería, azúcar, madera) y su sector agropecuario es la espina dorsal de la economía nacional. En 1995 éste contribuyó en promedio con un 33% a la formación del PIB y ocupó el 46.5% de la PEA [1]. Las estructuras agrarias reflejan una historia de fuerte concentración de la tierra. Aún si en la década de los sesenta se intentó modificar la distribución de la propiedad, la verdadera reforma agraria tuvo lugar en los años ochenta [2]. Como resultado de las confiscaciones de latifundios, expropiaciones y demás medidas, se creó un área de fincas y de cooperativas de producción, así como un movimiento cooperativo de pequeños y medianos productores.

En sintonía con las tendencias del contexto internacional, desde el inicio de los noventa, el nuevo Gobierno nicaragüense promovió políticas encaminadas a liberalizar la economía. Se puso en marcha por un lado, un programa de ajuste estructural y de estabilización para el país que preveía un plan de inversiones públicas y una reducción drástica de los servicios del sector público y por otro lado, la liberalización del mercado. Este período coincidió con el regreso a sus zonas de origen de hombres y mujeres desmovilizados del ejército o la guerrilla y con el proceso de revisión de la reforma agraria de los ochenta.

Nicaragua: Aspectos de la problemática de la mujer rural

La mujer rural "típica" de las zonas centrales y norteñas de Nicaragua inicia su vida de madre/esposa entre los 14 y 19 años. El 54% de las uniones rurales censadas están legalizadas por el matrimonio y muy frecuentemente, después de una unión breve, las mujeres asumen su rol de madre. El hombre es por tradición propietario de la tierra y de los bienes de la unidad de producción familiar. Ello significa, entre otras, que en el caso de una separación, la mujer se ve generalmente privada del acceso a medios productivos - en particular de la tierra. Se estima que el 34% de los hogares rurales son encabezados por mujeres y esta proporción aumenta en los estratos más pobres. El fenómeno de mujeres solas jefes de hogar se amplificó con el conflicto de los años 80.
Dentro de este contexto, la Fase preparatoria del proyecto "Capacitación y participación de la mujer campesina en el desarrollo rural", iniciada en 1992, y su continuación, la Fase I llamada "Fortalecimiento de la gestión de la mujer rural", tenían como propósito general mejorar las condiciones de vida de mujeres campesinas pobres de las zonas central y norte del país. Estas regiones (Matagalpa y Estelí) habían sido particularmente afectadas por el conflicto armado de los 80: destrucción masiva de infraestructuras, continuas masacres y tensiones, desplazamientos de población, etc. Numerosos hogares campesinos habían perdido a sus familiares y otros se habían alejado de algunos de sus integrantes a causa del enrolamiento de estos en el ejército o en grupos civiles alzados en armas. Aún si la reforma agraria no discriminó legalmente a las mujeres, pocas se favorecieron directamente de su aplicación: a nivel nacional, tan sólo 8% de los beneficiarios de títulos de propiedad de la tierra eran mujeres.

Perfil del proyecto

Durante la fase preparatoria, el proyecto concentró sus esfuerzos en la identificación y el conocimiento de las dinámicas prevalecientes en las regiones de interés. Mediante un enfoque sistémico se procedió tanto a la caracterización y al examen de las condiciones agrosocioeconómicas, como al análisis de las unidades de producción campesinas. Contemporáneamente, se estudió, desde una perspectiva de género, la problemática de la mujer rural.

En concreto, el equipo de trabajo eligió las zonas de intervención, promovió consultas participativas con enfoque de género, favoreció la capacitación de mujeres promotoras e identificó ciertas áreas tecnico-agronómicas objeto de posibles mejoramientos. Dentro de este contexto se plantearon algunas preguntas centrales: ¿Cómo analizar la realidad agraria de las zonas de intervención del proyecto? ¿Cómo examinar el rol técnico y económico de la mujer en la economía campesina? ¿Cómo acercarse a las comunidades rurales para promover en ellas una sensibilización hacia un desarrollo más equitativo? ¿Qué potencialidades técnicas tenían que ser exploradas para mejorar los ingresos con una mayor equidad y efectividad?

Para dar respuesta a estos interrogantes se adoptó un análisis sistémico con perspectiva de género. No obstante, es importante señalar que para ello no existía un marco conceptual claro, definido y articulado; se disponía tan sólo de las pautas generales de los enfoques que se presentaron en el capítulo anterior. Varios pasos metodológicos fueron utilizados y paulatinamente afinados hasta llegar a un procedimiento habitual de diagnóstico a nivel de comarca. En efecto, las modalidades de diagnóstico no se establecieron previamente, sino que fueron el resultado de un proceso de aprendizaje en el campo a lo largo de la ejecución de un proyecto que pretendía combinar ambos enfoques de una manera práctica y operacional. Los recursos humanos y de tiempo, las herramientas, las variables pertinentes y los pasos metodológicos tenían que adaptarse a la realidad local y a los objetivos del proyecto. Otro aspecto fundamental consistía en que la población participara activamente en la elaboración de los diagnósticos. Posteriormente, como resultado de estos se llevaron a cabo acciones concretas y participativas de desarrollo.

Tres objetivos específicos fueron asignados al proyecto:

  1. Fortalecer la participación de la mujer en las organizaciones de las que formaban parte;
  2. Mejorar las condiciones de trabajo de las campesinas en el hogar;
  3. Aumentar la producción agropecuaria y los ingresos de las mujeres.

Para fortalecer la participación de las mujeres en las organizaciones, el proyecto emprendió dos actividades centrales: capacitar a mujeres promotoras y sensibilizar a funcionarios y responsables institucionales acerca de una perspectiva de género, con un énfasis en el tema de la tierra y en particular, con relación a la titulación de parcelas en favor de las mujeres.

Con respecto al segundo objetivo, las acciones se orientaron a reducir la doble jornada. En primer lugar, con miras a disminuir el tiempo dedicado a las labores del hogar que cotidianamente consumían una mayor cantidad de horas, se introdujeron tecnologías alternativas, es decir pequeñas infraestructuras domésticas tales como pilas de agua/lavaderos y cocinas con bajo consumo de leña. En segundo lugar, mediante actividades dirigidas a sensibilizar a los miembros de los hogares en materia de roles de género, se buscó infundir valores que contribuyeran a establecer, a mediano y largo plazo, unas relaciones de equidad y colaboración entre hombres y mujeres. La sensibilización se llevó a cabo a través de una metodología articulada en tres etapas: reflexión con las mujeres; reflexiones de los cónyuges hombres sobre su identidad masculina y reflexión con parejas sobre la vida en común, desde el punto de vista de su respectiva identidad de género.

Finalmente, para contribuir al logro del tercer objetivo, se introdujeron diferentes alternativas de producción en las UPFC orientadas al mejoramiento de los hábitos alimentarios y al incremento de ingresos, alternativas coherentes con las características agroecológicas de la zona y los sistemas de producción existentes. La población estudiada estaba constituida por mujeres jefes de hogar que manejaban el sistema de producción de la UPFC en su conjunto y por campesinas esposas o compañeras de productores (encargadas o no de manejar subsistemas al interior de una UPFC) que participaban, con grados de intensidad variable, en las operaciones agrícolas de las parcelas administradas por el hombre. El proyecto instauró experimentos productivos o alternativas técnicas para los sistemas de producción existentes que conllevaban incrementos en la productividad. Se introdujeron tres tipos de innovaciones: actividades de patio (más de la mitad de las demostraciones): aves y gallineros, especies vegetales o una combinación de ambos; actividades de parcelas o de cultivos nuevos: frutales, pitahaya, enramadas de maracuyá, chayote, piña y también parcelas demostrativas de nuevas variedades de maíz; actividades de ganadería: introducción de un hato colectivo, que luego se dividiría para adecuarlo a un manejo a nivel familiar.

En resumen, el proyecto adoptó una combinación de los enfoques sistémico y de género en tres aspectos fundamentales:

Las caracterizaciones y los diagnósticos o sondeos realizados a nivel de municipio

Se efectuaron los diagnósticos a escala "meso" en los tres municipios de intervención (San Ramón, Terrabona y Río Blanco/Bocana de Paiwas). Los estudios pueden verse como tres etapas sucesivas de un mismo proceso en el que los métodos, las variables pertinentes y los instrumentos utilizados fueron gradualmente afinados, en busca de una mejor integración del enfoque sistémico con el análisis de género.

El Diagnóstico de Río Blanco/Bocana de Paiwas

El Diagnóstico de Río Blanco/Bocana de Paiwas, cuya perspectiva es principalmente de tipo sociológico, se compone de tres partes lógicamente articuladas. La primera es una breve caracterización de una micro-región profundamente golpeada por la violencia y dominada por pequeños productores ganaderos. Estudia el contexto agroecológico, físico y demográfico, la infraestructura y los servicios sociales, las características productivas generales y la tipología socioeconómica de los productores. La segunda parte del documento estudia las condiciones de la mujer campesina examinando las organizaciones en las que ésta participa y así como su situación en las UPFC relativa a las actividades laborales, al acceso a la tierra y a sus aportes productivos y de ingresos. Para llevar a cabo este análisis, se diseñó una interesante tipología considerando las mujeres y las diferentes situaciones en que se encuentran (jefes de familia solas y mujeres acompañadas con o sin posesión de tierras propias, en función del tamaño de las fincas familiares). La tercera parte se dedica a la caracterización de los sistemas de producción basándose en la síntesis de los resultados técnico-económicos derivados de algunos estudios de caso. El análisis centra su atención en los calendarios de actividades y en el rendimiento y retorno del capital teniendo en cuenta una tipología de sistemas.

Algunos aspectos interesantes derivados del diagnóstico de Río Blanco/Bocana

  • La contribución estimada de las mujeres a la producción en las UPFC de la micro-región representaba entre el 20 y el 40 % de la fuerza de trabajo total utilizada;

  • Los picos de trabajo en el calendario se presentaban en la época de "apante";

  • Funcionamiento del crédito a nivel de las UPFC: Mientras que el crédito se otorgaba por rubro de producción, la familia campesina lo utilizaba de acuerdo a sus necesidades y a las exigencias del funcionamiento de la UPFC en su conjunto.
  • A nivel metodológico, el diagnóstico contribuyó a analizar aspectos relacionados con la tenencia de la tierra y sobre todo, introdujo una nueva tipología derivada de la combinación de una estratificación social (carácter socioeconómico de las UPFC) con una categoría basada en la situación de las campesinas (jefes de hogar solas o mujeres acompañadas). Igualmente, se identificaron las áreas o producciones en las cuales se podían introducir las innovaciones técnicas miradas a favorecer las condiciones de vida de las campesinas. Estas fueron la producción de aves de corral, de patio y gallineros y la producción agrícola de "apante". El enfoque sistémico y el análisis técnico y económico de las UPFC fueron en cambio superficiales, ya que no permitieron visualizar la heterogeneidad, no consideraron el criterio del margen bruto (global, por unidad de trabajo y de superficie), ni tampoco identificaron cuellos de botella por tipo de sistema o subsistema.

    El estudio del sistema agrario y de los sistemas de producción de Terrabona

    El diagnóstico, realizado con recursos humanos y de tiempo limitados, expone los criterios de selección del área de trabajo (grado de organización de las mujeres) y propone una breve caracterización general de la zona. El trabajo focalizó su atención en las mujeres. Los estudios de caso efectuados en UPFC con mujeres jefes de hogar permitieron examinar las realidades y dinámicas económicas y técnicas así como formular recomendaciones esencialmente agronómicas. Los principales méritos de este análisis consistieron en que se apoyó en una zonificación agrosocioeconómica, utilizó criterios de análisis económico basados en el margen bruto de la UPFC teniendo en cuenta los ingresos no-agropecuarios (en los estudios de caso estos representan entre el 40 y el 75% del ingreso total) y finalmente, propuso lineamientos de acción y mejoramientos técnicos con perspectiva de género haciendo énfasis en la capacitación técnica de las mujeres con relación a cultivos de patio, especies pecuarias menores y manejo post-cosecha. El estudio, sin embargo, no descansa en una tipología de UPFC ni de sistemas de producción y la parte descriptiva de los estudios de caso no permite ver con claridad el funcionamiento, las limitaciones y las potencialidades de los sistemas estudiados.

    La caraterización municipal de San Ramón

    La caracterización de San Ramón, último de los sondeos municipales, incorporó varios elementos de los estudios anteriores, logrando integrar con mayor agilidad el enfoque sistémico con el de género.

    Desde una perspectiva dinámica e histórica, el diagnóstico partió de una caracterización general del "contexto de desarrollo" (infraestructuras, servicios públicos y el medio físico, demográfico y agroecológico), para luego centrar su atención en las "características agropecuarias". Se realizó un estudio sobre el uso de los suelos; una descripción de los sistemas de cultivos y de ganadería principales de la zona; una reseña analítica con perspectiva de género de los "sectores" sociales de producción (tradicional, reformado y ex-estatal o "Area Propiedad de los Trabajadores") y finalmente, se configuró una clara tipología de productores(as) resultante de la combinación de una estratificación social con los tipos de sistemas de producción brevemente caracterizados. Una zonificación agroecológica del municipio consintió obtener una visión de su evolución y sus tendencias micro-regionales.

    Nicaragua: participación en la producción y acceso a recursos en las comarcas estudiadas por el proyecto

    En los hogares mixtos, la participación de las mujeres en las actividades agrícolas productivas es muy variable y aumenta generalmente con el grado de pobreza, en ocasiones llega a representar más del 50% de la mano de obra. En principio, la división del trabajo no las excluye de ninguna operación productiva, excepto de aquellas relacionadas con la preparación de la tierra y el manejo de ciertos agroquímicos.

    El acceso de las mujeres campesinas, solas y jefes de hogar o esposas/compañeras, a medios de producción o a recursos esenciales como la tierra, el crédito, la asistencia técnica, los insumos, etc. es marginal. Al interior de las unidades de producción mixtas, este acceso está subordinado al hombre.

    Los grupos de mujeres organizadas, cuando existen, (constituidos por mujeres jefes de hogar y/o por esposas/compañeras) no tienen, o tienen solamente en forma precaria (en préstamo o alquiler), un acceso directo a parcelas donde trabajar como "grupo" o "colectividad".

    Visto que el crédito formal se otorga especialmente a clientes que presenten garantías como títulos de propiedad de la tierra, limitadas son las mujeres que pueden presentar solicitudes de crédito aceptables. Por último, en cuanto a asistencia técnica se refiere, el patrón cultural de no-reconocimiento de las mujeres como productoras las excluye generalmente de las reuniones de consejos técnicos, de las sesiones y los cursos de capacitación y de las experimentaciones o demostraciones técnicas formales.

    El documento examinó la situación de la mujer en las UPFC identificando sus condiciones y trayectorias de vida típicas. Asimismo, se analizó, en función de una nueva tipología (mujeres solas jefes de hogar o esposas/compañeras), la participación de las campesinas en la producción y la división del trabajo (en cultivos, pero no en ganadería) y se efectuó una descripción de la jornada laboral de los dos tipos principales de mujeres encontrados. No menos importante, fue la distinción de las áreas de dominio de las mujeres (denominadas estrategias de sobrevivencia) tales como especies menores (cerdos/gallina), cultivos anuales o perennes (raíces, tubérculos, achiote, frutales injertos, soya y gandul), producción artesanal de canastas y lozas y procesamiento de alimentos destinados a la comercialización.

    La descripción analítica de la microregión concluye con una reseña de las instituciones y organizaciones locales. Se seleccionaron las áreas de intervención futura a nivel de comarcas de acuerdo a criterios relacionados con los grados de organización, el nivel de participación en instancias decisionales y las estructuras municipales existentes. Finalmente, se trazaron algunos lineamientos de acción. Los análisis municipales, cuyo carácter era meramente exploratorio, permitieron al equipo del proyecto diseñar, en una etapa posterior, una especie de matriz metodológica con miras a realizar diagnósticos a nivel de comunidad o de comarca.

    Pasos metodológicos" seguidos en los diagnósticos a nivel de comarca

    Las actividades emprendidas

    Tres comarcas de los municipios de San Ramón y Terrabona (dos de las zonas en las cuales se realizaron diagnósticos intermedios), fueron seleccionadas, gracias al dinamismo de sus grupos de mujeres. Siguiendo los pasos metodológicos mencionados, se elaboró para dichas comunidades un diagnóstico que combinaba el enfoque de género, el análisis de sistemas de producción y algunos métodos participativos.

    Además de una caracterización detallada y sintética del contexto histórico agrario y socioeconómico comarcal de las UPFC, estos estudios efectuaron una estratificación social de los productores/as, individuaron sus principales limitantes (necesidades sentidas) y establecieron una tipología de los sistemas de producción identificados.

    Nicaragua: los aportes de la mujer al margen bruto global y al trabajo de campo en las UPFC de San Ramón

    El aporte de las "mujeres acompañadas" a la producción agropecuaria (margen bruto) oscila entre 12 y 25 %, con picos de 5% y 53%, el resto proviene del hombre y de los hijos. La contribución laboral se encuentra, salvo contadas excepciones, en el mismo rango.
    Asimismo, se examinaron desde una perspectiva de género, cada una de las categorías de sistemas de producción -en términos cuantitativos y cualitativos- y se definieron sus lógicas productivas respectivas. Los resultados económicos se presentaron por actividad (o subsistema) y globalmente, es decir para el conjunto del sistema. Se determinó el valor de la producción y los costos asociados, el margen bruto global, el valor del aporte laboral por sexo, el margen bruto por día de trabajo, el ingreso por unidad de área o por animal y el rendimiento del capital invertido. La información relativa a los aportes laborales al interior del sistema también se organizó por sexo (hombres/mujeres y niños/niñas), por actividad o subsistema y globalmente, de tal forma que las contribuciones totales de las mujeres a la producción agropecuaria (margen bruto) y al trabajo del sistema pudieran identificarse y visualizarse claramente.

    Apoyándose en una clasificación por tipología de mujeres y en una estratificación de las áreas agrícolas disponibles, los diagnósticos también estudiaron la situación de la mujer con relación a la jornada laboral, al acceso a recursos y la participación en la toma de decisión y en la vida social. Por otro lado, los diagnósticos identificaron no sólo las necesidades de las familias, sino que también dilucidaron las problemáticas principales de la comunidad.

    Observaciones derivadas del proceso desarrollado y algunas de sus limitantes

    La introducción de innovaciones

    Los diagnósticos evidenciaron tanto el rol de las mujeres como sus aportes a los sistemas de producción de las comarcas estudiadas y permitieron orientar las acciones de una manera más pertinente.

    Teniendo presente la información derivada de los diagnósticos, el proyecto instauró experimentos productivos o introdujo alternativas técnicas para los sistemas de producción existentes con el objeto de lograr incrementos en la productividad. Se incorporaron tres tipos de innovaciones: actividades de patio (más de la mitad de las demostraciones): aves y gallineros, especies vegetales o una combinación de ambos; actividades de parcelas o de cultivos nuevos: frutales, pitahaya, enramadas de maracuyá, chayote, piña y también parcelas demostrativas de nuevas variedades de maíz; actividades de ganadería: introducción de un hato colectivo, que luego se dividiría para adecuarlo a un manejo a nivel familiar

    La participación activa de las mujeres pertenecientes a los distintos tipos de sistemas de producción (población objetivo) en la identificación de necesidades contribuyó enormemente a que las innovaciones introducidas con miras a mejorar sus condiciones de vida respondieran a las preocupaciones reales. En efecto, en el curso de los seminarios participativos sobre la identificación de necesidades, ellas expresaron y manifestaron sus urgencias prácticas más sentidas en el ámbito de las actividades productivas y del trabajo "doméstico" (alivio en el acarreo de leña y en el transporte del agua, gracias a cocinas mejoradas y a la construcción de pilas respectivamente). Además, los cambios introducidos se adaptaron a las condiciones concretas de las mujeres atendidas y a las potencialidades existentes dentro del sistema. En otras palabras, algunas de las recomendaciones propuestas tuvieron en cuenta variables como la disponibilidad de tierra y de mano de obra, las áreas de dominio y el control que ejercen sobre ellas etc.

    Dada naturaleza y la magnitud de las inversiones realizadas en materia de innovaciones técnicas, es importante subrayar que desde el punto de vista sistémico, los cambios propuestos tuvieron un impacto limitado a corto plazo (con relación al aspecto económico) ya que la naturaleza misma de los proyectos era de mediano y largo plazo. De hecho, el potencial económico de la intensificación de patios tecnificados de gallináceas y de frutales fue excelente, pero dentro de un horizonte de cuatro o cinco años. Los efectos desde el punto de vista de género se manifestaron en cambio, en un lapso de tiempo breve, ya que se trataba de modificar los roles de género introduciendo actividades (o mejorando las existentes) que fortalecían directamente el rol y la participación de la mujer. Estas innovaciones a su vez produjeron un impacto técnico y económico significativo.

    En términos generales, hubiera sido recomendable sacar un provecho más sistemático de la gran riqueza analítica de los diagnósticos. A pesar de que se distinguieron diferentes tipologías, las recomendaciones fueron las mismas para la totalidad de los hogares y de las categorías identificadas, ocasionando que los paquetes técnicos" introducidos fueran relativamente uniformes". No obstante todo esto, las acciones tuvieron en cuenta, desde una perspectiva de género, las problemáticas comunes manifestadas por la colectividad y por lo tanto sus efectos fueron positivos.

    La tarea de extensión y de asistencia técnica vinculada a la adopción de innovaciones suele ser relativamente engorrosa ya que son los hombres quienes en general se benefician de la extensión, el crédito y la asistencia técnica. El hecho de que los cambios se produzcan con y por mujeres representa una ruptura con los esquemas tradicionales, según los cuales las mujeres acompañadas no son consideradas (ni se consideran ellas mismas) como productoras agrícolas.

    La escasa capacitación en materia de 'enfoque sistémico' del personal de extensión y la relativa "uniformidad" de los modelos propuestos obstaculizaron el seguimiento de una metodología realmente sistémica durante las etapas de introducción y seguimiento de los cambios tecnológicos. En otras palabras, se puede aducir que los "modelos" aplicados presentaron algunas semejanzas con los "paquetes tecnológicos" y con las prácticas de extensión y crédito "clásicos" en el marco de proyectos de desarrollo rural, es decir sin tener en cuenta las interrelaciones y las particularidades existentes dentro de un sistema.

    Algunas reflexiones conclusivas

    Los diagnósticos proporcionaron información válida acerca de las situaciones y condiciones enfrentadas y vividas con mayor frecuencia por los productores en general y por las campesinas en particular, de las zonas de intervención.

    Basándose en estos análisis, el equipo del proyecto identificó, definió y analizó la problemática general como una combinación de tres sub-problematicas articuladas:

    En primer lugar, la escasa capacidad organizativa de las campesinas determina la baja incidencia que ejercen las mujeres en las decisiones sobre políticas y estrategias que afectan a las productoras a nivel nacional, departamental y municipal adoptadas por las instituciones del sector agropecuario;

    En segundo lugar, la rigidez de los patrones culturales en cuanto a los roles de género en la producción y en la reproducción impone difíciles condiciones de trabajo en el hogar y cargas pesadas en las labores domésticas;

    En tercer y último lugar, el aspecto económico: ¿ Cómo aumentar la producción agropecuaria y los ingresos de las campesinas, sean estas jefes de hogar o esposas/compañeras con responsabilidades productivas visibles o invisibles? Aquí se presentaba esencialmente un problema de equidad y de identificación de innovaciones tecnológicas adecuadas a la problemática de la mujer. Se trataba de luchar contra la exclusión estructural de las mujeres en cuanto al acceso a la tecnología productiva, la capacitación técnica y el mejoramiento y la diversificación de sus actividades productivas.

    A continuación se mencionan tres de las observaciones y lecciones que el equipo de trabajó derivó de la experiencia acumulada durante el proceso:

    Se observó que el éxito del diagnóstico y de las actividades subsiguientes exigía un cambio de comportamiento, actitudes y concepciones por parte de los técnicos involucrados. "Una condición indispensable es conocer e identificarse con el sujeto (el campesino/la campesina) y con su realidad, su lenguaje, su cultura y sus costumbres". De esta reflexión se desprenden otras relativas a los recursos humanos involucrados en este tipo de análisis. En efecto, es fundamental contar con un equipo pluridisciplinario que por un lado, combine el enfoque de género, el análisis de sistemas de producción y los métodos participativos y por otro, que disponga de la motivación y dedicación necesarias para llevar a cabo un trabajo que refleje efectivamente las condiciones de vida, las lógicas de comportamiento, los valores y las problemáticas de las familias campesinas.

    Los integrantes del equipo observaron igualmente, que la participación efectiva de las personas de la comunidad en el proceso de diagnóstico no sólo ayudó a profundizar el conocimiento de su realidad y reforzar su habilidad para enfrentar su propia problemática, sino que también consintió la asignación de responsabilidades concretas a los miembros de la comunidad.

    Por último, se señaló que el diagnóstico produjo dos efectos colaterales importantes. Por un lado, los talleres con productores contribuyeron a sensibilizarlos sobre el papel de la mujer en las unidades de producción, generando así el reconocimiento de estas como agentes económicos en la comunidad y propiciando cambios de actitudes en hombres y mujeres; y por otro lado, el proceso de diagnostico sirvió para fortalecer las organizaciones comunitarias y el rol de las mujeres en ellas.

    El estudio de caso nicaragüense presenta un gran interés desde el punto de vista metodológico. A pesar de las dificultades enfrentadas durante el proceso y de la presencia de algunas limitaciones, los diagnósticos participativos contribuyeron a que el proyecto orientara sus actividades sobre la base de un conocimiento efectivo, profundo y metódico de la realidad, tanto desde una perspectiva de sistemas de producción como desde una perspectiva de género. De ellos se derivaron, de hecho, las orientaciones concretas seguidas para el desarrollo y la aplicación de modelos técnicos de trabajo con mujeres.

    La bondad de un diagnóstico depende, en gran parte, de la cantidad, el detalle y la pertinencia de la información recolectada, la profundidad y el rigor del análisis agronómico, económico y de género y por último, de la operacionalidad de las recomendaciones y su diferenciación por tipologías de sistemas y de mujeres. Las propuestas deben en efecto, tener en cuenta y preocuparse porque la introducción y el seguimiento de nuevos "modelos" sean realmente funcionales ya que a este nivel se delinean los criterios que pueden servir de base para los indicadores de monitoreo/evaluación de los resultados, los efectos y el impacto de las innovaciones que serán introducidas.

    Los criterios utilizados en la elaboración de las tipologías de sistemas de producción y de mujeres deben ser pocos y simples, empleando al máximo tres variables cruzadas: estratificación social de las explotaciones (tres o cuatro estratos al máximo por ejemplo basándose en la superficie disponible); el tipo de sistema de producción (evitar en la medida de lo posible superar cinco tipos distintos); tipo de mujeres (mujeres solas jefes de hogar y de UPFC o mujeres acompañadas, con varios tipos de perfiles productivos agrícolas, pero evitando un desglose demasiado fino).

    Tener en cuenta estos principios en la elaboración de los diagnósticos contribuye, sin lugar a dudas, a que se preparare con mayor atención la introducción de innovaciones productivas y su monitoreo y evaluación.

    Por otro lado, una clara explicación de la razones que motivan la selección de las innovaciones propuestas, contribuye a justificar la elección de los "modelos" y a que las acciones concretas sean más armónicas con las transformaciones generales en curso de la agricultura y con los roles de género en las comarcas de intervención.

    Las recomendaciones deben tener en cuenta las distintas tipologías de sistemas y subsistemas y las tipologías de mujeres para garantizar la selección de modelos de mejoramiento técnico y de extensión diferentes a los "clásicos", es decir que no ignoren la diversidad y las particularidades existentes, tanto en el área de la reproducción del hogar como en la producción agrícola. Esta sin embargo no siempre es una tarea fácil ya que, por lo general, se encontrarán resistencias tanto en las instituciones como en las comunidades para introducir transformaciones que les implican un cambio de esquema, de metodología y de concepciones, en últimas un cambio de mentalidad.

    Del análisis y de las reflexiones relacionadas con la experiencia de Nicaragua se derivan elementos útiles e idóneos para la proponer unos pasos metodológicos que integren de manera adecuada el análisis sistémico, el enfoque de género y algunos métodos participativos.


    Notas

    1. Cepal, Anuario Estadístico de América Latina y el Caribe, Santiago, Chile 1996.

    2. Galán Beatriz, Aspectos jurídicos en el acceso de la mujer rural a la tierra en Cuba, Honduras, Nicaragua y República Dominicana- Versión preliminar documento FAO, Roma 1997


  • Accesar por FTP: Género y sistemas de producción campesinos (Word 6.0 para Windows, comprimido, 84K)



    Back to Top FAO Homepage