|
Revitalizar
las zonas rurales: el principio del fin de la pobreza
Una imagen vale más que mil palabras pensé
mientras buscaba las mil palabras que me concede esta tribuna para
abordar asuntos tan complejos como la pobreza y el desarrollo rural.
Si pudiese fotografiar a la pobreza, la imagen que obtendría
sería la de una familia de campesinos sin tierra. Son ellos,
hombres y mujeres, los más pobres entre los pobres del mundo.
Les siguen en esta triste clasificación aquellos que poseen
parcelas tan pequeñas y exhaustas que no consiguen darles
de comer. El valor de esta imagen reside en su claro mensaje: la
tierra -o para ser más precisos, la falta de tierra- es una
de las causas principales de hambre y pobreza en el mundo.
Cuesta creer que en el siglo XXI aún haya millones de hogares
que viven en la miseria por falta de acceso al recurso productivo
más básico, que es la tierra. Las razones de esta
sinrazón tienen que ver con el valor que la tierra ha tenido
a lo largo de los siglos.
La tierra es, ha sido y será un activo económico esencial
en las sociedades rurales, pero su valor monetario no es el único
ni el más importante para muchos millones de personas. Para
los pueblos indígenas es la base de su identidad, es su casa
y la de sus antepasados, su farmacia, su lugar de trabajo y de ocio.
En la mayoría de las sociedades la tierra significa poder,
estatus, pertenencia a una clase social. Y para muchas mujeres es
la base de su autonomía.
La tierra significa, en definitiva, pertenencia a un lugar, a una
cultura. Por eso, cuando hablamos de hombres y mujeres sin tierra,
hablamos de personas sin pasado, sin presente y sin futuro.
Algunas de las reformas agrarias llevadas a cabo en los últimos
años han intentado ofrecer soluciones a estos problemas,
con mayor o menor éxito, pero estamos lejos de haber resuelto
la cuestión agraria. Nuevos desafíos mundiales como
la globalización del comercio, el éxodo masivo hacia
las ciudades, la degradación del medio ambiente o los conflictos
civiles (causados en muchos casos por la falta de acceso y control
de los recursos naturales), demandan respuestas urgentes a nivel
global.
Quedan apenas diez años para alcanzar la meta fijada por
la comunidad internacional en los Objetivos de Desarrollo del Milenio
de reducir a la mitad el porcentaje de personas que padecen hambre
en el mundo. Sólo un renovado compromiso mundial en favor
del desarrollo de las zonas rurales pobres permitirá romper
el círculo vicioso de pobreza y hambre en el que viven más
de ochocientos cuarenta millones de personas en el mundo.
La FAO, con el apoyo del Gobierno de Brasil, ha decidido tomar el
liderazgo en este proceso y celebrar una Conferencia Internacional
sobre Reforma Agraria y Desarrollo Rural (CIRADR), que se celebrará
entre los días 7 y 10 de marzo en Porto Alegre, Brasil.
Los objetivos principales de esta Conferencia son: conocimiento,
diálogo y acción. Se pretende por un lado, promover
el intercambio de conocimiento, de experiencias, de logros obtenidos
y de dificultades encontradas en los varios procesos de reforma
agraria llevados a cabo en diversos países de todos los continentes.
En definitiva, se trata de llenar de contenidos renovados conceptos
malditos como el de reforma agraria y poder reflexionar
juntos sobre el futuro del desarrollo rural. Por otro lado, esta
Conferencia busca resultados concretos que se materialicen en alianzas
para la acción.
Una de las principales enseñanzas recogidas en la historia
de las reformas agrarias en el mundo es que los procesos que no
son participativos, que no escuchan la voz de todos los que tienen
algo que decir en un asunto crucial como es el desarrollo territorial,
terminan fallando. Por eso, la FAO ha querido que esta Conferencia
estuviese abierta a la participación de todos. Desde hace
meses está en marcha un amplio proceso consultivo entre asociados
de gobierno y organizaciones de la sociedad civil para seleccionar
los que serán los principales temas a ser debatidos en la
Conferencia.
La lista de asuntos a tratar es tan larga como sustanciosa: cómo
combinar la justicia social con el desarrollo sostenible; cómo
legislar las necesidades específicas de grupos nómadas
y sedentarios; cuál es el papel del Estado y del mercado
en los procesos de reforma agraria; la promoción de energías
verdes como la bioenergía para revitalizar las economías
rurales; cómo mejorar las condiciones de trabajo de los trabajadores
temporeros o cómo reconocer el papel fundamental que juegan
las mujeres en la agricultura y la conservación de los recursos
naturales.
En Porto Alegre, la discusión se organizará en torno
a grupos temáticos, a partir de documentos y estudios de
caso. La Conferencia concluirá con una Declaración
y un Plan de acción. Un Panel de Observadores Internacionales
vigilará los avances en las normativas nacionales e internacionales
en el cumplimiento de dicho Plan de Acción, mediante un sistema
de indicadores y directrices de acción voluntaria.
La elección de Brasil como país anfitrión de
esta Conferencia no es de ningún modo accidental. Hace exactamente
60 años, Josué de Castro, eminente científico
y político brasileño, publicaba "La geografía
del hambre", un tratado extraordinario sobre las causas del
hambre en su país y en el mundo. Sus palabras, traducidas
en más de 25 idiomas, son hoy más actuales que nunca:
"En realidad, el subdesarrollo no es la ausencia de desarrollo
sino la consecuencia de un modelo universal de desarrollo equivocado.
El subdesarrollo es el producto de una mala utilización de
los recursos naturales y humanos...Sólo a través de
una estrategia global de desarrollo, capaz de movilizar a todos
los factores de producción en favor de la colectividad podremos
eliminar el subdesarrollo y el hambre de la faz de la tierra".
A su memoria.
febrero de 2006
Publicado en Asharq Alawsat (Arabia Saudita), El Universal (México), IPS, La Razón (España), L´Unità (Italia), La Prensa Gráfica (El Salvador), Reforma (México), Revista Temas (España), Tierramérica (América Latina) entre otros diarios
|