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CUMBRE MUNDIAL SOBRE LA ALIMENTACIÓN: CINCO AÑOS DESPUÉS
Declaración de clausura del Director General
Roma, 13 de junio de 2002
Excelentísimos señoras y señores:
Deseo, antes que nada, agradecerles a todos ustedes que han venido en tan gran número y con tanta motivación, en esta ocasión.
A pesar de sus grandes responsabilidades, han encontrado ustedes tiempo para participar en esta reunión con el fin de ayudar a 800 millones de personas de todo el mundo a recuperar la esperanza en un futuro mejor. Han sido muy numerosos los Jefes de Estado y de Gobierno, Viceprimeros Ministros y Ministros y Representantes de los distintos Estados, que han venido para trabajar aquí juntos, en el espíritu de solidaridad y universalidad que caracteriza a la familia de las Naciones Unidas. Esto confirma que los esfuerzos que hemos desplegado para preparar esta Cumbre no han sido vanos. Quisiera aprovechar esta ocasión para agradecer muy calurosamente al personal de la FAO, a todos los niveles, por la calidad y eficacia del trabajo realizado para asegurar el éxito de esta Cumbre.
Estos cuatro últimos días han sido para todos nosotros una etapa importante hacia nuestro objetivo común: erradicar el hambre en un mundo del que tenía que haber desaparecido hace mucho tiempo. No se ha hecho hasta ahora lo que debería hacerse para poder alcanzar el objetivo de la Cumbre de 1996: reducir a la mitad de aquí a 2015 el número de personas que padecen hambre. Las personas hambrientas son hoy prácticamente tan numerosas como hace cinco años. Esta sombría realidad nos indujo a convocar la Cumbre Mundial sobre la Alimentación: cinco años después.
Hoy la presencia de ustedes aquí, su dedicación y compromiso, son otras tantas pruebas de que, además de los compromisos internacionales, cada país adoptará medidas concretas para poner en práctica las acciones señaladas en la Declaración que acaban ustedes de aprobar.
En el momento en que se concluye esta Cumbre, tengo el sumo placer de anunciar que 53 Estados y la Comunidad Europea han aprovechado la presencia en Roma de sus delegaciones para firmar el Tratado Internacional sobre los Recursos Filogenéticos para la Alimentación y la Agricultura que fue aprobado por la Conferencia de la FAO en noviembre de 2001, y que ha sido ratificado además por siete Estados. Reitero pues, aquí, mi llamamiento para que todos los Gobiernos lo firmen y adopten cuanto antes las disposiciones necesarias para su ratificación.
Han llegado ustedes a un amplio consenso sobre las medidas que han de adoptarse para acelerar el proceso de reducción del hambre. Se han comprometido ustedes públicamente, ante el mundo entero, a reforzar la voluntad política y las acciones necesarias para alcanzar nuestro objetivo común.
Sabemos que la eliminación del hambre no sólo es un imperativo moral, sino que toda inversión en la reducción de su incidencia no podrá sino beneficiar a un mundo cada vez más interdependiente. Interesa a todos, ricos y pobres, hacer todo lo posible, y rápidamente, para instaurar un mundo más equitativo, eliminar el hambre crónica y sus estigmas, la desesperación y la resignación.
Emprendamos desde ahora esta carrera contra el tiempo para poner en práctica nuestros compromisos, para demostrar que, unidos, ganaremos la guerra contra el hambre y la pobreza, contra el escepticismo y el egoísmo.
Muchas gracias.
Regreso a la página de los discursos de 2002
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