
Junio 1999
En todas las sociedades, el papel que desempeñan los hombres y las mujeres, sus oportunidades de educación, trabajo, desarrollo profesional y finalmente su acceso a los recursos económicos y a la toma de decisiones son diferentes para ambos sexos. Por lo tanto, la participación de unos y otros en el ámbito económico y político es desigual y la apropiación de los beneficios derivados del desarrollo económico y social diversa. En las últimas décadas, las personas dedicadas a defender los derechos de la mujer llamaron la atención sobre estos hechos y la necesidad de tomarlos en cuenta en la formulación de políticas y planes.
Desde 1975, año en el que se llevó a cabo la primera Conferencia Mundial sobre la Mujer en la Ciudad de México, los enfoques con relación a la problemática de la mujer han cambiado considerablemente. Las estrategias iniciales concebían a las mujeres como un grupo homogéneo y las aislaban de las políticas globales, contribuyendo a menudo a acentuar las discriminaciones existentes. Los proyectos dirigidos específicamente a la mujer carecían de fondos y las oficinas especializadas de "Mujer en el Desarrollo" no contaban con los recursos necesarios para influir en la formulación de las políticas. Esta visión se ha transformado hasta llegar a una concepción más amplia que no dedica una atención exclusiva a las preocupaciones de las mujeres, sino que por el contrario, considera tanto a las mujeres como a los hombres y pone énfasis en sus interrelaciones; es decir, en la actualidad existe un enfoque de género que tiene una visión más global de la sociedad en su conjunto.
Esta nueva aproximación considera que las políticas económicas y sociales afectan a las mujeres y a los hombres de manera diferente y que ambos, al igual que sus interrelaciones, influencian el proceso de desarrollo. Esta perspectiva se interesa por los mecanismos que regulan los vínculos entre las mujeres y los hombres y examina el impacto que sobre ellos tienen las políticas y los planes, en función de sus respectivas características socioeconómicas.
En la actualidad existe un mayor reconocimiento por parte de los organismos internacionales y los gobiernos sobre la necesidad de fortalecer a la mujer para lograr un desarrollo sostenible. Si bien es cierto que hoy en día el aporte de la mujer a la sociedad es un poco más visible que hace 25 años, aún queda mucho camino por recorrer. En efecto, la escasez y deficiencia en la información acerca de las diferencias reales entre mujeres y hombres en la vida económica, social, política y cotidiana, con frecuencia ha dado lugar a la formulación y al diseño inadecuados de políticas, planes o proyectos. Tan sólo una producción seria y responsable de estadísticas puede contribuir a resolver estas problemáticas.
Los criterios económicos son la base de las discusiones para la formulación de los planes de desarrollo, mientras que los parámetros sociales y humanos se utilizan particularmente para justificar las decisiones económicas. Durante un ejercicio de planificación no sólo no es fácil poner al mismo nivel los aspectos humanos y económicos, sino que es aún más complejo introducir la problemática de género. Los planificadores pocas veces estiman que estas concepciones sean relevantes y en parte esto obedece al hecho de que ni siquiera cuentan con una información confiable e imparcial sobre la naturaleza y la magnitud de las contribuciones económicas diferenciadas de las mujeres y los hombres.
En un mundo basado en valores completamente económicos el trabajo femenino, con frecuencia no remunerado, no es considerado como productivo. De ésta forma, a pesar de que la mujer rural desempeñe un papel central en la economía de subsistencia y la seguridad alimentaria, su actividad se excluye de los cálculos económicos. En consecuencia las estadísticas agropecuarias tienden a subvalorar y omitir variables indispensables para obtener una visión más real de la actividad del sector y del desarrollo rural. Ello conduce a un profundo desconocimiento de la situación de la economía agraria que a su vez limita las posibilidades de acción.
Hace algunos años la demanda de datos e indicadores específicos con perspectiva de género se limitaba a las personas que defendían los derechos de la mujer y de los grupos menos favorecidos. Ahora, este tipo de información cuenta con una mayor cantidad de usuarios, incluyendo a las instancias de decisión a todos los niveles y en todas las áreas del desarrollo social y económico. En efecto, en actualidad hay una mayor conciencia acerca de la importancia de tener en cuenta los aspectos relativos al género en la formulación de políticas para el desarrollo, lo cual a su vez ha incrementado la necesidad de contar con estadísticas pertinentes. Contemporáneamente, la disponibilidad de datos confiables permitiría justificar cambios y promoverlos y ayudaría a disipar las dudas y el escepticismo con relación a la relevancia de enfoques novedosos, como el enfoque de género.
En síntesis, las estadísticas con perspectiva de género son hoy en día indispensables para:
Los conceptos y métodos propuestos y adoptados por numerosos países para reflejar mejor la realidad han comenzado a dar sus frutos en materia de producción de estadísticas con enfoque de género. En muchas naciones, también se han desarrollado estrategias para mejorar la presentación y divulgación de datos.
Es esencial que las estadísticas con perspectiva de género sean presentadas de forma clara, sencilla y directa ya que no sólo sus usuarios son múltiples y diversos, sino que varios de ellos no son expertos en la materia. Por otro lado, ya que las estadísticas abarcan cuantiosos y diferentes campos y se basan en fuentes distintas, es preciso tener un cuidado particular a la hora de compilar los cuadros, los gráficos y mapas y de preparar las publicaciones.
De este modo, las estadísticas con perspectiva de género no pueden producirse aisladas de los demás sectores estadísticos, al contrario, los sistemas estadísticos deberán incorporar los aspectos de género. Su captación, compilación, análisis y presentación deben formar parte integral del trabajo habitual de las oficinas nacionales responsables de la producción y divulgación de las estadísticas oficiales en todos los campos, sin que ello sea considerado como una carga adicional. De hecho, la producción y el mejoramiento de indicadores con perspectiva de género se debe inscribir dentro de los programas ya existentes de recolección de datos (censos y encuestas efectuadas periódicamente por los institutos nacionales del ramo). Este trabajo debe ser el resultado de una estrecha colaboración con los usuarios y de una mejor utilización de la información y los sistemas estadísticos presentes.
Dentro de este contexto, es fundamental que las personas que generan la información entiendan a fondo el concepto de género para que se puedan llevar a cabo las siguientes etapas relativas a la producción de datos:
Por ejemplo, un problema importante en materia de género es el limitado acceso de la mujer a los factores de producción ya que los prejuicios prevalecientes se materializan con frecuencia, en procedimientos que obstaculizan su acceso a la tierra y al crédito. Asimismo, otras discriminaciones resultantes de los patrones sociales y culturales imperantes son aquellas relacionadas con la repartición desigual de responsabilidades entre mujeres y hombres en la vida familiar, los niveles de educación más bajos de la mujer, etc. Estas situaciones hacen que las mujeres sean más vulnerables a la pobreza, tengan una capacidad de negociación limitada, se encuentren en un peor estado de nutrición, tengan bajos niveles de productividad y una carga de trabajo más pesada, etc.
Hay que investigar en profundidad todas las problemáticas con el fin de dilucidar sus causas y consecuencias y analizar sus interrelaciones. Para enfrentar tales problemas y adoptar medidas apropiadas que permitan solucionarlos, o al menos mitigarlos, los analistas del género, los ejecutivos de alto nivel y los demás usuarios interesados necesitan basar sus análisis en estadísticas e indicadores adecuados y confiables.
La revisión de las fuentes existentes supone el análisis de las definiciones y los conceptos adoptados en los cuestionarios, los catálogos para codificación y los criterios de agrupamiento, para evaluar si reflejan la realidad de la mujer y del hombre en la sociedad. Asimismo, dicho ejercicio exige una profunda evaluación de los métodos de obtención de datos que comprenda, desde el diseño de los cuestionarios y del muestreo hasta la selección y capacitación de los encuestadores.
Por ejemplo, el análisis de la discriminación en el ámbito del empleo - aspecto importante del trabajo de la mujer- requiere una tabulación de datos muy detallada (en general 3 dígitos), para evitar que empleos con diferente remuneración y categoría sean integrados en un gran grupo ocupacional heterogéneo. Si bien, los censos y encuestas sobre fuerza de trabajo suelen proporcionar datos sobre ocupación, a menudo adolecen de problemas de tabulación o se presentan de manera muy agregada. Un análisis correcto puede efectuarse extrayendo la información de los datos originales y agrupándolos de manera diferente. En otros casos, habrá que recolectar nuevos datos, aunque en la mayoría de las ocasiones se pueden subsanar las carencias, añadiendo pocas preguntas a las encuestas existentes.
De cualquier manera, la lógica y dinámica de la investigación conduce siempre a la búsqueda de programas nuevos. En este contexto, la introducción de encuestas sobre la utilización del tiempo, que sólo en pocos países forman parte de la recopilación periódica de información, representaría una excelente innovación para el programa estadístico global.
La compilación, el análisis, la presentación y la divulgación de las estadísticas con perspectiva de género tienen una especial importancia. Esta fase es crucial porque tales datos suelen tocar cuestiones sensibles o delicadas de las que poco se sabe y para las que se requieren nuevas ideas. La presentación adecuada permite una divulgación más amplia tanto entre los usuarios expertos, como en los que no lo son. Igualmente, un análisis correcto y apropiado de las estadísticas disponibles puede evitar que los usuarios introduzcan su propia percepción "sesgada" en materia de género.
Para llegar a todos los grupos de usuarios interesados y satisfacer sus distintas necesidades y sus diferentes niveles de conocimiento, las personas encargadas de la producción de estadísticas también deben preparar productos derivados específicos (libros, manuales, versiones electrónicas, carteles, etc.). Estos productos deben ser objeto de publicidad y de una divulgación orientada hacia el mercado. Los productores, con el apoyo de usuarios previamente identificados, necesitan formular y desarrollar en conjunto las estrategias pertinentes para este fin.
Aunque los generadores de la información y los usuarios deben trabajar juntos a lo largo de todo el proceso de producción, presentación y difusión de las estadísticas con enfoque de género, la responsabilidad de producirlas y presentarlas recae, en definitiva, sobre los primeros, porque son los que reúnen el conocimiento técnico y los instrumentos para responder adecuadamente a las necesidades de los usuarios.
Los productores de estadísticas necesitarán ampliar sus horizontes para visualizar las inquietudes sociales relativas al género, y vincularlas con los aspectos técnicos y metodológicos de la producción estadística. Deberán igualmente esforzarse por entender cuales son los datos y tipos de análisis de mayor interés para los usuarios, aún cuando éstos no estén familiarizados con las estadísticas y no sepan cómo expresar sus necesidades. Por último, dado que todo ello será en beneficio de la sociedad en su conjunto, los generadores de información deberán encontrar el modo de ampliar su audiencia y estimular a los usuarios potenciales de estadísticas con perspectiva de género. Por ejemplo, los folletos deberán tener un diseño atractivo para suscitar el interés de lectores, incluso el de aquellos generalmente hostiles a las estadísticas y al mismo tiempo, así como para generar una demanda de información más refinada. Para esto se requerirá el apoyo de las autoridades del ramo, porque necesariamente tendrán que asignarse mayores recursos humanos y financieros a la realización de tales actividades.
Por su parte, los usuarios necesitarán desarrollar una serie de habilidades básicas para leer e interpretar las estadísticas, comunicarse con los generadores de la información, hacer uso efectivo de dichas herramientas en su trabajo cotidiano y difundir los beneficios obtenidos gracias a éstas. Asimismo, deberán aprender a usar correctamente los datos y a conocer los requisitos de su producción para que entiendan el trabajo de los generadores de estadísticas y formulen demandas razonables.
Existen varios mecanismos efectivos en grado de potenciar la colaboración entre usuarios y productores para mejorar las estadísticas con enfoque de género. Entre ellos se encuentran la organización de talleres para usuarios y productores [1], la inclusión de usuarios y asesores expertos en materia de acopio de datos en todos los comités técnicos y la participación de los generadores de información estadística en los foros que examinan las políticas de desarrollo social y económico.
Las estrategias de divulgación deben desarrollarse en una fase temprana del proceso de producción, con la colaboración de representantes de la audiencia-objetivo. Entre los medios para mejorar la difusión de las estadísticas publicadas se encuentran: seminarios para lanzar el nuevo producto; participación de las instituciones académicas; uso de los medios de comunicación y la inserción de anuncios en televisión, revistas, periódicos, folletos y otros tipos de publicidad; presentaciones en escuelas y universidades y reuniones con funcionarios de alto nivel.
Sin embargo, existen áreas en la producción de datos que aún se tratan de manera parcial y por lo tanto, requieren un progreso ulterior. Los usuarios, en particular aquellos interesados en el desarrollo social no sólo han identificado la ausencia de buenos datos para una serie de temas prioritarios para ellos, como por ejemplo la seguridad alimentaria y la erradicación de la pobreza, sino que también han manifestado un creciente interés por herramientas que permitan evaluar la contribución real de las mujeres y los hombres a la sociedad. Dentro de este contexto cobran especial importancia los siguientes aspectos:
Para mejorar la cobertura de algunos de estos asuntos, los productores de estadísticas y los organismos internacionales especializados han desarrollado nuevos conceptos y han adoptado definiciones y métodos alternativos para la recolección de datos. Ello ha dado lugar a estudios sobre la utilización del tiempo con miras a producir mejor información sobre el trabajo no retribuido de mujeres y hombres, a la revisión del Sistema de Cuentas Nacionales y a una definición más oportuna de la población económicamente activa. Todo esto evidencia la existencia de un compromiso para enriquecer la información sobre estas áreas prioritarias y para incorporar una perspectiva de género en las estadísticas oficiales. Otros temas, como la distribución de los recursos en el seno de los hogares, apenas han empezado a ser objeto de exploración.
El documento de la FAO "Programa del Censo Agropecuario Mundial 2,000" evidencia los aspectos prioritarios que deberán explorarse para conocer los esquemas de producción, identificar a la población involucrada en el proceso productivo e incluir elementos que permitirán hacer análisis con perspectiva de género.
En los últimos años, el enfoque general en materia de desarrollo ha cambiado considerablemente. Se pasó de considerar a la mujer aislada de su contexto social y familiar ('mujeres en el desarrollo') a una visión más global que tiene en cuenta los hombres y las mujeres, así como sus interrelaciones ('género y desarrollo'). De manera concomitante, en materia de estadísticas se han producido modificaciones importantes en las hipótesis de trabajo y en los conceptos con miras a integrar a las mujeres y los hombres, el papel que desempeñan y sus relaciones, así como a eliminar los sesgos y los prejuicios que persisten en las metodologías estadísticas. Hoy en día, se reconoce que la perspectiva de género debe estar presente dentro del sistema estadístico en su globalidad.
Tradicionalmente, las encuestas y censos agrarios se han concentrado más en la producción agrícola y en las grandes explotaciones que en las pequeñas unidades de producción y en los recursos humanos. El asunto más problemático con relación a las estadísticas con perspectiva de género de la agricultura es la cuantificación y valoración del trabajo que desempeña la mujer. La dificultad en la medición reside en que, en general, ellas alternan las actividades productivas con las tareas domésticas, o incluso las realizan simultáneamente sin ni siquiera distinguir un trabajo de otro. Dentro de este contexto, las dos unidades de análisis, es decir los hogares y las explotaciones, están estrechamente relacionados y a menudo se confunden.
El problema de contar con estadísticas para evaluar la contribución de la mujer en el sector agropecuario y su aporte al desarrollo rural no se reduce a la medición de su trabajo. En efecto, si bien ello es esencial, es igualmente fundamental disponer de información apropiada para examinar el acceso de las mujeres y los hombres a los recursos productivos y su disponibilidad de tiempo. En la actualidad, en la recolección periódica de datos se ignoran las relaciones de género sobre aspectos tan importantes de la agricultura como el uso y propiedad de la tierra, el acceso a las fuentes de crédito, acceso a los servicios de capacitación y extensión y al uso de tecnología moderna y otros insumos agrícolas primordiales.
La mayor parte de las dificultades que plantea la recolección de datos se deriva de definiciones y conceptos inadecuados, así como de trabas metodológicas a causa de prejuicios y estereotipos en materia de género. Estos obstáculos podrían superarse mediante una revisión, una adaptación y un mejoramiento de los conceptos y la metodología, a lo largo de todo el proceso de generación de la información: marco conceptual, diseño y contenido del cuestionario, preparación y ejecución del trabajo de campo, codificación y criterios de agrupamiento, presentación de los resultados (cuadros estadísticos o indicadores más sofisticados) y divulgación.
Antes de pasar a examinar el conjunto de esos aspectos conceptuales y metodológicos, es necesario presentar algunas consideraciones relativas al género. De hecho es de central importancia, que los productores de la información estadística y sus usuarios tengan una idea clara del significado, el alcance y las implicaciones de ese concepto.
2. El rol de las mujeres en el desarrollo agrícola, número 8, Mejorar los datos desglosados por sexo de los recursos humanos a partir de los censos agrícolas, FAO .1994. Roma, Anexo B. pag 4