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Artículos de opinión del Director General

Ayuda alimentaria y seguridad alimentaria

Cada año se distribuyen en el mundo alrededor de 10&nbsp:millones de toneladas de ayuda alimentaria a 200 millones de personas, con un coste estimado en cerca de 2 000 millones de dólares. Pero este enorme esfuerzo internacional, ¿es lo que realmente necesitan las personas más vulnerables del planeta?, ¿puede de hecho esta ayuda ser más perjudicial que beneficiosa?

Es necesario hacerse estas preguntas, en parte porque desde principios de los años 90 la cifra de víctimas del hambre en los países en desarrollo ha permanecido prácticamente invariable, en unos 820 millones de personas. En este período, el número de emergencias alimentarias se ha doblado desde 15 a cerca de 30 cada año. La ayuda alimentaria de emergencia supone hoy entre la mitad y tres cuartos del total de este tipo de ayuda, con 39 países en la lista de beneficiarios en 2006.

Si bien hay que admitir que la ayuda alimentaria ha salvado millones de vidas, también es criticada por responder generalmente a los intereses de los países donantes. Se le acusa de crear dependencia entre los receptores, de desincentivar la producción agrícola en los países beneficiarios y de distorsionar el comercio. Sin embargo, tampoco está del todo claro el papel de la ayuda alimentaria a la hora de combatir el hambre crónica y de favorecer una recuperación duradera.

Si bien la evidencia empírica a favor de estas acusaciones puede resultar escasa, existen datos que apuntan a la existencia de una serie de problemas graves:

- Un tercio del total de los recursos destinados a la ayuda alimentaria –unos 600 millones de dólares- se desperdicia, ya que el procesado de los alimentos y el transporte lo realizan empresas de los países donantes, cuyos precios generalmente son más elevados.

- La ayuda alimentaria puede desestabilizar los precios en los países beneficiarios y afectar a los productores agrícolas y comerciantes locales, los grupos de los que depende en realidad la seguridad alimentaria de la población. Un tema relacionado es que las entregas de ayuda alimentaria pueden desplazar las exportaciones comerciales – un punto contencioso en las actualmente bloqueadas negociaciones comerciales multilaterales de la Ronda de Doha.

- A pesar de las mejoras recientes, los gobiernos y las organizaciones no gubernamentales ponen a la venta cerca de una cuarta parte de toda la ayuda alimentaria en los mercados locales con el fin de recaudar fondos. Esta práctica hace difícil garantizar que los alimentos lleguen a quienes realmente más lo necesitan, y puede además desestabilizar los mercados locales.

Tenemos que preservar el papel eminentemente humanitario de la ayuda alimentaria al tiempo que se minimizan sus consecuencias perjudiciales. Conseguir este doble objetivo requiere insistir en una correcta gestión de las ayudas, combinada con una serie de reformas para evitar los daños colaterales al desarrollo y el comercio internacionales.

También es vital identificar correctamente a los beneficiarios e intervenir en el momento adecuado.

El Programa Mundial de Alimentos de la ONU (PMA), que gestiona cerca de la mitad de la ayuda alimentaria en todo el mundo, ha realizado un gran esfuerzo para mejorar la adquisición, distribución y control de la ayuda alimentaria en años recientes, en cooperación con la FAO y otras organizaciones.

Pero todavía queda mucho por hacer:

- Un primer paso obvio sería poner fin a la práctica habitual de vincular la ayuda alimentaria a una serie de condiciones previas, como son su adquisición, procesado y transporte a cargo de los países donantes. Cerca del 90 por ciento de todos los recursos de ayuda alimentaria tienen algún tipo de vinculación.

- Otra mejora significativa sería proporcionar ayuda alimentaria, cuando fuera posible, en forma de dinero en efectivo o cupones para alimentos, para limitar el impacto en los productores y los mercados en los países receptores y evitar las distorsiones al comercio agrícola internacional.

- Otra ventaja añadida de la ayuda en dinero es que permite adquirir alimentos a nivel local o en los países vecinos, con lo que se estimula la producción local y se fortalecen los sistemas alimentarios locales y los beneficiarios en una forma que la ayuda alimentaria tradicional no es capaz de lograr. Tan solo el 15 por ciento de la ayuda alimentaria se compró en los mercados locales o regionales en 2005, aunque no es siempre posible comprar a nivel local ya que ello puede llevar a un aumento de los precios al consumidor.

- Por último, hay que realizar un gran esfuerzo para mejorar los sistemas de información, de análisis de la seguridad alimentaria y de control, con el fin de asegurar que intervenciones apropiadas y oportunas minimicen las consecuencias negativas. En caso de crisis repetidas y cuando el hambre es crónica, donantes y receptores pueden quedar atrapados en la “trampa de la ayuda”, en la que se descuidan las estrategias de desarrollo a largo plazo.

La comunidad internacional necesita ser creativa a la hora de realizar las reformas necesarias. La ayuda alimentaria es utilizada con demasiada frecuencia como una respuesta por defecto por parte de los países donantes, ya que se trata del único recurso disponible y no porque sea la mejor solución al problema. Sin embargo, debería ser vista como una opción más dentro de un amplio rango de medidas de protección social que garanticen a la gente necesitada el acceso a los alimentos y ayuden a las familias a afrontar las crisis.

Realmente ninguna persona consciente puede negarse al imperativo moral de ayudar a las personas que no pueden alimentarse a sí mismas. Pero la ayuda alimentaria por si sola nunca es suficiente para combatir las verdaderas causas del hambre y la desnutrición. Estas causas van desde el inadecuado control del agua y la falta de infraestructuras agrícolas a la baja productividad agrícola y de la mano de obra, incluyendo la falta de acceso al crédito u otras formas de discriminación. Estos problemas básicos tienen que ser resueltos a la brevedad posible si el mundo quiere alcanzar la meta fijada por la Cumbre Mundial sobre la Alimentación y el primer Objetivo de Desarrollo del Milenio: reducir a la mitad el hambre y la pobreza extremas para el año 2015.

enero de 2007


Publicado en La Vanguardia (España)

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