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Tierras y aguas

Las mujeres juegan un papel muy importante en el manejo de las tierras y de los recursos hídricos. En muchos casos son las que recogen, usan y administran el agua en los hogares, así como las que llevan adelante los cultivos de riego y de secano. Es por ésto que las mujeres conocen la calidad y confiabilidad de los recursos hídricos, las restricciones en su uso y los métodos de almacenamiento adecuados.

Las mujeres agricultoras han demostrado que los métodos tradicionales son eficaces en la conservación de la fertilidad de los suelos. Cuando tienen acceso a recursos adecuados, las agricultoras se dedican al barbecho, a la rotación de cultivos, a los intercultivos, a cubrir el terreno con residuos orgánicos, y a muchas otras técnicas de conservación y enriquecimiento de los suelos. Por muchos años, las mujeres rurales han desarrollado técnicas para utilizar en modo eficiente y sostenible los recursos naturales a su alcance. Por estas razones, es necesario que las mujeres desarrollen y aumenten sus capacidades de manejo estratégico de las tierras y las aguas, como también es importante hacerlas participar en la protección y el mantenimiento de los suelos, y los recursos hídricos.

Sin embargo, los procesos actuales están minando la capacidad de la mujer de utilizar y conservar, en modo sostenible, terrenos pobres y recursos hídricos escasos. La privatización, la presión demográfica y la disolución de las formas tradicionales de tenencia de la tierra, han reducido la cantidad y la calidad de terrenos a disposición de las comunidades rurales. Esto obliga, a un número cada vez mayor de personas, a usar tierras marginales, lo que a su vez aumenta la degradación ambiental y las privan de sus medios de subsistencia.

La incertidumbre respecto a la tenencia de la tierra desincentiva el mantenimiento del buen estado de los suelos, en cuanto la gente no tiene derechos permanentes sobre la tierra que trabaja. Si bien en las áreas donde el acceso a la tierra es limitado, la cuestión afecta tanto a los hombres como a las mujeres, a la mujer se le suma otra dificultad: la de tener que mediar sus peticiones a través de los hombres. Hasta para utilizar una pequeña parcela, la mujer tiene que ser autorizada por su marido, o bien tiene que heredarla de su padre o solicitarla a los ancianos de la comunidad. Cuando las mujeres poseen sus propias fincas, éstas son a menudo pequeñas, dispersas, distantes y poco fértiles. En las zonas con un alto porcentaje de divorcios o abandonos, o allí donde la tierra queda en poder del hombre en caso de separación, las mujeres están poco dispuestas a invertir su tiempo y sus recursos en mejorías de los terrenos a largo plazo, como son la construcción de sistemas de irrigación, de drenaje y andenes; la siembra de árboles u otras actividades que mantienen la fertilidad del terreno.

Más importante aún es que, no poseyendo tierras, las mujeres no tienen acceso a los servicios de apoyo a la agricultura, como pueden ser el crédito para la compra de insumos, o la capacitación para el fomento de las tierras, de los recursos hídricos y de las aguas de riego. En muchos casos, las políticas y los programas de recursos hídricos han ido en detrimento de los derechos de las mujeres sobre tierras y aguas, como así también de su uso y aprovechamiento sostenible. Algunas acciones, como las de riego, habitualmente fracasan porque no consideran el desequilibrio existente entre hombres y mujeres en relación al derecho de propiedad, a la división del trabajo y a los ingresos. Aumentando el valor de la tierra, la irrigación produce cambios sociales que frecuentemente favorecen a los hombres. Además, los sistemas de riego favorecen el monocultivo, muchas veces orientado a cultivos comerciales, relegando de ese modo la posibilidad de un sistema agrícola diversificado que sirva de base a una gran variedad de cultivos alimentarios. Por otra parte, como los cultivos comerciales están a menudo controlados por los hombres, las decisiones que reguardan la planificación del riego tienden a no tomar en cuenta la actividad productiva y reproductiva de las mujeres.

Para asegurar un empleo más beneficioso y eficaz de los recursos de tierras y de aguas, que satisfaga la demanda presente y futura de alimentos y de productos agrícolas, las mujeres deben participar en la formulación de políticas y en el planeamiento. Para ésto, las mujeres campesinas necesitan ser parte misma de la planificación y de la ejecución de los programas de manejo de tierras y aguas, con pleno acceso a las inversiones y a las medidas organizativas. Es igualmente importante, el aumento de la participación de la mujer en las actividades de capacitación y extensión, relacionadas con los recursos de los suelos, la planificación del usufructo de la tierra, y la conservación y el fomento de las aguas.

Recursos vegetales

Los recursos genéticos y en particular los recursos genéticos vegetales, se encuentran cada vez más amenazados. Las mujeres rurales de los países en desarrollo, tienen la llave de muchos de los sistemas agrícolas de producción de alimentos, selección de semillas y conservación de la agrobiodiversidad. Muchas veces, las huertas domésticas son usadas como parcelas experimentales donde las mujeres prueban, domestican o diversifican las especies nativas. Una investigación hecha en las huertas de un solo pueblo de Tailandia, trajo a la luz 230 especies de plantas diversas, muchas de ellas rescatadas en un bosque limítrofe antes que éste fuera eliminado.

Las mujeres desempeñan un papel fundamental en el desarrollo de sistemas agrícolas sostenibles, especialmente en el mejoramiento de la productividad agrícola y los pastizales. En el Africa subsahariana, se estima que las mujeres contribuyen entre el 30% y el 80% del trabajo agrícola, según las regiones y la clase económica. En casi todas las zonas de Asia donde crece el arroz, los hombres tradicionalmente desempeñan actividades como la preparación del suelo, el arado, el riego y la nivelación de los campos. Sin embargo, la siembra, el trasplante, la eliminación de malezas y el procesamiento de la cosecha son trabajos que realizan las mujeres.

En América Latina las mujeres tienen un rol fundamental en la cosecha. Censos hechos en Colombia y Perú muestran que las mujeres realizan entre el 25% y el 45% de las tareas en el sector agrícola. En Medio Oriente, el aporte de las mujeres a la cosecha varia considerablemente de país a país, y en muchos casos es consistente. Donde las dificultades han obligado a los hombres a emigrar, las mujeres se han hecho cargo, en modo creciente, de aquellas tareas agrícolas tradicionalmente desempeñadas por los hombres.

No obstante las complejas y variadas responsabilidades que tienen a su cargo en los hogares rurales, las mujeres demuestran un interés especial en los múltiples y variados usos que tienen las plantas. Las mujeres campesinas juegan el papel principal en el mantenimiento de la diversidad de los cultivos y de las valiosas especies de plantas silvestres. A menudo tienen un considerable conocimiento sobre las características, la distribución y los requisitos de emplazamiento de los árboles, arbustos e hierbas nativos. Efectivamente, el conocimiento de las mujeres sobre las plantas para uso alimentario, combustible, terapéutico y artesanal, juega un rol decisivo en la conservación de las diferentes especies y variedades, de acuerdo a la utilidad que tienen para la comunidad. A menudo, las mujeres seleccionan los recursos genéticos vegetales para la alimentación, según sus propiedades nutricionales y terapéuticas, sabor, textura, requisitos de procesamiento, almacenamiento, resistencia a las pestes y enfermedades, y su adaptabilidad a diferentes suelos y condiciones agroclimáticas. No obstante ésto, en vista del muy limitado conocimiento y reconocimiento del papel de la mujer en la producción de semillas; aprovechamiento de cultivos; mejoramiento, protección, conservación y uso sostenible de los recursos genéticos vegetales, las mujeres con frecuencia quedan relegadas en cuanto participantes y beneficiarias de las actividades de desarrollo de producción y protección vegetal.

Es por ésto que es necesaria una mayor información sobre el papel de la mujer en la producción y cuidado de los cultivos, en modo de delinear las actividades de extensión y capacitación que mejor les convenga. Así también, el desarrollo de tecnologías debe ser llevado adelante con la colaboración de las mujeres campesinas, en forma que respondan a sus exigencias y a su conocimiento sobre la conservación y el uso sostenible de cultivos, destinados a usos medicinales, artesanales y otros.

Recursos pecuarios

En todo el mundo, las mujeres juegan un papel central en la cría de animales y/o en el procesamiento de productos pecuarios para el consumo doméstico y comercial. Aún cuando los hombres son los propietarios y los que comercializan el ganado, el peso de la labor doméstica dedicada a los animales recae sobre la mujer. Como los hombres abandonan el medio rural en busca de trabajo, cada vez más las mujeres se hacen cargo de la conducción de la granja familiar, incluyendo la explotación del ganado. Asimismo, como respuesta a la expansión de la demanda de productos ganaderos, tanto en zonas urbanas como en las periferias, la cría de ganado se ha convertido en una fuente de ingresos familiares. Por lo general, son las mujeres y los niños los que se encargan de estas actividades. Además, en la mayor parte de las ciudades del mundo en desarrollo, las mujeres son también vendedoras de alimentos preparados con productos ganaderos.

Sin embargo, la contribución de las mujeres en la producción, procesamiento y mercadeo de los productos pecuarios, es poco valorada. Desafortunadamente los servicios de producción y de capacitación para la producción y sanidad animal son rara vez dirigidos a las mujeres, y como consecuencia no son sensibles a sus necesidades. Dado el rol creciente de las mujeres en todos los eslabones de la cadena productor-consumidor del sector pecuario, es de suma importancia fomentar el acceso de las mujeres a las tecnologías apropiadas, y a la información respecto al manejo de los animales y al procesamiento de los productos pecuarios. Para ello se necesitan tecnologías que ahorren fatiga y que sean eficaces, favorables y provechosas para el ambiente, y que contemplen las necesidades que tiene el consumidor de productos sanos, nutritivos y económicamente accesibles.

Para que ésto se logre, los políticos, los planificadores y todos los que trabajan en el desarrollo deberán adquirir una mejor compresión de las distintas funciones que cumple cada miembro de la familia en las actividades pecuarias, teniendo en cuenta la división del trabajo, el papel que juegan en la toma de decisiones, y los conocimientos y prácticas tradicionales. Esto asegurará que todos los que trabajan en el sector tengan un mejor servicio; que las mujeres, junto con los hombres, participen plenamente en la toma de decisiones respecto a la producción y difusión de tecnologías; y que sean capacitadas en los aspectos técnicos, directivos y organizativos del mejoramiento de la producción y elaboración de los productos ganaderos.

Bosques y árboles

El conocimiento de los recursos forestales que tienen las mujeres, constituye una inmensa base de datos sobre especies que a los científicos les resulta difícil catalogar. Por ejemplo en India, las mujeres de algunas tribus conocen el uso medicinal de alrededor de 300 especies forestales.

Las mujeres rurales son las que se ocupan de los bosques y los utilizan. Ellas son las principales recolectoras de forraje y leña, son las que buscan frutos y frutas secas para alimentar a sus familias, y emplean cortezas, raíces y hierbas como medicinas. Toda esta actividad de recolección es fundamental para los ingresos y la alimentación de la familia. Los productos forestales que las mujeres recogen son un suplemento importante de la dieta familiar. Mucho de ellos son procesados o comercializados, lo que proporciona ingresos en efectivo adicionales. En épocas de carestía y escasez, las mujeres recogen alimentos que no hubieran sido consumidos en circunstancias menos restrictivas, pero que resultan cruciales para la supervivencia de la familia en períodos de crisis. Más allá de los beneficios inmediatos que proporcionan las plantas alimenticias y medicinales, sea las consumidas por la familia que aquellas comercializadas, el tener un fácil acceso a los productos forestales y a la leña en particular, deja a las mujeres tiempo para otras actividades.

Las mujeres desempeñan un rol clave en la agrosilvicultura (un sistema agrícola que combina árboles, cultivos y/o producción ganadera), y en la administración de cuencas hidrográficas, donde la conservación de la cobertura vegetal y otras medidas que limitan la erosión de los suelos, ayudan a reducir el riesgo de inundaciones y obstrucción con sedimentos de los embalses y cursos de aguas. Las mujeres también contribuyen al mejoramiento y a la repoblación forestal asegurando así la proliferación de especies arbóreas útiles, como también la protección y conservación forestal. Esto a su vez permite la conservación de muchas variedades de animales y plantas que dependen de los bosques para su supervivencia, y mejora la salud y el mantenimiento del ecosistema forestal.

Los bosques muchas veces representan una fuente importante de empleo para las mujeres. En todo el mundo en desarrollo, las mujeres constituyen una buena parte de la fuerza de trabajo en las industrias forestales, trabajando en los viveros, las plantaciones, el transporte de troncos y el procesamiento de la madera. A pesar que las mujeres rurales contribuyen en modo substancial a la recolección, procesamiento industrial y comercialización forestal, su papel no es plenamente reconocido y documentado, sus salarios no son equiparados a los de los hombres, y las condiciones de trabajo dejan que desear.

En muchos países, vastas áreas de bosques comunales han sido privatizadas, y destinadas a la agricultura y silvicultura comercial, dando como resultado una deforestación generalizada y un menor acceso de la población a los recursos madereros. Debido a ésto, las mujeres tienen que consumir más tiempo en juntar leña y otros productos forestales, lo que aumenta su carga de trabajo. Por otra parte, los hombres encuentran más empleo en los centros urbanos y ciudades, y por consiguiente las mujeres tienen que hacerse cargo de trabajos tradicionalmente masculinos. Esto les deja poco tiempo para las prolongadas actividades de recolección y procesamiento de los productos forestales, a pesar de la importancia que éstos puedan tener para la economía familiar.

El uso sostenible de los recursos forestales requiere la participación de toda la población rural, mujeres incluidas. A pesar de ésto, muchos programas forestales no toman suficientemente en cuenta las necesidades forestales de las mujeres, que muchas veces difieren de aquellas de los hombres. Las mujeres no tienen igual acceso que los hombres a la información forestal, capacitación, educación e investigación, mientras que los que delinean políticas y los planificadores carecen de datos adecuados, de informaciones y de metodologías que respondan a las necesidades específicas de las mujeres. Como consecuencia de ésto, la capacidad nacional de desarrollo, conservación, fomento, y protección de los bosques y del ecosistema forestal resulta limitada.

Pesca

En 1986 se instituyó el Grupo Central sobre la Mujer en la Pesca con el propósito de servir como punto de referencia sobre el tema dentro la FAO. El Grupo Central constituye un importante catalizador en garantizar que a todo nivel, en el sector Pesca, los profesionales aprecien los aportes imprescindibles y constantes de la mujer. Además, el Grupo Central proporciona a estos profesionales los instrumentos directivos y operacionales, y la metodología que permitan fortificar la participación de la mujer en el sector pesquero.

El aporte de las mujeres a la pesca es esencial. En muchas regiones, las mujeres trabajan directamente en la producción pesquera, ya sea pescando desde la costa que desde pequeñas embarcaciones o canoas, o bien trabajan como tripulantes en los barcos. En muchas comunidades, las mujeres juegan un papel destacado, por no decir exclusivo, en el tejido y/o remiendo de las redes. Allí donde se practica la acuicultura, la participación de las mujeres a la cría y captura de los peces es enorme.

En muchas comunidades pesqueras, las mujeres son preponderantes en la manipulación, conservación y elaboración de los productos pesqueros. Las actividades posteriores a la captura que desenvuelven son muchas. Ella ayudan a descargar los barcos y a vaciar las redes, y se ocupan también del procesamiento: secado al sol, salazón, ahumado, y preparación de pasta y pasteles de pescado. Las actividades relacionadas con estos procedimientos, como son las de acarrear agua, sal y leña para los hornos de ahumado, consumen mucho tiempo y son muy cansadoras. Como resultado de tecnologías ineficaces, y de métodos y servicios de almacenamiento ineficaces e insuficientes, las pérdidas posteriores a la captura son muy altas. Mejorar los equipos y métodos de almacenamiento puede significar un aumento de la cantidad de pescado disponible para el consumo doméstico y la venta, sin necesidad de incrementar la captura.

En muchas regiones, las mujeres tienen el rol primario y a veces la responsabilidad exclusiva de comercializar los productos pesqueros. Dado que los ingresos de la venta del pescado fresco o ahumado representan una parte importante de todo el ingreso familiar, la eficiencia y eficacia de la comercialización, son cruciales para el nivel de vida y de nutrición de la familia. Esto es particularmente cierto allí donde son las mujeres a controlar el ingreso, porque están más dispuestas que los hombres, a dedicar esos recursos a comprar otros tipos de alimentos y suministros domésticos básicos.

Aunque en general las mujeres se limitan a la pesca en pequeña escala y a nivel familiar, en algunos países están empleadas como trabajadoras asalariadas, en el procesamiento en gran escala del pescado. Además, en algunas regiones del mundo en desarrollo, las mujeres son poderosas empresarias pesqueras que ganan, manejan y controlan cantidades relevantes de dinero, y financian diferentes iniciativas pesqueras.

En las últimas décadas, los esfuerzos puestos en las actividades de desarrollo han demostrado que incrementos substanciales de productividad en la pesca y el uso sostenible de los recursos pesqueros, pueden ser obtenidos con el reconocimiento del rol esencial que tienen las mujeres. No obstante ésto, las mujeres que practican la pesca tienen escaso acceso a los recursos materiales y al capital, a la toma de decisiones y a posiciones de liderazgo, y a la capacitación y educación formal, con las cuales podrían mejorar la eficiencia, la rentabilidad y sostenibilidad de sus actividades. Por otra parte, aunque la introducción de proyectos de desarrollo pesqueros en gran escala, la mecanización y la tecnología mejorada pueden incrementar la producción, también pueden aumentar la carga de trabajo de las mujeres sin incrementar su remuneración, o bien, pueden privarlas de las formas tradicionales de empleo y de ingresos. Efectivamente, suele suceder que cuando una actividad pesquera se realiza a gran escala y se mecaniza, es tomada por los hombres.

Para superar estas limitaciones, es necesario asegurar que las mujeres participen en condiciones de igualdad, y en modo productivo e independiente, en aquellas actividades pesqueras orientadas a mejorar la alimentación, y el nivel de vida propio y de sus familiares. A las mujeres se les debe brindar la oportunidad de adquirir tecnologías apropiadas, que les permitan contribuir en la forma más apropiada a un desarrollo y crecimiento sostenible. Como la experiencia ha demostrado, los beneficios de los programas y de los proyectos dirigidos a los hombres raramente han sido provechosos para las mujeres, y a veces hasta han empeorado su situación. Por estas razones, en las iniciativas de desarrollo pesquero es imprescindible intensificar la participación de la mujer en la toma de decisiones.

Estrategias y acciones de la FAO

La FAO promoverà y mejorará la recopilación, análisis, divulgación y aplicación generalizada de datos e informaciones sobre el papel de la mujer en relación a los recursos naturales. FAO también trata de aumentar la participación de la mujer rural en la producción y divulgación de tecnologías, en la toma de decisiones, a todos los niveles, y en las actividades de capacitación sobre el uso sostenible de los recursos naturales. Asimismo, FAO actua para identificar, documentar y remover los obstáculos que encuentran las mujeres para conseguir iguales oportunidades de empleo y retribuciones equitativas en las industrias del sector.

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