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La reforma de la
ONU -- Las agencias especializadas también deben cambiar
La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y
la Alimentación (FAO) celebrará el próximo octubre su 60 aniversario.
Se fundó en 1945 con el objetivo de liberar a la humanidad del hambre.
Aunque el mundo cuenta hoy con alimentos en abundancia y el sector
privado tiene capacidad para transportarlos y distribuirlos de forma
eficaz en un mercado mundial cada vez más liberalizado, hay todavía
852 millones de personas desnutridas, la mayoría en países
en desarrollo. Uno de cada siete seres humanos se enfrenta aún a
la perspectiva de una existencia marcada dramáticamente desde el
día en que viene al mundo por la falta de comida.
Se pide al sector agrícola que produzca más y más cereales, carne
y pescado para satisfacer la creciente demanda de una población
mundial en aumento y que pasará de los 6 000 millones
de personas actuales a 9 000 millones en los próximos
30 años. Y se le pide que lo haga a través de un uso sostenible
de los recursos naturales, conservando intactos la tierra, el agua,
los bosques y los océanos en vista de las necesidades de generaciones
futuras.
Está claro que, siendo una de las más antiguas agencias especializadas
de la ONU, la FAO necesita afrontar con decisión la situación por
la que atraviesa todo el sistema de Naciones Unidas, al que se le
pide con insistencia una profunda reforma. Junto a otros organismos
de la ONU, la FAO debe recortar sus costes operativos, acelerar
su capacidad de respuesta, evitar la duplicación, abandonar actividades
que otros pueden hacer mejor y centrarse en aquellas áreas en las
que todos le reconocen una ventaja comparativa.
Por todo ello, la FAO está dando pasos hacia un proceso de reforma
de gran envergadura. Si encuentra el apoyo de los países miembros
en la reunión bianual que tendrá lugar el próximo noviembre, la
reforma nos permitirá adaptarnos a los cambios veloces que experimenta
el mundo de la cooperación al desarrollo. Así se podrá responder
mejor a las expectativas tanto de los países industrializados como
de aquellos en desarrollo.
La necesidad de cambio es ahora más fuerte que nunca para una organización
internacional que ofrece a los gobiernos un foro neutral para negociar
acuerdos en cuestiones de agricultura y alimentación a nivel mundial.
Uno de nuestros principales esfuerzos es proteger a los consumidores
ayudando a los países miembros a aplicar las normas alimentarias
establecidas en cooperación con la Organización Mundial de la Salud
(OMS). El comercio internacional de productos agrícolas se apoya
cada vez más en estas normas, que aseguran que las legislaciones
nacionales no se conviertan en barreras técnicas para acceder a
los mercados.
Además, existe un motivo apremiante para fortalecer la capacidad
operativa de la FAO: ayudar a los países miembros a cumplir con
los Objetivos de Desarrollo del Milenio, en especial el de reducir
a la mitad el número de personas hambrientas en el mundo para el
año 2015.
La FAO está revisando sus prioridades y se reorganizará para mejorar
su capacidad de afrontar problemas mundiales de enorme trascendencia
para los campesinos: cuestiones como las plagas migratorias -la
langosta del desierto, los pájaros quelea o el gusano ejército-,
que se desplazan sin tener en cuenta las fronteras, arrasando los
cultivos que encuentran a su paso y dejando a millones de desventurados
campesinos sin reservas de alimentos ni medios de subsistencia.
Cada año la economía mundial pierde miles de millones de dólares
debido a las enfermedades de las plantas y del ganado, muchas de
las cuales se pueden prevenir a un coste relativamente bajo.
Las cada vez más frecuentes emergencias humanitarias demuestran
la importancia de coordinar una eficaz respuesta internacional ante
las sequías e inundaciones cíclicas, los huracanes o los tsunamis.
Los países afectados se vuelven hacia la FAO en busca de ayuda rehabilitar
una producción agrícola que pueda volver a generar empleo e ingresos.
Existe una profunda preocupación en la opinión pública ante las
consecuencias catastróficas potenciales de enfermedades como la
gripe aviar, que ya ha provocado la muerte de 60 personas y
el sacrificio de 140 millones de pollos.
La FAO también desea reformar e incrementar sus actividades de formación
y fortalecimiento institucional. Para ello no utilizará solo el
apoyo habitual de los países del Norte, sino que ampliará su programa
de cooperación Sur-Sur, aprovechando la gran cantidad de conocimientos
en los aspectos técnicos y socio-económicos de la agricultura que
existen ahora en los países en desarrollo.
Los cambios nunca son fáciles, pero es esencial que la FAO continúe
desarrollando su labor, dentro de un sistema reformado de Naciones
Unidas y con un coste razonable, de asegurarse que la humanidad
esté libre del azote del hambre.
septiembre de 2005
Publicado en ABC (España) y Dallas Morning News
(Estados Unidos) entre otros diarios
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